El coaching de vida: una ayuda para hacernos más adultos
Cuando nacemos, los seres humanos iniciamos nuestra vida en un estado de total dependencia. Sin la ayuda de nuestros padres es un hecho que moriríamos en poco tiempo. La psicología Gestalt llama a esto “soporte ambiental”: alguien más nos provee la
contención y estructura necesaria para nuestro desarrollo. Posteriormente, cuando el niño continúa su crecimiento descubre progresivamente que es capaz de controlar su medio ambiente circundante hasta cierto punto: comprende que posee un círculo de influencia sobre el cual opera. A medida que nuestra vida avanza, es normal percibir que más y más cosas caen dentro de este círculo de influencia y que de ese modo nuestra sensación de autoestima y confianza se enriquece.
Es decir que el proceso madurativo puede ser pensado en tres tiempos: primero ignoramos todo el soporte que recibimos del entorno, en un segundo momento nuestra sensibilidad se extiende hasta ser conscientes de ello, y en tercer lugar somos capaces de extender nuestra influencia para transferir ese soporte al dominio de nuestra personalidad. A esta última parte del proceso de crecer le decimos “hacernos responsables” y es un paso fundamental para construir seguridad en nosotros mismos al tiempo que descubrimos que nuestro contexto puede ser, hasta cierto punto, ordenado según nuestra voluntad en lugar de resultar completamente caótico e impredecible.
Sin embargo, a veces nuestro proceso de toma de responsabilidad se interrumpe. Ya sea por emociones del pasado no resueltas o por creencias que limitan nuestro cambio, comenzamos a crear excusas que justifican nuestra necesidad de seguir sosteniéndonos en otros. Aquí es donde nace la distinción fundamental del coaching: la distinción víctima protagonista. Comenzamos a crear problemas artificiales que encubren el hecho de que nos sentimos incapaces de responsabilizarnos por todo aquello que ahora está en nuestro círculo de consciencia. Tarde o temprano, esta tendencia a la justificación y victimización se mostrará como la brecha que nos separa de todo aquello que deseamos para nuestra vida.
Los problemas creados para mantenernos seguros (las excusas) se verán como el impedimento para lograr la vida que soñamos. Esto no implica que actuemos como víctimas en cada ámbito de nuestra vida pero, si en alguno de estos ámbitos no logramos los resultados que deseamos, sin dudas es debido a una falta de responsabilidad en dicho contexto. Aquí es donde interviene el coach como una persona que contiene distinciones específicas en el campo del crecimiento personal. El coach sabe que cuando nos comportamos como víctimas en cierta área, utilizamos nuestro lenguaje verbal y no verbal de un cierto modo que lo refleja.
Ponemos nuestra atención en determinadas cosas, y no en otras. Y por ende, sentimos ciertas emociones y tantas otras nos eluden. A medida que el consultante recibe el feedback del coach, puede comenzar a cambiar sus pautas lingüísticas, corporales y de foco para tomar un rol protagónico en su propia vida, crecer en responsabilidad y continuar el proceso madurativo que implica hacernos adultos y extender cada vez más nuestro círculo de influencia vital.
* Leandro Liptak es coach, escritor y conferencista especializado en crecimiento personal y bienestar emocional.