Juventud: títeres de nadie en un país donde las docentes gritan su ideología
No es nada más -ni nada menos- que una maestra gritándole a un alumno. Gritándole su ideología política, en este caso. Por momentos, hasta escupiéndola, como si fuera un deber hacerlo. La pedagogía de la imposición de las ideas. La imagen refleja la subestimación constante a nuestra generación a la que pareciera que no hay que permitirle pensar. Y ojalá hubiese sido solo la ideologización.
Te puede interesar
La escuela: uno de los últimos refugios para el cerebro de nuestros hijos
Los que se creen dueños de la juventud han incursionado con nosotros en su mundo de autoritarismo e irrazonabilidad manteniéndonos las aulas cerradas durante más de un año lectivo. Nos hicieron lo peor que nos podrían haber hecho. Nos prohibieron formarnos. Desvalorizaron nuestros títulos y nuestros méritos.
Así llegamos a esa instancia en la que nuestro derecho a aprender dejó de estar envuelto en una dialéctica de vulneración entre “educación de calidad” vs. “educación ideologizada” y se transformó en el “aula abierta” vs. “aula cerrada”. Hasta eso hicieron. Jugaron políticamente con nuestros derechos humanos fundamentales.
Parece que nos están arrebatando el futuro y el mundo nos da la espalda. Solo seis de cada diez jóvenes terminarán la escuela secundaria en 2030. Hay 102 millones de jóvenes carecen de las habilidades básicas de alfabetización. En Argentina estudiar ya no es derecho, es un lujo en medio de las tasas de pobreza y desempleo en constante crecimiento.
Nuestros dirigentes hoy son operadores de la agenda de las ideologías. No nos quieren dejar pensar. Nos quieren ignorantes y vagos. Sin oportunidades.
Según el INDEC, dos de cada diez de los jóvenes de entre 18 y 23 años no consigue un trabajo y el 26% de los jóvenes de hogares pobres está desempleado. Además, es sabido que el número de trabajadores en la informalidad es grande, pero esa cifra es abrumadora para la juventud: seis de cada diez jóvenes que trabajan lo hacen de forma precaria.
Somos el país con mayor desempleo juvenil de la región. Por eso tampoco resulta extraño que seis de cada diez estudiantes universitarios quieran irse de Argentina. Pero como si esta vulneración a nuestros derechos humanos fundamentales fuera poco, parece que durante la campaña electoral pretenden establecer los parámetros morales hacia los cuales tenemos que inclinar nuestros proyectos de vida.
En este tiempo en donde todos nos prometen, nos someten a escuchar hablar acerca de la reivindicación del tiempo libre antes que un trabajo o educación de calidad, como una manera de subrayar que no respetan, ni respetarán nuestros derechos. El “garche” y el goce como ejes de un proyecto de vida al que no le ofrecen nada más que ideología.
Es que cuanto más vacíos nos dejen más nos van a dominar. Nos utilizan para perpetuar de manera vil la cultura del individualismo extremo y el descarte. No les preocupa nuestra salud física ni mental. Y dentro de poco nos utilizarán para hablar del suicidio asistido. Descartar a los más vulnerables. Primero empezaron con los niños por nacer, pronto serán los adultos mayores. Y, mientras tanto, nuestra propia generación.
El suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes que tienen entre 10 y 19 años. Seguimos sin políticas públicas efectivas para prevenir este drama. Nadie habla de ello, porque así también nos pueden hacer “objetos del descarte” en nuestra Patria.
No nos quieren dejar ser capaces de convertirnos, dentro de nuestro propio ámbito de actuación, en verdaderos protagonistas de una acción orientada al bien, naturalmente no sólo al nuestro, sino también al de los demás. Nos alejaron por completo de la libertad, porque nos niegan la responsabilidad.
¿Quién se hará cargo cuando en el futuro las búsquedas laborales excluyan a quienes se recibieron en este período oscuro de las aulas cerradas? ¿Cuándo comenzarán a ofrecer los precandidatos propuestas concretas acerca de la generación de empleo y oportunidades para los jóvenes? ¿Alguien hablará sobre la salud mental?
La juventud es el tiempo perfecto para vivir un ideal. Pero no habrá ideales si no hay ideas. Y no habrá ideas si no hay educación. Y sin educación habrá menos trabajo. Una sola cosa no nos podrán quitar: nuestra dignidad. La que nos hará poner de pie y trabajar para que no haya un solo operador más de las ideologías que están matando a nuestra nación.
Dependerá de nuestra generación cortar con el espiral de vulneración a los derechos de los jóvenes que la clase política avala y ejerce. Llegará el día en que las campañas de cartón se terminarán y las agendas ideológicas caerán por su propio peso frente a una realidad que depende de nosotros esforzarnos para cambiar.
Vamos a recuperar el amor a la Patria y la idea de bien común con un amor sereno, viril y esperanzado. Somos millones los que nos cansamos de que nos usen y nos quieran imponer ideas que nada tienen que ver con nuestra historia y con las necesidades de nuestro pueblo.
Títeres de nadie, somos la resistencia a un duro presente y la esperanza de nuestra nación.

