Historias de emigrantes

La alegría de una argentina al recibir la ciudadanía australiana

Melisa es una emigrante argentina que, junto a su pareja, decidieron irse a vivir a Australia. Después de muchos trámites, angustia y dinero, esta semana recibieron la ciudadanía de ese país. Cuenta la alegría con la que lo vivió. "Canté el himno australiano con unas ganas que no me imaginaba", dice

Horacio Alonso
Horacio Alonso jueves, 27 de enero de 2022 · 19:30 hs

- ¿Qué querés ser cuando seas grande?

- Ciudadano de otro país

Este es un chiste muy escuchado en la Argentina en estos tiempos de emigración, pero la humorada no deja de reflejar una dura realidad. La crisis económica, la falta de perspectivas, la inseguridad son los principales motivos por los que muchas personas deciden probar suerte en el exterior. Para eso, contar con un pasaporte extranjero es una llave que abre muchas puertas. Algunos lo tienen por padres o abuelos que nacieron en otros países; otros, por un largo proceso que demanda mucho esfuerzo y sacrificio, pero que, al concluirlo, provoca una felicidad que sólo quienes lo logran la pueden explicar.

Melisa es una argentina de 36 años, nacida en Mar de Plata, que hace casi diez años decidió irse a vivir a Australia. A los 11 años conoció ese país donde ya residían familiares. Desde entonces, la idea de vivir allí estuvo presente y se fue fortaleciendo con otros viajes posteriores. 

En 2013, decidió concretarlo. Para eso tuvo que aplicar para una visa temporaria regional que le demandó dos años de tramites, además de rendir un examen de inglés. La obtuvo bajo la categoría de inmigrante calificada ya que, con el título de doctorado en geografía y unos diez años de experiencia en trabajos en medio ambiente, calificó entre las búsquedas de profesiones que estaba realizando ese país.

A fines del 2016, junto a su novia María Elena, viajaron a Adelaida, la capital del estado de Australia Meridional, ya que las con condiciones establecía que debían residir en esa región. Si bien tenía familiares en el país, el comienzo fue duro. “Fueron unos años de mucho esfuerzo e incertidumbre. No fue fácil conseguir trabajo. Lo que había era temporario” explicó a MDZ.

Esta era un complicación para comenzar a tramitar la residencia permanente ya que exigía como condición tener un año de trabajo full time de 35 horas semanales y vivir dos años en la región (no podían instalarse en otros estados). Además, obligaba a una serie de trámites, la contratación de un agente migratorio y el gasto de unos u$s11.000, en total. Siguieron adelante.

En junio del 2020, se le otorgó a la pareja la residencia permanente, el primer paso para la ciudadanía definitiva. Para eso, debían sumar cuatro años de residencia en el país, sin interrupción de más de 12 meses, más otra serie de trámites y un examen que incluía diferentes items como historia australiana, forma de gobiernos y valores y principios del país.

Tras cinco años de cumplir todos los requisitos, esta semana le otorgaron la ciudadanía, en un ceremonia de jura en el municipio.

Fue un momento emocionante y conmovedor. Sentí una felicidad enorme. Esta vez no lloré como cuando me dieron la residencia, pero fue tremendo igual. Lo celebré más que cuando me dieron el título de doctora” reconoció.

Con la ciudadanía ya cuenta con los mismo derechos que cualquier australiano y, también, se le abrirán otras posibilidades laborales.

“Es increíble toda la angustia e incertidumbre reprimida. Fue como un desahogo. Después de cinco años dije ‘¡Ya está!’. El día de la jura canté el himno australiano de una manera que no me imaginé que lo iba a hacer”, señaló.

“Es el final de algo que me costó mucho. Sufrí mucho el primer año. Las cosas no salían, no conseguíamos trabajo, se cerraban puertas y teníamos una frustración enorme”, explicó

La liberación que siente al ser ciudadana de ese país, se contrasta con los sentimientos que la llevaron a emigrar.

La Argentina te da bronca y dolor. Lo mirás desde afuera y te das cuenta de que están destruyendo al país. La Argentina tiene un potencial enorme para pasar por arriba a Australia” dice.

Pese a esa visión, reconoce que sigue el día a día lo que sucede en el país: “Me siento argentina. Los que argentinos que estamos acá, nos mantenemos conectado con lo que pasa. De afuera ves todo lo positivo que tiene el país. Estando adentro, ves todo lo negativo. No me veo volviendo a vivir en la Argentina. En Australia tengo cuestiones básicas satisfechas como la seguridad, la calidad de vida, no hay inflación. Todo es distinto”.

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