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Militancia, pasión y construcción colectiva

Definir la militancia es imposible sin relacionarla con un sinfín de emociones y sentimientos que se hacen cuerpo. Militar es mucho más que actuar en pos de un objetivo en común, militar es abrazar una causa desde el amor, es defender una serie de principios y valores que nos convocan.

La militancia no sólo es una pasión, es la muestra viva de estar al servicio de los ideales para verlos realizados. Lejos estoy de ponerme romántico, también es un término bien concreto. Es la acción de las ideas llevada a la práctica.

Para mí, la militancia es solidaridad, justicia y compromiso. Ser militante es querer formar parte de las soluciones a los problemas cotidianos. Muchas veces la política pasa por alto esos humores que marcan el pulso de la opinión pública, esas preocupaciones cotidianas y tan reales. La militancia permite poner el foco en aquello que hace que nuestros vecinos, nuestras familias o el resto de los argentinos puedan vivir realmente un poco mejor.

Me sumé a militar convencido de que para ser parte de la solución y no del problema hace falta arremangarse. Eso sí, lo hice sin tener muy claro los “cómo”. La hoja de ruta se traza en equipo, con el oído atento a la realidad, a lo que dice la calle. Ese trabajo en conjunto de cada uno de los militantes de a pie permite que los dirigentes puedan construir un liderazgo que integre distintas miradas, diferentes perspectivas con un objetivo claro: mejorar nuestra realidad.

La militancia además es un espacio que enseña sobre lealtades, compañerismo, servicio y compromiso. Pero toda luz tiene sus sombras, y en numerosas ocasiones es una gran lección sobre mezquindades, egos y miedos.

Militancia es tiempo de actuar

Después de largas jornadas de trabajo, después de interminables y acaloradas discusiones puertas adentro, muchas veces siguen las bajadas de línea que dicen “todavía no es tu tiempo”. Allí, los militantes vemos flaquear nuestras aspiraciones o sueños. Sin embargo, la respuesta de nosotros los militantes debe ser “¿entonces cuándo es?”. Es tiempo de actuar.

Las ansiedades e inseguridades pueden poner en duda los motivos por los que seguimos adelante, pero la férrea convicción de querer aportar para la mejor toma de decisiones nos vuelve a poner en marcha. Ser militante también es resistir la adversidad en los resultados, en las decepciones y en los sinsabores. Lo más importante es no perder nunca de vista las propias convicciones.

A lo largo del tiempo me han preguntado por qué invierto tanto tiempo en algo que no paga. Por qué dedico horas y horas en algo que me trae muchísimos dolores de cabeza. Para mí, la respuesta es clara: porque no soy capaz de concebir mi vida individual por fuera de mi vida política. No puedo estar pasivo frente a la desigualdad, la pobreza o la inseguridad.

Como militante trabajo todos los días para hacer realidad una mesa en la que se puedan sentar todos los argentinos y las argentinas. Trabajo con la mira puesta en lograr que este país vuelva a ser un hogar de hermanos, recuperar la Argentina como una tierra de oportunidades.

Para eso, la militancia tiene un papel clave. Es una herramienta que permite encontrar puntos de acuerdo más allá de las diferencias ideológicas, porque lo trascendental va a ser siempre la búsqueda del bien común.

Militancia es lugar de encuentro

En la militancia encontramos amistades, compañeros de ruta, maestros y arquetipos de lo que queremos lograr. Nada puede conseguirse si no es trabajando de forma colectiva y transversal. Trabajando con los demás, codo a codo, porque en ese intercambio surgen ideas y nuevas oportunidades.

Hay que tener en claro que la militancia va mucho más allá del convencer. Ser militante tiene más que ver con compartir. Compartimos vivencias, anécdotas, viajes, pero también frustraciones y sueños.

Militamos para transformarnos en dirigentes, pero no en la dirigencia que criticamos, sino en dirigentes con vocación de diálogo, con una enorme voluntad de construcción colectiva. Si eso no sucede, toda la experiencia vivida no será más que la réplica de un modelo que ya está terminado.

Hoy es un día para fortalecer los liderazgos y crecer en empatía. Tenemos por delante la oportunidad para dejar de ver enemigos en quienes piensen diferente y comenzar a construir espacios de diálogo permanente, pacificar la historia desde la base.

Existen miles y miles de militantes de a pie a lo largo de toda la Argentina motorizados por las ganas de avanzar hacia un país mejor, activo y protagonista de su tiempo. Es cuestión de generar el punto de encuentro.

* Martín Lazarte es abogado y consiliario de la Universidad Nacional de Córdoba, donde representa a los graduados