Abandonó su pueblo, sin bancos ni estaciones de servicio, para perseguir su sueño
Yamila Valdez se crió en Garaví, Corrientes. Un pueblo muy pequeño que cuenta con poco más de 800 habitantes según datos del INDEC del 2010. Yamila nos cuenta que el pueblo no tiene ni cajeros ni bancos. Tampoco correo o estación de servicio y “esas cosas”. “Hace poco empezaron a arreglar las calles y a hacer plazas pero lo justo y necesario nomás”, comenta.
Te puede interesar
Vendimia, luminoso paso de Andrea Colamedici entre las penumbras
La gente de Garaví, como muchas de las zonas rurales del país, no tiene acceso a ninguna educación universitaria y los que quieren seguir estudiando deben dejar a su familia y mudarse a muchos kilómetros de distancia para continuar con su educación.
“En general, los jóvenes se van a Santo Tomé o Virasoro para estudiar una carrera terciaria y sino no hacen nada si no tienen los recursos necesarios porque no hay muchas familias en las condiciones para mandar a sus hijos a Santo Tomé o Virasoro, porque eso implica alquilar. Entonces es bastante difícil el hecho de salir de acá y vivir acá porque mucho no tenemos y tenemos solo un colegio secundario”, explica Yamila que actualmente se encuentra cursando su tercer año de la licenciatura en comunicación social en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y sueña con ser periodista deportiva.
-¿Cómo es el proceso de selección para el programa de residencias universitarias de Fundación Sí?
-Manu (Lozano) había venido con su equipo a mi pueblo. Fueron a mi escuela y nos contaron de qué se trataba el proyecto de las residencias universitarias. Yo estaba en un dilema de qué iba a estudiar porque acá cerca no había nada de lo que me gusta y me iba a tirar por un profesorado. En octubre de 2018 más o menos llegaron ellos con la propuesta y se los dije a mis padres. Ellos me dijeron que si me dan todo eso y la posibilidad de estudiar que vaya. Luego me inscribí y fui a Corrientes capital, donde está la residencia. Ahí nos hicieron un par de entrevistas, un test psicológico y unos exámenes para ver cómo era nuestro nivel. Después nos avisaron a quiénes habíamos quedado.
-¿Cómo es la convivencia con tus compañeros de residencia?
-Nosotros en 2019 vivimos en la primera residencia en Corrientes, con los primeros residentes y los primeros coordinadores. Era todo nuevo básicamente y fuimos creando diferentes estrategias para una buena convivencia en cuanto a respeto, el silencio de estudio y organización. Éramos 40. Tuvimos que ir pensando y organizando cómo cocinábamos para tantos. Fuimos armando grupos rotativos y cada uno se lavaba su plato cuando terminaba. Todos los días se limpiaba e iban rotando los grupos. La convivencia se fue construyendo a prueba y error, veíamos qué estrategias para organizarnos entre todos funcionaban y cuáles no. Hoy las cosas marchan muy bien.
-¿Cuál es el rol del coordinador?
-El coordinador lleva el control de las facturas, la comida cuando hace falta, las compras. Hay que llevar un stock de cosas y se le va a informando qué falta pero no vive con nosotros. Después hay un tutor académico para que le preguntemos dudas sobre las carreras, nos van acompañando en la carrera y ellos saben cómo nos va yendo, le vamos contando. Además, contamos con un voluntario acompañante está para dudas de convivencia o problemas dentro de la casa.
-¿Cómo impactó la pandemia en el estudio?
-Yo pude seguir bien estudiando. Vine a mi casa cuando confirmaron que todo iba a ser virtual. El problema ahí era la conexión a internet. Entonces por suerte instalamos WiFi en mi casa y a partir de ahí pude estudiar re bien.
Yamila es una de los más de 800 chicos que pueden estudiar gracias al programa de residencias universitarias de Fundación Sí. Además, colaborando en la campaña navideña Un Mundo De Gente, podés ayudar a que estos chicos que viven en las residencias y los próximos que se sumen puedan estudiar una carrera universitaria ya que la ayuda será destinada a la manutención de las residencias universitarias.

