"Georgi" Brown: el primer ídolo del fútbol argentino, mucho antes que Maradona y Messi
Hace un tiempo escribí en esta misma columna de MDZ sobre la atrapante historia de Jorge Newbery, el primer ídolo popular argentino, en donde pormenorizaba sobre todos los deportes en que se había destacado siendo reconocido por la crítica especializada y los fanáticos como el mejor atleta de cada disciplina que practicó. Su muerte joven, y ante la vista pública, cuando cayó su avión en medio de una exhibición aeronáutica agigantaron su leyenda.
Por ese entonces sintetizaba: “Newbery fue considerado ‘el sportman argentino’, o sea el primer ídolo del deporte moderno nacional. Con una salvedad, Jorge Newbery fue el mejor deportista argentino en nueve de los diez deportes que practicó: box, rugby, remo, natación, lucha, béisbol, esgrima, automovilismo y vuelo en globo. Pero como el mismo Newbery sostuvo: ‘Imposible competir con mi amigo futbolista Jorge Gibson Brown, sus hermanos, su primo John y el invencible Alumni Fútbol Club”. Así presentado “Georgi” Brown, nada menos que por Newbery, pasaremos rápido al juego.
Jorge Gibson Brown nació el 3 de abril de 1880 en un pueblo llamado Altamirano (Brandsen) de la Provincia de Buenos Aires cuyo origen se remontará a la llegada del Ferrocarril del Sud en 1865 y la posterior donación de terrenos por parte del vecino Pedro Altamirano.
El pueblo de Altamirano empezó siendo una pequeña casilla que al tiempito atrajo el servicio de mensajería y una posta de carruajes. La pequeña estación se conectará por entonces con el ramal que unirá Ranchos, Chascomús y Jeppener. Estas estaciones serán la conexión con los poblados interiores bonaerenses. Así por añadidura empezarán a surgir nuevos asentamientos productivos y del estado nacional. A los arreos de vacas que llegaban se agregó el matadero, una grasería y un saladero. Obviamente, luego una escuelita, la estafeta del correo, la comisaria, una capilla, una pulpería con ramos generales, alguna talabartería y herrería, un almacén y en el medio de la pequeña plaza una canchita de fútbol. Nada nuevo. Es la historia del crecimiento demográfico del país: el tren, los pueblitos, la escuela, el trabajo, los caminos, el potrero y la pelota. ¿Para qué más? Después vendrá lo que uno quiera. Y Jorge “Georgi” Brown quiso más.
La mano de Dios
“The club opened its season on thursday last by a spirited contest”, sostenía en inglés “The Standard” en 1867. “El club abrió su temporada el pasado jueves con un animado concurso”, era una invitación formal de los hermanos Thomas y James Hogg para continuar sumándose a lo que ellos habían registrado en su crónica, nada más ni nada menos, que el primer partido de fútbol en Argentina, un 20 de junio de 1867 cuando se enfrentaron el histórico Buenos Ayres Crickets Club y el recientemente fundado para la ocasión un mes atrás: Buenos Ayres Football Club, primer club de fútbol argentino.
Los jugadores con “gorras rojas” conducidos por los hermanos Hogg cayeron por 4 a 0 a ante los “gorras blancas” y sus “players”: Heald, Best, Smith, Barge “and company”. El juego se realizó entre las 12.30 y las 14.30. Y ya la pelota no pararía más.
Tardará un tiempo para que el fútbol se popularice, pero el ferrocarril ayudará a que los criollos también se entusiasmen con el nuevo juego de la pelota. El tren llegaba a todas partes y con ellos el fútbol. Será el caso de Rosario, Santa Fe, Córdoba o Mendoza cuando Héctor Mackern trajo la primera pelota de fútbol a la provincia cuyana en setiembre de 1901 como empleado del Ferrocarril Gran Oeste Argentino y así comenzar las prácticas formales del fútbol junto a los empleados ferroviarios y los trabajadores del Banco de Londres.
Mientras tanto en Buenos Aires el profesor escoses Alexander Watson Hutton había llegado al país y tras haber fundado un equipo en el Colegio Saint Andrew's, se mudará a otra institución: el English High School Athletic Club, que será la base del futuro multicampeón “Alumni” donde lucirá “Georgi” Brown.
Jorge Brown: “un todo terreno”
El derrotero ferroviario de la familia Brown hizo que su padre fuera trasladado de Altamirano al barrio de Constitución. Y con ellos la pelota.
Caso curioso el de Jorge Brown; jugó en todos los puestos de campo y cuando su equipo se disolvió solo jugaba con la selección nacional de la cual fue goleador y capitán. Con Alumni fue campeón nueve veces entre 1901 y 1912, sin contar aquel torneo de 1900 cuando todavía figuraban como English High Scholl Athletic Club. Había iniciado su carrera en el “Palermo Fútbol”. Llegó a jugar con sus siete hermanos en “Alumni”: Carlos, Carr, Ernesto, Alejandro, Alfredo, Eliseo y Juan Domingo. Hasta ese entonces había disputado 252 partidos convirtiendo 155 goles.
