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Sebastián Moro, el valiente periodista mendocino muerto en Bolivia

Nació y vivió en Mendoza. Murió en Bolivia, luego de anticipar el golpe de Estado en ese país y pagar el costo de ser honesto. Tuvo alto sentido de la militancia en el ámbito de lo social. Su memoria está a salvo, pero su familia busca justicia, en medio de un escenario de caos.

Su última nota fue publicada el 9 de noviembre del año pasado. En ella, de manera visionaria y valiente, Sebastián anticipaba -antes que cualquiera- el golpe de Estado que estaba a punto de producirse en Bolivia y que depuso a Evo Morales de su cargo de presidente.

Es extremadamente probable que ese acto de arrojo periodístico le haya costado la muerte, previa golpiza o tortura o ambas calamidades a la vez.

Quién sabe si todos lo saben y quién sabe si quieren saberlo: fueron –son– días de caos los de Bolivia: pasó –pasa– de todo en el hermano país: asesinatos, lapidaciones, violaciones, ejecuciones, robos, censuras, prohibiciones, en fin, una serie de atrocidades cuidadosamente silenciadas. En Bolivia, desde hace varios meses, pasan aquellas cosas que ocurren en los países que son víctimas de un gobierno dictatorial como el actual.

Seba, en el teleférico de La Paz, Bolivia (Foto Penélope Moro).

El mendocino Sebastián Moro llevaba dos años trabajando en ese país. Era editor jefe del diario Prensa Rural y salía al aire por Radio Comunidad (medios afines a Evo, pertenecientes a la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) y también, desde poco antes de las elecciones de principios de noviembre, era corresponsal del diario argentino Página12 en Bolivia.

- Él estaba muy feliz. Después de todo lo que debió pasar en Radio Nacional Mendoza, desde que asumió Macri en Nación, debió renunciar y, entonces, apareció Bolivia, donde se sentía realizado. A diario se comunicaba con nosotros. Somos una familia muy unida: mi madre, mi hermana, mi hija Sabina y el Sebi

Melody, Raquel, Sabina y Peni, fotografiadas por Sebastián, en los tiempos felices

Quien habla, como puede, es la actriz Melody Moro, una de las hermanas de Sebastián; la otra, Penélope –Peni– es comunicadora. Las dos son muy conocidas en los ámbitos de la cultura de Mendoza, porque, al igual que su hermano, fueron y son protagonistas habituales de este mundillo de lo simbólico y lo social.

Melody nos aporta algunas imágenes para dimensionar la furia del golpe boliviano: al jefe de Sebastián, José Aramayo, fueron a buscarlo, destrozaron e incendiaron los medios en que trabajaban y lo amarraron con cables y, ya en la calle, lo ataron a un poste de luz y comenzaron a pegarle con bates de béisbol.

Por aquí y por allá, mataron a obreros y a muchas mujeres collas, manifestantes con la Biblia en mano, las torturaron y las violaron hasta matarlas. Y a algunas las siguieron violando, ya muertas.

La noche anterior, Seba y su jefe fueron a sacar lo que pudieron de los medios y empezaron a trabajar desde sus casas, para no dejar de contar lo que se venía en Bolivia.

- Ahora, nadie cuenta lo que allí está pasando, con la nueva gestión. Todos los medios están hackeados o prohibidos y los grandes medios de Latinoamérica no dicen nada, asegura Melody.

Peni y Seba en Radio Comunidad, de La Paz. Puro amor

La noche del 9/11, la familia, desde Mendoza, pierden todo contacto con el periodista mendocino. Las calles eran escenario de actos violentos masivos. Le piden a un amigo boliviano que vaya a ver “si el Sebi está bien, porque no contesta el teléfono”.

Su amigo lo encuentra semi inconsciente y lo lleva de urgencia a una clínica privada; avisa, además, a la azorada familia.

Peni armó un bolso, consiguen algunos vuelos y se subió de inmediato a un avión, camino al infierno. Luego de varias penurias, logró entrar al país y llegar a la clínica. Lo primero que observó fue que apenas funciona con guardias. Todo el país era puro desconcierto.

