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Norah Borges, creadora de ángeles

Leonor Fanny Borges nació en Buenos Aires en 1901. Su hermano, dos años mayor, le cambió el nombre. Será entonces Norah. Ambos tuvieron una relación entrañable.
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En 1914 se trasladó junto a su familia a Suiza, donde los encontró la Primera Guerra Mundial. Allí tomó contacto con las vanguardias, principalmente el movimiento expresionista. Estudió grabado, escultura y pintura, sus maestros fueron Maurice Sarkisoff, Ernest Kirchner y Arnaldo Bossi.

En 1919 se mudaron a España. El padre de los Borges sufría una ceguera progresiva (heredada, más tarde, por el autor de El Aleph) que no mitigaron los mejores oculistas de Ginebra. Eligieron Mallorca porque era hermosa, barata y con pocos turistas. Fue en esta ciudad donde Norah conformó su arte. Del paisaje balear, a Norah Borges le cautivó la figura de la mujer campesina a la que pintaba con sus cántaros de agua, llena de humildad y bondad… Antecedentes remotos de sus ángeles.

Amigas, de Norah Borges

En Sevilla conoció al gran amor de su vida, Guillermo de Torre, escritor y crítico español, impulsor del ultraísmo. Y de su mano a Picasso, Miró, Unamuno y García Lorca. Estudió en Madrid con Romero de Torres. Comenzó entonces una larga trayectoria como ilustradora de textos literarios. Fue con su hermano, asidua colaboradora de las revista del Movimiento: Grecia, Ultra y Reflector. También diseñó la escenografía de una obra teatral de Federico García Lorca.

Sé que a mi lado hay una gran artista que ve espontáneamente lo angelical del mundo que nos rodea

Jorge Luis Borges, Milán 1977

En marzo de 1921 los Borges vuelven a Buenos Aires. Norah se vincula a la vanguardia literaria formada por el Grupo de Florida al que pertenecían Bioy Casares y Julio Cortazar; desde Prisma empezó a divulgar el Ultraísmo en Argentina. Dos años después Georgie publica “Fervor de Buenos Aires” que ella ilustra, recuperando las imágenes de balaustradas y maceteros de las casas porteñas. Hay alguna influencia cubista en estas obras. En 1925 aparece “Luna de Enfrente” nuevamente ilustrado por Norah. De Norah Lange ilustra “La Calle de la Tarde” y de Mallea “Cuentos para una mujer desesperada”. Martín Fierro, Proa y Mural publican asiduamente sus pinturas.

Ángel músico, de Norah Borges

En 1926 expuso 75 trabajos (óleos, xilografías, dibujos, acuarelas y tapices) en la Asociación Amigos del Arte. Contrajo matrimonio en 1928 con Guillermo de Torre, con quien tuvo dos hijos. En la Segunda Guerra Mundial hizo militancia feminista anti-fascista con la poeta Silvina Ocampo, su amiga dilecta. Después estuvo un mes en la cárcel de mujeres junto a su madre Leonor Acevedo por haber proferido gritos contra Perón. Ilustró de su hermano “Cuaderno San Martín” y Las invitadas (1961) y Autobiografía de Irene (1962) de Silvina Ocampo.

En todos nuestros juegos era ella siempre el caudillo, yo el rezagado, el tímido, el sumiso. Ella subía a la azotea, trepaba a los árboles y a los cerros yo la seguía con menos entusiasmo que miedo

J. L. Borges, “Norah”

Norah vivió inmersa en un ambiente de alta cultura. Su formación y experiencia europea fue amplísima, siempre ligada a las últimas vanguardias. Sin embargo su rasgo distintivo (como lo reconoce en propio Borges) fue la bondad.

Sus pinturas transmiten la misma ternura y simplicidad que ella reflejó en su vida. Su obra es fragante, de colores templados. Hay  una levedad y cierta ligereza que invitan al sosiego.

Cecilia y el ángel, de Norah Borges

Ella alguna vez comentó que "la pintura ha sido inventada para dar alegría al pintor y al espectador…me gusta que en mis cuadros todo esté quieto y en silencio”, Ya anciana confesó que nunca quiso ser famosa y que prefería estar con sus amigas pobres tomando té y pan con manteca… y que pintaba ángeles porque sabía que existían.

Norah Borges murió el 20 de julio de 1998 a los 97 años. Le gustaba el cielo porque tenía colores suaves y no había autobuses. Sabía además que allí le esperaría Georgie, su hermano que había muerto 12 años antes, encima de su bicicleta mágica, la que le paraba justo donde debía bajar.

El limonero, de Nora Borges

*Carlos María Pinasco es consultor de arte