¿Cuántos son los santos argentinos que vienen marchando?
La jornada nacional de oración por la santificación del pueblo Argentino y la glorificación de sus siervos de Dios, tiene su origen en la 74° asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina que, en ese tiempo, se reunía en San Miguel. Ahí nació la iniciativa de orar por la santificación del pueblo argentino y también orar por la glorificación del mayor número posible de sus hijos, para que sean presentados como modelos. Se buscaba suscitar entonces, tanto el anhelo de santidad como la santificación misma, lo cual requiere- decían en ese entonces los obispos- un clima de oración siempre más intensa, para descubrir esas vidas entregadas en favor del evangelio.
Toda esta iniciativa y reflexión era también, una clara respuesta a la carta apostólica de Tertio Millennio Adveniente, cuyo número 42, de la misma, expresaba este mismo desafío y anhelo. Otra sana motivación, expresada a la vez- en el segundo punto de la resolución en San Miguel decía: “para poder tener la alegría de ampliar el calendario nacional propio para la iglesia en Argentina, las canonizaciones y beatificaciones manifiestan, también, la vitalidad de las Iglesias locales” . Convencidos, como estamos de que no nos faltan frutos de santidad, sentimos la necesidad- dijeron los obispos- de encontrar los medios oportunos para verificarlos y proponerlos a toda la Iglesia como modelos.
Esto último hacía mención, la misma carta apostólica en su número 37. Anteriormente esta delegación tenía el nombre de “consejo para la causa de los santos”, siendo su presidente monseñor Jorge López, arzobispo emérito de Rosario, y dicho consejo buscaba alentar las causa de canonización de los fieles, fallecidos con “fama de santidad”, también buscaba colaborar con los obispos cuando introducían alguna causa, asesor a las partes actoras y mantener la información sobre los procesos iniciados. Me parece que es una maravilla que 26 años después, sigamos, con fuerza, entusiasmo y confianza, rezando por la santificación de cada uno de nosotros, y, obviamente, rezando por la santificación de nuestro pueblo.
24 mujeres, algunas muy contemporáneas hay en el cielo, esperando que le pidamos una intercesión por nuestros seres queridos necesitas de un milagro de curación, algunas de ellas son: María del Tránsito Cabanillas, Mama Antula, María Ludovica de Angelis, María Cecilia Perrín de Buide, Hna. María Crescencia Pérez, Madre Catalina Rodríguez, Laura Vicuña, Madre María Benita Arias, Madre María Eufrasia Iaconis, Victorina Rivara de Perazzo, Leonor de San Luis López de Maturana, Leonor de Santa María Ocampo, Madre Camila Rolón, María Antonia Cerini, Isabel Carmelo Fernández, María Lourdes del Santísimo Sacramento Para Scaglia y la periodista Nínawa Daher, fallecida en el año 2011 en un accidente de tránsito.
Reconocemos que, la santidad, es una vocación a la que todos estamos llamados: varones, mujeres, niños, adultos, jóvenes, empresarios, obreros, sacerdotes, obispos; son una gran variedad de candidatos a los que la Iglesia los puede presentar para gloria Dios y bien nuestro como modelos y referentes en este tiempo. Tenemos numerosas personas hombres y mujeres que, la Iglesia espera, un día poder presentar, porque en el "hoy" de su propia historia, en la realidad que les tocó vivir, fueron fermento- como la levadura que nos habla Jesús- y fueron semillas del evangelio.
Tantos siervos y venerables, que esta jornada nos trae al presente, nos animan y ayudan como “amigos del camino e intercesores” para cumplir mejor, lo que rezamos en la segunda parte de la oración propuesta para este año y que reza lo siguiente: “Asimismo, dígnate glorificar a los siervos tuyos que, por el ejemplo de su vida y su valiosa intercesión, nos pueda estimular y ayudar más para que perseveremos con ánimo constantemente renovado, en el camino de la santidad”. Cada uno de ellos es una “memoria permanente” de que la santidad es posible y contamos para ello, también con su intercesión. Sus vidas nos muestran los momentos vividos con mucho gozo pero también momentos de dificultad y pruebas.
El recordado obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias y el laico Wenceslao Pedernera, asesinados en esa provincia en los primeros meses de la última dictadura militar, se encaminan a ser en los próximos años los primeros católicos martirizados en nuestra país lo que los convertirá en beatos, también monseñor Jorge Gottau, primer obispo de Añatuya, el inolvidable padre Mario Pantaleo, y el empresario ya venerable, Enrique Shaw.
Han sabido llevar su cruz, no “arrastrándola” sino unida a la cruz de Jesús. Muchos hombres y mujeres, especialmente mujeres que, como la Virgen María al pie de la cruz, en su tiempo, asistieron y acompañaron a los más pobres, a los más necesitados, a aquellos que- a veces- la sociedad dejaba de lado. Quiero hacer una mención especial a las muchas mujeres que anunciaron el evangelio con la vida, caminando muchos kilómetros por ayudar a que los hombres y mujeres - de su tiempo- se encuentren con Jesús a través los ejercicios, como el caso de Mama Antula; o la creación de hogares para niños huérfanos, para ancianos, para enfermos, creación de hospitales.
Es decir creaban espacios que- trascendiendo lo material- manifestaban la misericordia y la ternura del padre Dios. Destaco a las mujeres particularmente, porque “expresan” mejor el rostro, el corazón y las manos femeninas que- seguramente, habrá contemplado y cuidado a Jesús, como lo es la Virgen María. Ellas supieron ver y supieron responder, supieron calmar tanto dolor y tanto hambre con su entrega, con su dedicación y con su vida toda. Por último, esta Jornada nos ayuda también, para no vivir en la mediocridad nuestra fe y, ello implica ser hombres y mujeres de oración. Seremos pocos, pero estamos llamados a ser, en medio del mundo, valientes y alegres servidores del evangelio.
* Monseñor Santiago Olivera, es Obispo Castrense