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Argentina, un país de contrastes con relación al agua

En Argentina hay diferentes panoramas en relación a la disponibilidad de agua, sin embargo, ya sea por escasez o abundancia, las pérdidas registradas en la producción son millonarias. La gestión y los pronósticos que permitan una planificación ante las eventualidades son claves en el contexto actual

El agua es un recurso renovable indispensable para la vida del ser humano y todos los seres vivos que habitan el planeta. Los últimos años el cambio climático viene afectando de manera directa los ecosistemas provocando sequías, inundaciones y diversos fenómenos climatológicos que impactan en el desarrollo de las comunidades y Argentina no está exenta. 

Argentina tiene el desafío de generar instancias de planificación y previsión de fenómenos que pueden ocasionar grandes pérdidas para los productores e impactar en las poblaciones que se ven obligadas a adaptarse ante un nuevo contexto marcado por el cambio climático. Ante esto, el rol de los organismos estatales encargados de la gestión de los recursos naturales y de investigación será clave. 

"La consecuencia principal del cambio climático se ve reflejada en el aumento de la temperatura y eso está afectando a todo el mundo incluida la Argentina. Las tendencias observadas en nuestro país en las últimas décadas muestran que el aumento de temperaturas viene siendo más notorio en la porción occidental y sur del país, y especialmente en las temperaturas mínimas en casi todo el país. También este aumento es más significativo en la primavera y verano, y no tanto en el otoño e invierno. Las proyecciones no son para nada alentadoras ya que se prevé que el aumento térmico se acentúe en los próximos años y décadas más aún si no se toman medidas urgentes respecto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero", expresó el climatólogo e investigador del Servicio Meteorológico Nacional, José Luis Stella. 

Sequía extrema y pérdidas millonarias

La sequía que tiene lugar desde hace 10 años en la región cuyana que comprende las provincias de Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja, al igual que la región pampeana, tiene un impacto directo en el desarrollo productivo y bienestar de una población que cada vez tiene menos agua para consumo y abastecimiento de la producción. Según las cifras aportadas por los organismos encargados de la regulación y seguimiento del recurso, el panorama de cara a los meses de calor es preocupante y la escasez será el denominador común en todo el territorio comprendido por las zonas mencionadas anteriormente.  

"Con respecto a las precipitaciones, las tendencias y las proyecciones son muchos más complejas ya que entran en juego otros forzantes propios del sistema climático que provoca más bien variabilidad sin una tendencia definida. No obstante de acuerdo a lo observado en las últimas décadas vemos una disminución de las lluvias en la zona cordillerana y región de Patagonia. Esto también se relaciona a la disminución de la nieve en cordillera. Hay que remarcar la megasequía que registra Chile desde aproximadamente el año 2010 lo cual también estaría afectando la porción cordillerana de nuestro país" agregó Stella.

El dique Potrerillos posee el porcentaje más bajo en la historia para esta época del año con solo el 52% del volumen total que puede almacenar. 

La disponibilidad de agua debido a una disminución en el caudal de lluvias y su distribución desigual en algunos cultivos como el trigo, la soja y el maíz impactan en los millones de hectáreas productivas que se encuentran en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos generando pérdidas millonarias en los productores. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, hay una pérdida efectiva del 10% de la superficie triguera y restan 400.000 hectáreas que se corresponden a un 34% del total que se encuentran en malas condiciones y podrían seguir el mismo destino.

En el caso de provincias como Mendoza, que dependen de las nevadas para el llenado de los embalses que luego son utilizados para riego y consumo domiciliario, la situación es similar. Cada vez hay menos disponibilidad de agua en Mendoza y la gestión de este recurso será la clave para que el abastecimiento en los hogares sea adecuado a las necesidades de los habitantes cuyo consumo de agua durante la temporada estival aumenta de manera sostenida.

Mendoza hoy tiene 1.200.000 habitantes cuyo consumo diario por habitante es de 750 litros, según los cálculos que hacen desde el Departamento General de Irrigación. Dicho consumo supone el triple de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea como número óptimo ya que según ese organismo deberían ser 250 litros diarios por persona. En este caso, la problemática se relaciona con la disponibilidad de agua pero también con la gestión que se hace del recurso.

La sequía que está atravesando nuestro país desde el 2020 tiene como causa el Fenómeno de La Niña que condiciona la variabilidad de las lluvias dependiendo la fase del fenómeno. "Este evento de sequía por si solo no lo podemos atribuir al cambio climático ya que corresponde a las variaciones naturales del sistema climático global. Lo que podemos atribuir al cambio climático son los impactos que eventualmente pueden ser peores en un mundo que se está calentando, por ejemplo, la ola de calor récord que atravesó el país el enero pasado en medio de una intensa sequía que causó incendios devastadores en la provincia de Corrientes. Con esto quiero decir que un evento de sequía de gran extensión en combinación con primaveras y veranos cada vez más cálidos van a impactar mucho más que en condiciones normales o más frías", manifestó el investigador.

Crecidas e inundaciones en el noroeste

La situación en las provincias del noreste es diferente pero tiene como denominador común el agua. En provincias como Entre Ríos, Misiones, Corrientes, la abundancia del recurso genera inundaciones y desbordes en los cauces que no son suficientes para contener la potencia y volumen de las crecidas, tal es el caso de los ríos Iguazú y Uruguay, los cuales generaron importantes inconvenientes las cataratas del Iguazú.

El circuito general de las Cataratas fue cerrado debido a la  crecida del río, que no solo sobrepasó la pasarela de la Garganta del Diablo sino que superó el resto de los accesos.  

En todos los fenómenos meteorológicos, una de las claves es la anticipación a través de pronósticos, ya sea para planificar acciones preventivas ante posibles desastres o para generar planes de acción que tengan como objetivo mitigar los impactos. En ese sentido, los organismos técnicos y de investigación cumplen un rol primordial a la hora de la gestión y planificación.

Un ejemplo de esto, es el proyecto nacional de “anticipación basada en pronósticos” para definir acciones tempranas que permitan mitigar el impacto de las inundaciones por desborde ribereño en el Río Paraná desde Corrientes hasta su desembocadura en el Río de la Plata, un área que a nivel histórico ha sufrido grandes daños producidos por emergencias. Dicho proyecto es llevado a cabo por el Instituto Nacional del Agua (INA) y la Cruz Roja Argentina y luego de una validación técnica en la sede central de Ginebra (Suiza) y de un período de simulación a llevarse a cabo a principio del año próximo, se espera que el PAT esté aprobado durante el primer trimestre de 2023.

En las provincias que comprenden la Patagonia argentina, precisamente Chubut el registro de lluvias para esta época fue el mayor registrado teniendo en cuenta los últimos 30 años. En ese sentido, los productores de la zona se vieron afectados por el exceso de agua que provocó inundaciones y grandes pérdidas.

"El aumento de la temperatura tiene mayor impacto en los eventos de sequía (mayor evapotranspiración) como así también en lo opuesto. A mayor temperatura el sistema tiene mayor energía y calor el cual puede incrementar la intensidad de los fenómenos de lluvias y tormentas. Esto a grandes rasgos puede reflejar el por qué el calentamiento global potenciaría los fenómenos meteorológicos extremos, tanto de un lado como del otro", finalizó Stella.