Fabián Sevilla, el escritor mendocino que reivindica la esperanza

Fabián Sevilla, el escritor mendocino que reivindica la esperanza

El autor mendocino nos trae ‘La señora que usaba galera’, una novela que utiliza el humor absurdo para cuestionar la estructura rígida y autoritaria de la sociedad, y además pondera a la imaginación, la creatividad y la aceptación como elementos clave para volver a creer en la esperanza.

Nicolás Munilla

Nicolás Munilla

Fabián Sevilla vuelve a sorprender en la literatura infanto-juvenil con ‘La señora que usaba galera’ (Editorial El Ateneo), una novela que utiliza el humor absurdo para cuestionar la estructura rígida y autoritaria de la sociedad, y además pondera a la imaginación, la creatividad y la aceptación como elementos clave para volver a creer en la esperanza de vivir en un mundo mejor.

Con ilustraciones de Ivana Calamita, la obra invita a seguir las aventuras de una señora que porta una simple galera y lleva su casa en una mochila, lanzada a la búsqueda de su lugar en el mundo para vivir cómodamente, y cuya llegada a un pueblo monocromático causará verdadero alboroto.

Un elemento imprescindible de la historia es la galera, considerada por los demás como algo ‘fuera de época’ e inusual para que lo use una mujer. Esto provoca desde el inicio una disrupción por parte de la protagonista frente al orden establecido y que a su vez, marca el ritmo de la narración, tal como explica Sevilla en conversación con MDZ.

En tanto que Cúcara Mácara, el escenario donde transcurre la mayor parte de la trama, es un pueblo pintado de un solo color gris y sin una plaza, con pobladores que han perdido la capacidad de imaginar y soñar, guardando sus deseos en lo más recóndito para no sentirse burlados. Esto empieza a cambiar con la llegada de la ‘engalerada’, que los entusiasma con sus propuestas. “Todo cambio puede ser crítico, pero redunda en una vida mejor”, sostiene el autor.

Esa apertura del personaje principal como alguien que ‘se muestra tal cual es’ ante los demás representa una oportunidad de autoaceptación y empatía hacia el otro, entendido como que la valoración de uno mismo es el primer paso para la construcción de una sociedad más abierta, creativa y predispuesta a las nuevas ideas. De hecho, aquí radica el conflicto de la novela, según el autor: “Aparece esta mujer con una galera, que es diferente. ¿Por qué no es como debería ser? Eso sustenta el hecho de poder cuestionar una retrógrada escala de valores y algunos esquemas de pensamiento que atrasan”.

Al igual que sucede en sus otros trabajos, Sevilla reivindica con esta novela la figura del adulto mayor, considerándolo como un eslabón esencial en la reconstrucción social y un verdadero mártir frente a las injusticias que padece cotidianamente, una perspectiva que cobra mayor relevancia en este contexto de emergencia sanitaria donde “los viejitos y las viejitas”, como los denomina cariñosamente el autor, resultan muy afectados no solo por la enfermedad en sí, sino también por algunas disposiciones gubernamentales que no ayudan.

A su vez, esta obra entabla un diálogo intenso pero armonioso entre la palabra y la imagen. Por un lado, el escritor mendocino despliega un lenguaje absurdo e inteligente, abundante en giros inesperados y situaciones desopilantes, lo que resulta en una conexión divertida con el lector. Por otro, las ilustraciones de Calamita resultan en una amplia gama de colores y texturas que complementan la historia y le dan un espacio visual muy interesante.

Desde un mensaje simple, humilde y certero, ‘La señora que usaba galera’ invita a repensarnos como individuos sociales y en recuperar al humor absurdo como herramienta para fortalecer el pensamiento crítico entre las viejas y las nuevas generaciones de lectores.

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