La importancia de permitirnos ser humanos, incluso equivocarnos
Por Diana Chiani / Comunicadora, editora y Coach Ontológico Profesional IG: @milyunrelatos [email protected]

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El inicio del jardín de infantes, la escuela secundaria, el primer trabajo, una clase de canto. Atravesamos puertas de ida y vuelta durante toda nuestra vida y, muchas de ellas, implican grandes desafíos, aprendizajes y sorpresas.
Las expectativas de lo que habrá detrás de cada puerta son relatos que construimos con deseos, supuestos, sueños y miedos; entre miles de otras letras y materiales. Claro, no siempre las puertas se abren para el lado que pretendemos y ¿a quién no le ha pasado de intentar abrirla justo para el lado contrario de lo que el cartel indicaba?
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Sin embargo, eso sucede muy poco en relación con todas las veces que sí logramos atravesar las puertas que elegimos abrir. Y es que si tuviéremos que hacer una cuenta rápida, son tantas las cosas que hemos logrado, superado o alcanzado que no bastaría un cuaderno entero para escribirlo (y de paso invito a quien se anime a hacer una lista de sus alegrías, metas alcanzadas y habilidades propias).
No obstante, solemos acordarnos casi con exclusividad de las puertas que no pudimos abrir, las que nos dejaron con el picaporte en la mano o las que estallaron justo cuando intentábamos atravesarlas.
Los relatos sobre lo que no pudimos o no hacemos como deberíamos abundan en nuestra historia. No obstante, poco acostumbrados estamos no solo a honrar el recorrido que sí hicimos y nos dejó en donde hoy estamos sino que más bien solemos desdeñarlo: o faltó algo, o pudo haber sido mejor o nos descalificamos con los adjetivos más duros que encontramos.
Pero hay más. Desde mi propia vivencia y también por las compartidas, todo lo anterior a veces se resume en no haber llegado a estándares que otros pusieron ahí. Compramos el mensaje de que hay que tener y mostrar el paquete completo de lo que sea. Todo, debe, además, ser perfecto.
No siempre nos permitimos ser humanos y todo lo que ello implica
Algunos podrían tildar lo anterior de exagerado o cliché. Y puede que lo sea, pero también siento que, aunque lo sepamos desde la razón, lo cierto es que no siempre nos permitimos ser humanos y todo lo que ello implica: equivocarnos, no querer para nosotros todo el rosario de deberías o sufrir secretamente porque no está bien mostrar lo que nos duele en serio.
¿Nos faltó algo? ¿No salió perfecto? ¿Debería haber sido diferente? ¿Según quién? La invitación es hoy a preguntarnos por todo lo que estuvo, salió excelente y sí fue. No se trata de conformarnos sino de pararnos del lado de las posibilidades, de nuestras capacidades y logros.
Solo así sabremos con qué contamos a la hora de alcanzar aquello que de verdad queremos y abrir las puertas para atrevernos a jugar. Porque desde el cuento de que no somos capaces, mover la maquinaria parece un imposible y, entonces y sin darnos cuenta, nos damos la razón una y otra vez.