Juzgan a delincuentes patagónicos que secuestraron a un joven mendocino

Juzgan a delincuentes patagónicos que secuestraron a un joven mendocino

"¿Nos podremos ahorrar la parte en la que me meten dentro de un baúl?", pidió S. cuando lo despertaron con un revólver en la cabeza mientras dormía en su propia cama. Entre los intrusos también había miembros locales. Y el padre entregó el dinero del rescate, pero la Policía siguió las pistas.

Facundo García

Facundo García

Por estos días se realizan las audiencias del juicio por el secuestro del joven S., que fue sacado de la cama donde dormía en Guaymallén y trasladado en un auto por parte de una banda organizada que se comunicó con su padre y le pidió un cuantioso rescate. Los delincuentes no sabían, desde luego, que la Policía los detectaría y les allanaría el "aguantadero" poco después. 

Eran cerca de las 10 de la mañana de aquel 12 de julio de 2018: S. (24) roncaba en el primer piso de su casa en el Barrio Jardín Village (Dorrego) cuando lo despertó un hombre armado, con acento raro, que lo condujo a la planta baja, donde V. -la mujer que trabajaba limpiando- ya estaba maniatada. 

Se cree que el sujeto que le dio el susto a J. fue Nicolás Agustín "Monito" Leal, quien sería el coordinador del comando. "Un flaco con pinta de caretita", lo describió más tarde un testigo.

"Te vamos a tener que secuestrar"

Alrededor había otros tres tipos que empezaron a "apretar" al pibe: le preguntaron por dinero y comenzaron a llevarse electrodomésticos. En estas circunstancias suelen generarse momentos muy tensos, porque si los asaltantes han recibido un "dato" y ese dato no se corrobora en los hechos, suelen creer que la víctima les está mintiendo.

Como sea, y al ver que en la casa no había mucha plata, los maleantes directamente decidieron llevarse a S. "Te vamos a secuestrar y le vamos a pedir un rescate a tu viejo. Tranqui que no te vamos a hacer nada”, resumieron.

Adentro del baúl

Si no fuera porque se trató de una situación horrible, el diálogo que consta en el expediente tendría cierta gracia. Cuenta S., el secuestrado:

—Ellos me decían ‘te vamos a tener que secuestrar y vos vas a hablar con tu viejo. Le vas a decir que estás en un baúl en la montaña’. Yo les contesté: ‘¿y no nos podemos ahorrar la parte del baúl?’.

A las 10:28, los delincuentes agarraron el teléfono de S. y desde ahí llamaron a su padre. Le pidieron la friolera de 4 millones de pesos si quería volver a ver a su hijo. Hoy es mucha plata. Tres años atrás era una fortuna.

Cuando salieron en un VW gol, S. alcanzó a ver que había un quinto secuestrador. Lo subieron en el asiento trasero del coche -tenía vidrios polarizados- y lo pasearon por media Mendoza, hasta que le pidieron al cautivo que los llevara hasta la empresa de su padre, ubicada en 9 de Julio y Gutiérrez.

Igual no se quedaron ahí: acordaron con el padre la entrega del dinero en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus. 

Foto: Pixabay.

La entrega

"¡Lo que nos estás ofreciendo es una mierda!", rugió uno de los negociadores cuando el padre de S. les dijo que no tenía 4 millones y que sólo podía conseguir 200.000 pesos. Así y todo, se coordinó el punto de intercambio. 

Si hubiese pasado por allí un testigo ocasional, no habría entendido nada: un hombre mirando desesperado hacia un auto en el que se veía a un muchacho asomando una pierna...

Fue, como se dijo, cerca de la Terminal. Los dos vehículos se estacionaron. El papá pidió por teléfono que le mostraran dónde estaba su hijo. Y desde el otro rodado los secuestradores le hicieron sacar un pie al muchacho por la puerta trasera izquierda. Si hubiese pasado por ahí un testigo ocasional, no habría entendido nada: un hombre preocupado mirando hacia un auto donde otra persona sacaba la pierna.

Tras esa extraña comprobación, el señor les entregó, a las 11:01, la plata que había conseguido. Hecho esto, S. salió del Gol y se metió en el auto de su padre. Y se fueron.

El aguantadero

Los delincuentes no eran improvisados: el fiscal federal Fernando Alcaraz, que llevó adelante la instrucción, cree que un grupo se ocupó de la sustracción de la víctima, mantenerla privada de libertad, llevar acabo las comunicaciones extorsivas, de su posterior cobro de rescate y finalmente de la liberación. Otro grupo se ocupó de realizar el seguimiento y vigilancia del padre, para garantizar la impunidad. Y a ello cabe agregar que un tercer equipo se concentró en procurar los medios para hacer de "campanas", conseguir los autos y colaborar en la logística.

La mitad de los imputados provenía de la Patagonia, más precisamente de Río Negro

Sin embargo, la banda no sospechó que mientras todo lo anterior pasaba alguien había avisado a los investigadores, por lo que se inició un seguimiento. El secuestro fue en julio: en agosto, los detectives ya tenían detectado el aguantadero de la banda, ubicado en la calle Leónidas de Aguirre de Ciudad. A fines de septiembre lo allanaron

Seis hombres quedaron tras las rejas. Según se supo, la mitad de los imputados provenía de Río Negro. La pata local les proveyó de vehículos "truchos" para poder moverse con impunidad, más los datos.

En consecuencia, los rionegrinos "Monito" Leal, Germán Ezequiel Ibargoyen y Héctor Alexis "Tati" Díaz fueron acusados junto al ala mendocina, integrada por Oscar Alberto "Enano" Traico, Jorge Sixto Coria Cabeza y Jonathan Exequiel "Puchero" Tempestti.

Aún no se sabe qué penas pedirá la fiscal que está actualmente a cargo del caso, María Gloria André. Pero las audiencias continúan y habrá que ver si las defensas consiguen desvincular a alguno de los nombrados. Por ahora, una de las versiones de la historia es la que figura aquí. Y no parece dejar mucho espacio para inocentes

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