La alarmante realidad que se evidencia en las escuelas primarias de Mendoza
Niños y niñas alborotados, con dificultades para expresar su sentir; con impulsos excesivos que dan cuenta de situaciones más profundas que merecen un abordaje específico. Golpes entre pares durante los recreos; interrupciones permanentes al momento de hacer tareas o escuchar a la maestra; hechos de violencia que se desbordan alertando a autoridades y familias. La lista de vivencias que se manifiestan en el escenario escolar de hoy, es extensa, compleja y requiere, desde el punto de vista de los especialistas, un análisis profundo que debe traspasar la escuela. Es un debate, aseguran psicopedagogas, directivas y especialistas en educación, que la sociedad en su conjunto debe ubicar como una prioridad en su agenda, si lo que se desea es proteger los derechos de la infancia, atendiendo a sus reales necesidades.
Aseguran docentes y directivos de escuelas primarias de Mendoza, que la crisis social que hoy atraviesa el país -donde el factor económico y las presiones cotidianas no quedan fuera de las aristas asociadas- no pasa desapercibida en el plano escolar, donde la forma más genuina de tomar el pulso a lo que sucede puertas afuera de los establecimientos es simplemente, atender a las señales que los pequeños demuestran a través de su comportamiento y maneras de expresar que algo en su interior no está del todo bien. La indisciplina como así también los problemas para reconocer límites o concebir el respeto hacia el prójimo de manera desdibujada, son luces de alerta que a esta altura del año no han podido ser resueltas en la gran mayoría de los casos.
El contrato educativo en crisis
Las reuniones de padres se llenan de reclamos hacia las instituciones educativas cada vez que un/a pequeño/a llega con mala cara a su hogar porque un compañerito/a lo/la golpeó o después de haber presenciado alguna situación de maltrato entre pares. Los directivos y educadores, por su parte, reclaman a las familias un mayor nivel de contención, de escucha, de ejemplo e impartición de límites claros y afectuosos hacia sus hijos e hijas. El contrato educativo -ese pacto implícito entre la escuela y las familias para trabajar en pos de la protección de esos niños y niñas- parece haberse dañado, se escucha como un secreto a voces que impregna la atmósfera escolar.
Los protocolos se activan (muchas veces de manera desacertada y equívoca) cada vez que se conoce el caso de algún pequeño/a que por algún motivo fue a la escuela con un elemento amenazante y disparó toda clase de hipótesis. Solo por mencionar un dato en este sentido, en lo que va del año, la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario a las Trayectorias escolares (Daoite) intervino en once casos en que hubo niños o niñas que llevaron un arma a la escuela, muchos de las cuales, eran de juguete o bien, eran elementos con un potencial riesgo. Se trató de casos que por su impacto generaron visibilidad y alerta, pero que sin embargo son tan solo la punta de un ovillo de situaciones en las que los propios derechos de los niños y niñas son vulnerados.
Narcisismo y falta de límites claros
En este sentido, la responsabilidad apunta a ese mundo de los adultos que cada vez repercute e impacta de manera negativa en la infancia de hoy. Miguel Conocente, titular de Doaite -área que depende de la Dirección General de Escuelas- destaca que es evidente que los niños y niñas están viviendo momentos de convulsión, en los que el escenario escolar es un reflejo. Es allí de hecho, donde se manifiestan todas las carencias que hoy atraviesan a la infancia.
De hecho asegura Conocente, que de las 22.600 intervenciones que ha realizado la Doaite a través de sus equipos interdisciplinarios, en la gran mayoría de los casos se ha tratado de situaciones en las cuales los niños y niñas demuestran inconvenientes a la hora de incorporar aprendizajes o por retrasos a la hora de expresarse como consecuencia de situaciones que viven a diario en el hogar y en el barrio.
Las carencias afectivas, las situaciones de negligencia por parte de los adultos responsables y los límites transmitidos de manera errónea se evidencian a diario y suelen ser percibidos por psicopedagogas, maestras y directivos, que en los últimos tiempos, han tenido que sumar herramientas, adaptarse e incluso, atrasar el desarrollo de saberes en el aula para dar prioridad al factor humano. "Vivimos en una sociedad donde la violencia está en todos lados y los niños son el reflejo. Esto que sucede aquí, pasa en las siete escuelas que tengo a cargo", explica un supervisor, en el marco de una reunión entre padres y directivos de una escuela primaria de ciudad.
