Emigró a Barcelona y dirige una misión sanitaria en Malawi: "Es difícil dejar todo lo que lograste para volver"

Emigró a Barcelona y dirige una misión sanitaria en Malawi: "Es difícil dejar todo lo que lograste para volver"

Es cordobesa, apasionada por la medicina y por el servicio a los demás. Viajó a España para continuar su formación y nunca más volvió al país. Desde hace tres años asiste a comunidades vulnerables de Malawi. Cuando mira el camino recorrido, se da cuenta de que siempre tendrá el corazón dividido.

Florencia Rodríguez Petersen

Florencia Rodríguez Petersen

Gisela Petiti es cordobesa, estudió medicina y realizó la residencia en Medicina interna en el Hospital Privado de Córdoba. "Decidí emigrar a España en 2008. Había terminado la especialización en medicina interna y quería continuar mi formación en dermatología, para lo que debía sumar otros 3 o 4 años de residencia", cuenta y agrega: "Tenía ganas de hacer una experiencia laboral en el extranjero y las perspectivas económicas en ese momento no eran buenas en Argentina: podía realizar la especialidad en dermatología en Córdoba ad honorem o en Buenos Aires, donde el sueldo de residente apenas alcanzaba para malvivir. Por ello decidí homologar mi título de médica al equivalente español y rendir un examen, el MIR (médico interno residente) que te da acceso a la elección de especialidades en diferentes hospitales de España".

El deseo y el esfuerzo comenzaron a dar frutos enseguida. Gisela consiguió una beca que le permitió rotar dos meses en un hospital de Burdeos (Francia) y aprovechó ese viaje a Europa para rendir este examen. "Esto me abrió las puertas para venir a formarme durante 4 años en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, donde me recibí de especialista en dermatología en 2012", dice. "Entonces tenía muchas ganas de regresar a mi país, en el último año de formación en dermatología realicé una estancia en el Rady Children's Hospital de San Diego, California y volví a Argentina. Hice dermatología pediátrica en el Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires con la idea de reencontrarme con la medicina argentina y ver qué posibilidades laborales surgían", recuerda.

Pero el destino tenía otros planes. Volvió a Madrid para finalizar su especialización y recibió una oferta laboral de Barcelona. El plan de volver a Argentina quedó postergado... al menos por ahora. "Creo que lo que me motiva actualmente a quedarme aquí es la estabilidad laboral que logré después de tanto esfuerzo y las muchas oportunidades de seguir formándome profesionalmente", reflexiona consciente del recorrido realizado. 

Malawi: la materialización del deseo de ayudar al otro

"Hacía años que venía buscando proyectos de cooperación relacionados con mi especialidad y que a la vez fueran compatibles con mi ritmo laboral", cuenta al relatar cómo surgió la posibilidad de ir a un destino remoto en África a atender pacientes vulnerables. "Mi única experiencia en esto había sido con el doctor Enrique Caeiro con quien íbamos a 3 dispensarios en las sierras de Córdoba para atender a personas sin acceso sanitario".

Gisela con sus compañeros en el hospital de Córdoba donde realizó la residencia. 

Ya trabajando en Barcelona buscó proyectos que le permitieran hacer trabajo social en América Latina. Pero no había ninguno en el que se pudiera sumar. De nuevo, el destino le tenía preparado un plan alternativo. "En 2018 recibí la oferta desde la Academia Española de Dermatología para participar en una campaña de revisión y tratamiento masivo poblacional en un área rural de la zona de Benga (Malawi) afectada por una epidemia de sarna y no lo dudé ni un segundo, contacté con quien lo organizaba, Cristina Galván, y en octubre de ese mismo año, junto a un grupo de casi 20 sanitarios (la mayoría dermatólogos) partimos hacia allí", relata.

Algo sobre Malawi. Tiene una población estimada de 18,6 millones de habitantes, se encuentra entre los países más pobres del mundo según Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional y según el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que se elabora para medir la calidad de vida de los habitantes, teniendo en cuenta la esperanza de vida al nacer, la educación y los ingresos per cápita, en 2019 Malawi ocupó el puesto 174 (0,483 puntos), por lo que sus habitantes están entre los que ocupan el peor lugar.

El proyecto DerMalawi al que Gisela se sumó sin dudarlo, se inició en 2015. Desde entonces se han llevado a cabo 9 campañas de asistencia dermatológica -que prestan especial atención a las enfermedades tropicales- y dos quirúrgicas en Benga, que corresponde a la zona más rural, más carente de infraestructuras y de asistencia sanitaria y con el nivel socio económico más bajo del país. Como profesional, explica con un compromiso con la comunidad albina de la zona que suele presentar cánceres cutáneos desde la infancia. 

Mejorar la calidad de vida de las familias es el objetivo último de la misión en Malawi. 

