Concordia: la actitud olvidada que puede salvar la grieta
“En medio de grietas, discusiones, peleas y desencuentros entre los argentinos en al ámbito político y social, la Iglesia de Buenos Aires ha vivido una experiencia dando valor al diálogo, la escucha y la búsqueda de consensos para trabajar y caminar juntos”, dice monseñor Enrique Eguía Seguí, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires. El primer Sínodo de la Iglesia de Buenos Aires comenzó a mediados de septiembre y concluyó hacia fines de noviembre.
Con el lema “Caminamos juntos en el Espíritu para renovar la misión en Buenos Aires”, 210 representantes de distintas parroquias, comunidades religiosas, sacerdotes y grupos pastorales se reunieron para debatir las respuestas que la Iglesia puede dar al mundo actual. El sínodo marcó el cierre de un proceso de cuatro años que comenzó como respuesta al pedido del papa Francisco de lograr que la Iglesia sea más abierta y permanezca en diálogo con la realidad actual. En este sentido, es clave la participación de todos los integrantes de la comunidad.
Para comprender mejor las implicancias que este encuentro tendrá en la sociedad conviene adentrarse en el significado de la palabra “sínodo” -caminar juntos- que fue acuñada en los comienzos de la iglesia para definir a los cristianos que se llamaban a sí mismos los “del camino” siguiendo las huellas de Cristo “camino, verdad y vida”.
Según Eguía Seguí, “la ‘sinodalidad’ implica la audacia de vivir unos a la escucha de otros y “todos a la escucha del Espíritu Santo” para crecer en comunión, amistad y alcanzar consensos en el diálogo y la escucha que ayuden a vivir unidos”. Una idea que también plasmó monseñor Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires, en el primero de los seis encuentros que tuvieron lugar durante el Sínodo de la Iglesia de Buenos. En la misa inaugural Poli señaló la importancia de la escucha, declaró que es clave para “comprender mejor a nuestros hermanos”.
“La dinámica sinodal del “todos, algunos, uno” permite que a la hora de la toma de decisiones de índole pastoral, todos participen con sus aportes, algunos aconsejen y ayuden a tomar la decisión adecuada y uno -el responsable- decida, teniendo en cuenta el parecer del conjunto. Lo que a todos compete, debe ser tratado por todos”, señala Eguía Seguí. Y cita al papa Francisco para justificar cómo esto brinda respuestas a un “mundo que -aun invocando participación, solidaridad y la transparencia en la administración de lo público- a menudo entrega el destino de poblaciones enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder”.
La experiencia sinodal quedó plasmada en cuatro documentos que alcanzaron su consenso final en votaciones para definir la concordancia de los delegados a los mismos. “Notemos que la palabra ‘concordancia’ no solo habla de corazones unidos sino también de acuerdos profundos donde cada uno se involucra con el prójimo en gestos de ‘concordia’”, dice Eguía Seguí y concluye: “Esta experiencia tan rica ha permitido tomar conciencia que es posible trabajar por una ‘cultura del encuentro’ en orden a construir la ‘fraternidad universal’. Como enseña el Papa Francisco: todos somos hermanos y nadie se salva solo”, remata consciente del impacto que tiene cultivar el encuentro como medida para sanear la grieta.

