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Perdió la vista en su adolescencia y a través del arte recuperó su capacidad de mirar

Juan Barros tiene 56 años y es psicólogo, artista plástico, pintor y fotógrafo. Perdió la vista a una temprana edad, pero eso no le impidió desarrollarse en el mundo del arte. Al contrario, reconoce que el arte le devolvió la capacidad de mirar.
Bienvenido a nuestra cita a ciegas Bromea Juan Barros antes de comenzar la entrevista
"Bienvenido a nuestra cita a ciegas" Bromea Juan Barros antes de comenzar la entrevista

Me recibe en su estudio de arte ubicado en Recoleta, frente a la plaza Barrientos, es un amplio departamento con grandes ventanales a la altura de la copa de los árboles. Desde un primer contacto ya muestra la forma que tiene de enfrentar la vida: “Adelante, bienvenido a mi estudio. Mirá que linda vista a la plaza, con enormes ventanas, ideal para un ciego”, bromea Juan Barros, un hombre que en vez de hundirse en el dolor aprovechó la adversidad para buscar nuevos horizontes. 

Su estudio está repleto de escaleras y laberintos, mucho de su recorrido artístico está ligado a estos elementos, tridimensionales, que le permiten experimentar y compartir su filosofía de vida. Hay además bastidores con obras de arte que pinta y que ha exhibido en diversas galerías de renombre. 

¿Cómo te definís? ¿Quién es Juan Barros para vos?
Por mi lado artístico no me presento como un ciego que es artista, sencillamente soy artista. Ser ciego es una de mis tantas condiciones, como ser hincha de River, por ejemplo, y no debe ser una información relevante a la hora de disfrutar mi trabajo. Además, imaginemos que en un futuro por arte de un milagro o de la ciencia recupero mi vista, ¿valorarían mi arte de una manera diferente? Es por eso que siempre rechacé invitaciones a exponer en espacios únicamente para discapacitadosJuan Barros se presenta a través de su obra, no de sus condiciones extra artísticas. También soy psicólogo y esa licenciatura corre aparte de mi ceguera también, no ver  no me hace mejor o peor profesional. A lo largo de mi vida brindé psicoterapia y luego lo fusioné con el arte y dicté talleres de arte terapia y los sigo dando. Ni mi labor de artista ni el de psicólogo tiene estar condicionado por mi discapacidad.

¿Y fuera del arte y la psicología?
Si, soy ciego, y creo que esa es la palabra que hay que utilizar para describirnos, no tiene nada de malo. Socialmente existe un afán por querer aportarle una estética y poner entre algodones todo lo que se dice y pasan a llamarnos ‘no videntes’. No vidente es una mesa, es algo que en su ser no le está dado ver, los objetos son no videntes y nosotros no somos objetos. Veo manchas y me manejo con eso, aprendí a convivir con eso. Para mi la realidad visible es abstracta. Por ejemplo, yo puedo deducir que vos  estás sentado con las piernas cruzadas porque veo dos manchas blancas, que supongo son tus zapatillas, una arriba de la otra. Por supuesto que ser ciego implica una dificultad a la hora de desarrollarse en cualquier plano, entre ellos el arte, pero dificultad no es sinónimo de impedimento. Hay una frase de Rafa Nadal, a quien admiro mucho, que decía que “el partido solo termina siempre y cuando la ultima pelota se haya jugado”, y a mi me quedaban pelotas por jugar cuando perdí mi vista y me siguen quedando.

Exposición artística de Barros en la que muestra la comparación de su obre en la realidad y en cómo la percibe él. | Fuente: Juan Barros

 

¿Qué relación tenés con el arte?
Es mi cable a tierra, el arte me da el sentido que yo perdí, hoy veo a través del arte. Mis pinturas, mis poesías de mi puño y letra, mis caricaturas y mis esculturas generan una vida visual que si no fuera artista no la tendría. Por ejemplo, si ejerciera solamente de psicólogo sería sentarme y escuchar, gracias al arte hoy veo. Hay una historia puntual que ejemplifica perfecto cómo veo gracias al arte. En 2018 mi madre estaba internada y era yo quien la acompañaba gran parte del tiempo. Con la idea de animarla me propuse pintarle una serie de flores. El problema es que desde que perdí la visión nunca más las había visto, por lo que ya no tenía ni la remota idea de como eran, porque uno va perdiendo esos recuerdos. Lo que hice fue tomar una fotografía con mi celular de una flor que estaba en mi jardín. Ampliándola y aumentando el tamaño pude empezar a hacerme una idea más clara de cómo eran las flores que le quería dibujar a mi madre.

 

Hay una frase que repetís a menudo y se repite en diversas obras de tu taller, “ver no es el límite de la realidad” ¿Cómo surgió?
Si ver fuera el límite de la realidad yo no podría estar haciendo nada de lo que hago hoy. Los límites existen, pero son aquellos en los que aun no encontramos como poder ser. Yo con el arte encontré la manera de ser junto a mi discapacidad, por eso ver no es el límite de mi realidad. Recuerdo que la frase nace cuando estaba en un campo en Lujan en 2008, yo tenía un móvil nuevo, el primero con cámara. Fascinado con la novedad, decidí salir a dar una vuelta solo para intentar de sacar unas fotos. Entre mi poca visión y el sol que me encandilaba yo no veía nada, pero igual capturaba algunas imágenes con el celular, creyendo que probablemente iban a ser malas. Cuando se las muestro a mis amigos no podían creer lo buena que era la foto. Esa fue la primera experiencia que me mostró que ver no es el límite de la realidad.
 

El artista junto a la imagen que retrató en el campo.

¿Cómo se hace arte sin poder ver?
Vos dale a un ciego las herramientas para que sea capaz de un proyecto de vida, y te va a sorprender. Así es como yo puedo hacer arte o ejercer de psicólogo, otro puede competir en los Juegos Paralímpicos y otro ser abogado. Lo que necesitamos son los recursos para desarrollarnos plenamente. En lo personal recuerdo cuando un crítico de arte, para eso del 2003, me felicitó por el gran cambio que veía en mis obras durante el ultimo año. Me felicitaba por pasar de un único formato de 20 cm x 30 cm e incorporar el metro de lado y por la nueva gama de colores. Realmente lo único que había cambiado eran las herramientas, ese fue el año en el que Eureka me empezó a patrocinar. Fueron los nuevos recursos que obtuve durante ese año los que me permitieron desarrollarme más y que este crítico se fijara más en mi obra.

Al momento de entrar al taller del artista lo primero que uno se encuentra es “FarmaBarros”, una de sus exposiciones más conocidas, en la que recicla los objetos del consumo diario en un mensaje de vida. Juan Barros te entrega una percha, te mira a los ojos y sentencia: “Vení, colgá tu imagen acá. En mi taller no la necesitas”, un sentido paralelismo de su manera de entender la vida.