"El principal objetivo de nuestro proyecto es la mejora de la salud a través del empoderamiento de la población local. Busca prestar servicios de formación y asistencia en medicina dermatológica, curativa, preventiva y comunitaria, en íntima colaboración con el personal local, las autoridades sanitarias del país y los organismos internacionales", comenta Petiti y continúa: "La primera vez que fui, en el marco del proyecto STOP sarna, atendimos a un total de 45.000 pacientes, los revisamos uno por uno, fuimos de escuela a escuela y de casa en casa en los diferentes poblados. A raíz de este trabajo se redujo la prevalencia inicial de población afectada de sarna del 17,2% al 2,4%.. Fue una experiencia muy gratificante para mí, pero a la vez muy dura tanto física como emocionalmente, había días que no podíamos esconder las lágrimas de frustración y de pena".

Enamorada del corazón de África

"A Malawi se la conoce como el corazón cálido de África, su gente es maravillosa, tenía que volver", cuenta Gisela feliz por la experiencia vivida. "Al año siguiente, en octubre de 2019 volví como jefa de equipo de una campaña de atención médica dermatológica, en este momento mi intensión principal fue además de brindar asistencia dermatológica general y continuar con el proyecto de lucha contra la sarna. Fuimos 5 dermatólogos y una microbióloga. Atendimos a 1189 pacientes en 3 semanas. Con la ayuda de farmacéuticos instruimos a un grupo de personas de la comunidad para que aprendan a fabricar muchos de los tratamientos que se necesitan allí (permetrina en crema, jabones antimicóticos, etc.)", relata. 

El plan era volver en 2020 y nuevamente quedó trunco. ya que las campañas previstas se pospusieron por la situación de la pandemia covid-19. "Ya que no podíamos acudir allí, nos unimos y juntamos fondos para comprar telas y con la ayuda de los misioneros de la parroquia de Benga, agentes y costureros locales se pudieron fabricar 15 mil tapabocas que fueron distribuidos en los poblados, mientras se les explicaba cómo prevenir los contagios. Más tarde enviamos una donación de 89000 mascarillas.  Reunimos el dinero para poder inaugurar allí un consultorio y un quirófano además de dotar de energía eléctrica al Hospital Alinafe, que es uno de los sitios donde prestamos atención médica", comenta con satisfacción.

"Cuando no estamos en terreno mantenemos la asistencia durante todo el año a través de una red de teledermatología con los sanitarios locales. Entre campaña y campaña intentamos dejar los medicamentos que ellos necesitan", celebra la cordobesa.

En los últimos años, como jefa, tuvo que aprender tareas que no son específicas de su área: "He tenido que encargarme de la recaudación de fondos, de conseguir donaciones, de la organización logística y burocrática de las campañas, el manteamiento de las redes sociales y página web, que son tareas muy engorrosas para nosotros que como médicos nos imaginamos solo aportando el valor que tiene nuestra formación pero que son tareas que se deben realizar, y que además me llevan mucho tiempo", dice. Los participantes del proyecto son voluntarios y por eso es fundamental la recaudación de fondos para viáticos, insumos médicos y hasta traductores que son imprescindibles para acercarse a la comunidad. 

En el Hospital Moisés Broggi de Barcelona. 

"Tengo previsto volver como jefa de equipo del 8 al 31 de octubre, junto a otros 10 dermatólogos de diferentes puntos de España, una microbióloga y una enfermera con experiencia en cooperación. Estoy muy contenta de poder volver y convencida de que poco a poco, aunque sea con este granito de arena, podremos ayudarles a mejorar su salud dermatológica, y con ello algo de su calidad de vida", dice.

¿Volver a Argentina? Una pregunta aun sin respuesta

"Extraño muchas cosas de Argentina. Sobre todo a mi familia y a mis amigos de toda la vida. Siempre intento verlos por lo menos dos veces al año, pero con la pandemia la sensación de distancia se ha hecho mayor", reconoce Gisela. Confiesa que la posibilidad de volver a Argentina siempre da vueltas en su cabeza. "¿Por qué? Porque uno hace lazos donde vive, amigos muy importantes pero a la vez vivo con esa sensación de 'saudade' que tenemos la mayoría de los migrantes, esa sensación de nostalgia, de estar perdiéndote de disfrutar de lo cotidiano con tus seres queridos. No descarto en absoluto volver a vivir y a trabajar en Argentina, aunque no puedo decir cuando, al hablar con mis ex compañeros y amigos médicos de allá me aconsejan que por el momento me quede acá. Es difícil emigrar, pero a la vez es difícil dejar todo lo que has logrado para volver, me parece que al final siempre tendré el corazón dividido", concluye. 

En abril de 2021, luego de muchos meses sin visitar la Argentina, Gisela pudo viajar a Goya, donde viven sus padres. Aprovechó para compartir tiempo con sus hermanas y sobrinos.

 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?