En total, la Doaite trabaja con 56 equipos interdisciplinarios que cuentan con 318 profesionales. "Lo que vemos, en líneas generales, es que se nota una importante falta de intervención de los adultos; hay grandes inconvenientes a la hora de poner en práctica los límites y eso repercute en los niños. La escuela en este sentido es el receptor de todas las problemáticas que ellos vivencian en sus hogares y de la relación que sus padres tiene con ellos. Los chicos están muy solos y eso se nota", destaca Conocente, al detallar el impacto que la actual crisis social está generando en la infancia.
Indiferencia emocional
Mónica Coronado es una de las psicopedagogas con más trayectoria en la provincia. Conoce de cerca el sentir que late en el interior de las instituciones y es ella quien no escatima conocimientos a la hora de brindar herramientas para focalizar a la sociedad a una infancia más feliz. Destaca que en sintonía con las actuales problemáticas que pesan sobre el tejido social, los niños y niñas muchas veces son el objeto de la indiferencia emocional por parte de sus padres. En tanto que al mismo tiempo, son considerados como seres admirados por los adultos en una relación lineal donde los límites aparecen de manera tergiversada y difusa. El mensaje así, es doble, en una cultura marcada por un narcisismo exacerbado.
"Por un lado, se evidencia la falta de momentos generados por los adultos para compartir con sus hijos e hijas; para escucharlos, comprender sus necesidades y establecer límites desde el amor. Y por el otro, se nota un exceso de contemplación hacia los hijos, como si fuesen un objeto más al cual admirar dentro del plano hogareño, antes que valorarlos y contenerlos como lo que son, sujetos de derechos y obligaciones que necesitan límites claros y ejemplos concretos", explica Coronado al referirse a la complejidad que hoy atraviesa a la trama social, movilizada por la competencia y el predominio de las urgencias a resolver.
El miedo a educar
Lo cierto es que en el medio de esa vorágine, entre los adultos y su propio espejo, hay niños y niñas de demandan (y reclaman) afecto a gritos. "Existe una pérdida de asimetría entre padres y hijos. Los padres no son amigos, no son compañeros; son padre y madre que deben educar y lo que vemos es que muchas veces hay miedo a esto, cuando en realidad educar a un hijo o hija es parte del amor", reflexiona Coronado.
La psicopedagoga comparte ejemplos sencillos: "Si a mi hijo no le enseño por ejemplo, que no debe subir con zapatillas al sillón o que debe incorporar hábitos, como ir a dormir a la hora que se indique y no a la hora que él quiere porque quieren seguir jugando, entonces el mensaje que le estoy dando es que el resto del mundo no importa y que por lo tanto, sus actos no impactan en nadie", explica la profesional.
Aclara Coronado que justamente en la marcación de los límites aparece la asimetría y la reciprocidad, es decir, inculcar al niño o niña que no está solo en el mundo y que sus actos tendrán un impacto en el resto. De hecho, en la escuela, suelen surgir situaciones de frustración al descubrirse como "uno más" que debe cumplir las mismas reglas que el resto.
"Deben entender que el otro es importante y que siempre su actuar tendrá consecuencias", recalca Coronado.
Vivir con más calma
En lo cotidiano, el mal humor de los adultos se respira en cada esquina. La preocupación por las problemáticas que atraviesan al país parece haberse instalado en el gesto y en la mirada con que muchas veces observamos a esa infancia que parece pasar desapercibida. La pandemia y el encierro obligado sumaron su cuota de malestar, soledad y desconfianza en el futuro. Miles de niños y niñas vivieron un obstáculo para desarrollar sus habilidades sociales.
Entonces, ¿qué necesitan con urgencia los niños y niñas? Coronado comparte una reflexión sencilla: "Calma", asegura. "Los niños necesitan calma. Para estar sanos necesitan más alegría y tranquilidad. Deben estar en un ambiente que los contenga, que los escuche, que les de amor y confianza. Y deben vivir en armonía. Lo que falta hoy es intimidad emocional", destaca Coronado al llamar a los adultos a la reflexión.