Un amigo personal de Jorge Brown fue “el vasco” José María Buruca Laforia, arquero, nacido en Atalaya (Badajoz). Fue el primer gran arquero argentino (aunque hubiera nacido en España) iniciando el camino de Carrizo, Fillol y Gatti. Las crónicas de diario La Nación lo definían como un “goalkeeper” petiso, “gran salidor, arrojado y temerario”, muy ágil y que jugaba con chambergo. Junto a Jorge Brown fueron compañeros de aquella Selección argentina que jugó el primer partido oficial en su historia. Fue un 20 de julio de 1902 con triunfo 6 a 0 sobre Uruguay realizado en el estadio del Albión F. C. de Montevideo ante 8.000 espectadores. La primara selección argentina de todos los tiempos formó con José “el vasco” Laforia, William Leslie, Walter Buchanan, Eduardo Duggan, Carlos Buchanan, Ernesto Brown, Edward Morgan, Juan José Moore, Juan Anderson, Charles Dickinson y Jorge “Georgi” Brown quien hizo el sexto gol argentino a los 86 minutos.
También con “el vasco” Laforia formaran parte de un equipo que por primera vez uso la camiseta blanca y celeste enfrentando en Buenos Aires a un equipo británico: el “Southampton”, equipo todavía vigente en la Premier League inglesa, con sede en la ciudad donde murió exiliado Juan Manuel de Rosas en 1877 cuando la Football Association ya tenía 14 años. Aquel partido con la actual camiseta argentina se realizó el 26 de junio de 1904 y fue además la primera vez que un presidente argentino asistió a un partido de fútbol. Era Julio Argentino Roca quien había sido invitado por su yerno, el Barón Antonio de Marchi, quien era presidente del club en donde se disputaba el encuentro (Sociedad Sportiva Argentina).
Otra curiosidad de la época que unirá a “Georgi” y el vasco arquero fue que Laforia pertenecía a Barracas Athletic. Jorge Brown intercedió para que pasara a Alumni a cambio de un trabajo en el ferrocarril lo que dejó sin arquero a Barracas, entonces ante la carencia de un suplente debieron recurrir al lateral derecho, el irlandés Winston Coe (fabricante de whisky) que tenía la particularidad de ser manco; le faltaba el brazo izquierdo. Fue el primer arquero manco de la historia del fútbol mundial. “Si quieren les doy una mano, dos ya saben que no puedo”, les dijo a sus compañeros antes del partido que perdieron 2 a 1 con Estudiantes de Buenos Aires, aunque todos reconocieron la excelente actuación de Coe.
El glorioso Alumni Athletic Club
A todos los títulos conseguidos con Alumni y los Brown hay que agregar una Copa de Honor Cousenier y cinco Copa Competencia Chevallier Boutell.
Pero la temporada 1906 será emblemática. Alumni se convertirá en el primer club argentino que triunfará sobre un equipo extranjero. El 24 de junio de 1906 se enfrentó a un combinado sudafricano, en el campo de la Sociedad Sportiva Argentina. El partido convocó a más de 10 mil espectadores entre los que estaba el presidente argentino José Figueroa Alcorta. A los 15 minutos del primer tiempo Ernesto Brown debió retirarse lesionado presentándose una paradoja ya que en 1906 el reemplazo de jugadores no se permitía en el reglamento sin embargo el capitán del equipo sudafricano le ofreció a Jorge Brown, capitán de Alumni, sustituir al jugador lesionado. El partido finalizó 1 a 0 con un gol de Alfredo Brown a los 51 minutos.
La jornada presentó dos cosas inusitadas. Una siempre será bienvenida, aunque hace rato que está lejos de ser habitual. Esa noche el diario La Nación recibió una carta de Browne, secretario de Alumni reclamando ser publicada: “Señor Director de La Nación. Rogamos a usted muy encarecidamente quiera hacer público nuestro agradecimiento al capitán del equipo de Sud África, Mr. Heeley, por su caballerosidad, al permitir reemplazar a Ernesto Brown, cuando se lastimó por otro jugador, el Sr. Juan Brown. Sin más que agradecerle lo saludamos atentamente. P. B. Browne, secretario del Club Alumni, 24 de junio de 1906”. Un ejemplo, hoy impensado.
Lo otro es habitual y tiene que ver con el comienzo de la utilización política del deporte y los deportistas. Una vez que Alfredo Brown convirtió el gol a los sudafricanos, en medio de la algarabía del público, el presidente Figueroa Alcorta entró a la cancha a saludar y abrazar al goleador. El partido estuvo suspendido un rato en medio de la emoción de todos. Obvio, esa imagen presidencial con el goleador fue la noticia de todos los diarios. Había empezado otro partido que llegará hasta nuestros días.