Halló a su amado hermano en coma y, llamativamente, descubrió que su cuerpo estaba marcado por severos politraumatismos; como buena periodista, tomó fotos del cuerpo de su hermano. Los médicos que dieron cuenta de la situación, por lo bajo, sin que se escuche, le dijeron que parecían golpes, “tal vez, lo torturaron, tal vez lo golpearon repetidamente”.

Melody y Raquel, su madre, llegaron al día siguiente. Advertidas del caos, llevaron medicamentos, porque nada funcionaba en el país: no había insumos, profesionales disponibles ni bancos. A la vez, la clínica privada al verlas llegar, con Ctrol+P, comenzó a imprimir facturas a lo loco.

Finalmente, vendría un ACV, del que el joven de 40 años no se recuperaría, dejando su latido el 16 de noviembre, en una Bolivia marcada por la sangre y la ignominia, mientras muchos gobiernos de la región, incluyendo el entonces argentino de Macri, se hacían los zonzos y festejaban bajo las mesas la caída del colla presidente.

Es una muerte “extremadamente dudosa”, les repite un médico, que pide discreción.

Sebastián Moro se convertía así en una víctima mortal más del golpe de Estado boliviano.

No le hicieron autopsia. La familia, muy asustada por lo que vivía a diario en Bolivia, decidió cremarlo y, rápidamente, huir de ese territorio de horrores.

Ya en Mendoza, comenzaron a ver todo con más claridad: a Sebastián lo habían matado por contar la verdad. Y, por ahora, hasta que la democracia retorne, poco y nada se sabrá de sus últimas y dolorosas horas.

- Estamos buscando que la investigación se mueva, que el gobierno argentino tome cartas en el tema, pero también entendemos que allí ahora hay una dictadura y que todo está silenciado y hasta están matando a familias enteras, dice Melody, tomando café y armando su tercer cigarro de la mañana.

Antes de regresar a Argentina, les extendieron un certificado médico que habla de que el deceso del joven se produjo “producto” de los politraumatismos recibidos , que llevaron a un ACV. Fue lo máximo que consiguieron.

Ahora, ha comenzado el peregrinar de estas mujeres tras dos banderas que siempre han apoyado, pero nunca como protagonistas: memoria y justicia. Memoria y Justicia por el Sebastián.

La familia se reunió con Evo Morales.

El sábado, toda la familia se reunió en Mendoza con Evo Morales, el presidente depuesto que, luego de la cita, escribió en Twitter: "Conversamos con Raquel Rocchietty, Melody y Penélope, mamá y hermanas del periodista argentino Sebastián Moro, una de las primeras víctimas del golpe de Estado en Bolivia. Exigimos el esclarecimiento de su muerte. Nos solidarizamos con su familia que reclama justicia".

El joven ha dejado mucho material de su vida profesional; ya llegará el momento, con la justicia aplicada, de trabajar por su memoria.

- Seba estaba en uno de los mejores momentos de su vida, súper lúcido y productivo, contento con su trabajo. Defendía con sus notas a obreros y campesinos, publicaba lo que otros no se atrevían a publicar. Buscaba las realidades más crudas. Era un periodista de esos que tanta falta hacen. Ahora, nos toca a nosotras cargar su bandera, una bandera muy grande y pesada, cierra Melody, con la mirada tan triste, que entristece.

Mientras las denuncias del caso han sido radicadas en Bolivia y Argentina y han llegado, además, a distintos organismos internacionales (como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Naciones Unidas). 

Seba comiendo marraqueta, el rico pan boliviano

El 19 de marzo, a las 19, en el Espacio de la Memoria, de Peltier y Belgrano, habrá un homenaje a este muchacho que dejó su vida comportándose con compromiso y valentía, como deberíamos hacerlo todos los periodistas.

Sebastián, entre muchas cosas, acompañó a Madres y Abuelas en las marchas. Ahora, su madre Raquel es una madre más de esas madres, porque su hijo, el Sebi, es el primer periodista asesinado por el golpe de Estado que hay en Bolivia y, aunque su memoria está a salvo entre tantos que lo aman, todavía no hay justicia para su infortunado corazón. 

Ulises Naranjo.