Emma, la 'centenaria' de Villa Marini

Emma, la 'centenaria' de Villa Marini

Emma Quiroga de Fiuri cumplió cien años y lo celebró rodeada de familia, amigos y mucha emoción. Su vida estuvo marcada por la crudeza, el trabajo y la felicidad, en un barrio al cual está fuertemente vinculada y que acompaña su camino desde el principio.

"Tengo cien años y me siento bastante bien, gracias al Señor". En una frase simple y cargada de religiosidad, Emma Filomena Quiroga de Fiuri resume en forma inigualable su llegada al 'centenario', edad que resume una vida marcada por la crudeza, el trabajo y la felicidad.

En su casa ubicada en el corazón de Villa Marini, barrio donde forja sus vivencias desde muy pequeña, Emma expide armonía a través de su dulce pero firme voz, demuestra fortaleza mediante la meticulosidad que deposita en sus palabras, y destella un cálido brillo de sus vivaces ojos. Sus recuerdos discurren entre pesares y regocijos, dolores y alegrías aunque, pese a los vaivenes emocionales, no reniega de ellos, al contrario, los asume con hidalguía.

Emma tiene presente que ha sido recompensada, no solo con una muy buena salud que le permite ser ahora una 'centenaria', sino además con el amor y el acompañamiento de muchas personas que la rodean y cuidan de su bienestar. Ella misma pudo comprobarlo en su último festejo de cumpleaños, donde muchos familiares y amigos le brindaron un momento inolvidable y de absoluta felicidad.

Los recuerdos de Emma discurren entre pesares y regocijos, dolores y alegrías.

Nació el 21 de marzo de 1919 en Luján de Cuyo, nunca conoció a su padre y perdió a su madre de muy pequeña. A los tres años fue recibida por sus tíos, que vivían en la misma casa de calle Lavalle que ella continúa habitando casi un siglo después.

Su infancia fue dura, una época que la marcó profundamente. Por aquellos tiempos, Emma cayó bajo una práctica que sufrían algunos niños humildes. "Cuando tenía siete años, la señora directora del colegio donde iba había averiguado que no tenía ni padre ni madre, entonces les pidió a mis tíos que la dejaran llevarme a su casa como una empleada y les daría plata. Al principio mi tía titubeó, pero al final aceptó porque necesitaban dinero", cuenta a MDZ.

Esa residencia en casa ajena, aunque cerca de su anterior vivienda, duró nueve años, cuidando al pequeño hijo del matrimonio y haciendo algunas tareas domésticas, como limpiar un filtro de agua o regar las plantas. Más allá del trabajo, y además de no ir más al colegio, Emma sufrió varios maltratos por parte de la mujer: "Cuando me olvidaba de algunas cosas, ella agarraba la taza y tiraba mi té en la cocina, o a veces no me daba comida. Una vez, cuando tenía quince años, no quiso llevarme al médico cuando enfermé y tuvo que hacerlo mi tía", relata visiblemente acongojada.

La situación cambió en su adolescencia, ante la repentina muerte de su 'tutora': "El esposo, que era militar, me preguntó si quería quedarme con ellos y yo le respondí que no".

pese a su apariencia frágil, Emma es una luchadora.

Pese a la negativa, su patrón la recomendó con las autoridades del Hospital El Carmen, donde se desempeñó como portera, oficio que repitió años después en la Escuela Tomás Godoy Cruz, aunque también hizo tareas en el campo y en algunas fábricas. "Toda mi vida ha sido trabajar", resume Emma.

Pero no todo era trabajo y sacrificio. Como muchos jóvenes de antes y de ahora, Emma concurría a los bailes que se organizaban en el Club Villa Marini; sin embargo, lo hacía menos por ganas que por responsabilidad: "A mí no me gustaba el baile pero mis primas me insistían porque sino mis tías no las dejaban, dado que yo era la mayor. Ellas bailaban chochas mientras yo me sentaba".

"Reconozco que era medio pretenciosa, no me gustaba cualquiera, aunque a veces bailaba con un muchacho que estaba enamorado de mí pero yo no de él", recuerda Emma entre risas y en tono cómplice.

Después, alrededor de sus 21 años, conoció al que sería su esposo y amor eterno, un agricultor llamado Humberto Fiuri al que estuvo unida durante cuatro décadas. "Un hombre bueno y guapo, que era muy trabajador. Todo el barrio lo quería porque era una bellísima persona. Estuvimos siete años de novios y después nos casamos", añade Emma. De ese matrimonio feliz nacieron tres hijos, Néstor (69), María Cristina (67) y Alicia (61), y la descendencia se prolonga con ocho nietos y cuatro bisnietos, con la última integrante llegando al mundo el pasado 19 de marzo.

Emma junto a su hija maría cristina.

Ya lejos de los tormentos, el pasado volvería a la vida de Emma pero como una ironía del destino. Luego de un fuerte sismo a mediados de los años '70, la casa de los Fiuri quedó seriamente dañada y tuvo que ser reconstruida. En aquel momento, según recuerda la familia, Cáritas entregaba materiales de construcción a los vecinos afectados, por lo que María Cristina gestionó una ayuda para conseguir algunas cosas que necesitaban. Poco después el representante local de la organización humanitaria católica acudió a la vivienda y se sorprendió al reconocer a Emma como la tímida niña que lo cuidó de pequeño durante nueve años.

"Salí a recibirlo, sin saber quién era, y cuando descubrió quién era yo, me abrazó y se emocionó. Nos facilitó muchas de las cosas que necesitábamos", expresa Emma.

Un cumpleaños con sorpresas

La jornada de su cumpleaños número cien, el jueves 21 de marzo, sorprendió a Emma con una grata noticia: "Mi hija me llama a la mañana para decirme 'levantate que te va a visitar el intendente', y no lo podía creer". Tadeo García Zalazar se había enterado de la vecina centenaria y quería conocerla. "Me puse re contenta. Tomó mate amargo mientras conversaba conmigo. También vinieron vecinos y amigos a saludarme. Lo pasé muy lindo. Para mí fue una alegría muy grande", expresa Emma con una sonrisa refrescante en su pequeño rostro.

El gran festejo fue el sábado siguiente a la noche, en el Club Villa Marini. Sus hijos invitaron a más de 110 personas, entre familiares, amigos y vecinos, una convocatoria que Emma no se esperaba y la sensibilizó mucho. "Vinieron personas que no veía hace mucho. Me abrazaban y besaban, todos contentos. Yo me quedé helada, no sabía qué decir. Después pude hablar y les agradecí su presencia. No pensaba que iba a ver una cosa tan hermosa verlos a todos juntos", resalta entre refrescante y aún emocionada.

aunque le festejan cada cumpleaños a lo grande, el 100º aniversario fue muy emocionante para emma.

Emma tiene una salud de fierro, y salvo algunos problemas de visión y la ingesta de pastillas para dormir, no padece enfermedades o requiere tomar medicación. " Se ve frágil pero siempre fue muy meticulosa y firme", asegura María Cristina, quien fue una guía muy valiosa en el relato de esta historia. "Siempre tuve buen comportamiento en la vida, nunca hice algo malo", reconoce Emma como su principal virtud, aquella que le permitió alcanzar una edad que pocos tienen el don de experimentar.

Luego de la extensa charla, y un poco menos reservada que al principio, Emma se despide con la misma tranquilidad y dulzura que la caracteriza, esperando que la felicidad siga acompañándola por mucho tiempo más.

EMMA, LA 'CENTENARIA' DE VILLA MARINI.

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