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El vuelo de cada quien

No está permitido acercársele demasiado ni mirarle fijamente a los ojos; en todo caso, sólo a sus discípulos se les permite dicha práctica.
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En tu interior hay un rincón en el que puedes refugiarte a cualquier hora y sentirte a gusto. Siddhartha. Hermann Hesse.

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- No está permitido acercársele demasiado ni mirarle fijamente a los ojos; en todo caso, sólo a sus discípulos se les permite dicha práctica, una vez que hubieron alcanzado el estado supremo de su espíritu. Para ello, deben transitar un arduo y arenoso camino, colmado de consumados sacrificios y batallas internas. Antes bien, deben dirigirse a su maestro con una actitud comedida, desprovista de cualquier tipo de ostentación e irreverencia, o que pueda llegar a incurrir en una falta de ponderación o desestima a sus principios. No lo sé, pero es preciso que nos abstengamos de incumplir sus prácticas habituales. ¿De veras? Pues, no suele recibir visitas o aceptar invitaciones de ningún tipo, pero veré qué puedo hacer. -se dirigió J. S. a Nicanor, quien hubo escuchado atentamente todo cuanto dijo aquel.

- "Parece ser una vida de plena consciencia y transformación interna. Como si se encontrasen en una perpetúa búsqueda, en aras de poder alcanzar un grado elevado de conocimiento y superación de sí mismos".-tal era lo que estilaba en sus pensamientos Nicanor, quien hallábase sumamente atraído por aquel género de hombres pensantes y abocados a un fin ulterior. Con todo el clamor de sus adentros, sentíase profusamente expectante, y por lo demás, anhelaba poder conocer al gran maestro que moraba en aquel templo en que se hallaban actualmente.

- Hace ya un tiempo, no recuerdo con exactitud cuándo, sabrás disculpar a este viejo insulso y desmemoriado, hube tenido el privilegio de poder conocer al gran maestro en persona. Nada de lo que pueda llegar a expresar en palabras, le hará verdadera justicia a aquel día. Recuerdo que al momento de hallarme ante su figura, todos mis sentidos se entumecieron de súbito, como si una fuerza ajena y desconocida, hubiese dado la orden para que aquello ocurriese sin ninguna explicación aparente. Supuse que aquello podía justificarse por el encanto de un primer acercamiento a semejante personalidad, pero luego hube caído en la cuenta de que el estado en que me hallaba sumido -no alcanzaba a descifrar todo lo que acontecía en mi ser-, era por completo diferente a cualquier otro que haya experimentado jamás. -tal fue la digresión de J. S. Nicanor, por su parte, se debatía por dentro como consecuencia de todo cuanto su espíritu se apropiaba. Maravillábase, y al mismo tiempo, le intrigaba sobremanera todo aquello que refería J. S. acerca del maestro supremo. Se hallaba decidido a conocerlo -aun cuando ello pudiese resultar per se poco factible- y así poder explorar otros mundos asequibles, a través de los efectos del encuentro con dicha personalidad.

- Un hombre como el que tú describes, el cual puede ejercer tan vastas influencias en el otro, no puede hacer otra cosa, sino, eludir cualquier vínculo fraternal con sus semejantes, para así adentrarse en las vastedades de su espíritu. Es en dicha actitud, donde se revela el verdadero sentido de su existencia toda. No en vano ha llegado a convertirse en el maestro al que todos aspiran alcanzar y usan como modelo. -a continuación, uno de los discípulos que se hallaba meditando con el resto, los condujo a una gran sala, y una vez allí, se dispusieron a esperarlo hasta recibir una respuesta por parte del maestro supremo. Pasado un momento, J. S pudo encontrarse con aquel, y convencerlo de que recibiese a Nicanor.

Una vez hechas las correspondientes salutaciones, el viejo maestro se adentró con Nicanor en los amplios jardines del monasterio. A uno y a otro lado del serpenteado camino, se erguía un vasto conjunto de árboles que aplacaban los refulgentes rayos del sol, a la vez que propiciaban un paisaje de ensueños para el deleite de los ojos y de la propia imaginación. Una bandada de pájaros multicolor se agolpaba en torno a las fuentes que hacían de reservorio al agua fresca y cristalina. Y una suave brisa que emanaba de los bosques aledaños, satisfacía a los curtidos rostros de aquellos espíritus cercanos y desconocidos entre sí. El afluente de agua que reposaba en las acequias, dejaba entrever el reflejo del cielo espejado y el batir de alas de los pájaros en pleno vuelo.

Así, una vez alcanzado cierto punto, el maestro supremo, a la manera de un sabio profeta, se hubo acomodado en una roca aledaña a un longevo y robusto árbol, adoptando una actitud de suma gravedad y concentración. A continuación, se dirigió a Nicanor de la siguiente manera:

- Aquel que no sabe, espera saber, mas no es consciente de que ya sabe, aquello que proclama no saber. -dijo el maestro mientras avistaba a los pájaros que volaban derredor. Mientras tanto, Nicanor, un tanto confuso, pero a la vez meditabundo, intentaba dilucidar en sus pensamientos qué querían significar aquellas palabras, si es que acaso podía encontrárseles algún sentido velado.

- Este lugar es paradisíaco, gran maestro. Aquí debe hallarse verdaderamente augusto, al poder disfrutar de este paisaje sin igual, acompañado por sus fieles discípulos. -comentó Nicanor con el propósito de poder iniciar una conversación. El maestro mostrábase imperturbable y abstraído mentalmente.

- Los hay mejores, y de mayor deleite para el espíritu. Así como también pueden encontrarse, si se busca bien, discípulos con mayor vuelo y autonomía. Para que entiendas el alcance de cuanto intento decir; cualquier lugar puede resultar apacible, siempre y cuando nos hallemos en armonía con nosotros mismos y con el mundo circundante. -se refirió así el maestro supremo.

- ¿Y en cuanto a sus discípulos, estimado maestro? -inquirió Nicanor, quien hallábase sumamente abstraído por las palabras de aquel, y la maestría con que hablaba.

- ¿Qué hay con ellos? -le replicó el otro con tono sereno.

- Pues, usted dijo hace un momento... -fue interrumpido por el viejo maestro.

- Creo que he sido bastante claro al respecto. Un pichón no puede depender por mucho tiempo de las demás aves, puesto que tarde o temprano, ya sea por sobrevivencia o por fuerza mayor, deberá aprender a volar y a cuidarse por sí solo. El hombre, sin ir más lejos, tiende a comportarse como aquellos pichones que anidan en lo más alto de las copas de los árboles: abre su boca sólo para recibir el alimento que otro le provee y más le satisfaga, sin aventurarse a buscar el suyo propio, por temor a no encontrarlo o a perderse durante su búsqueda.-la figura y las palabras del maestro supremo, transmitían una profunda sensación de serenidad y regocijo, que se alojaba en lo más hondo del espíritu de Nicanor.

- "Con mayor vuelo y autonomía" -Nicanor hubo atisbado el verdadero significado de aquellas palabras.Para el maestro, no podía darse mayor virtud en el hombre, que aquella que le permitiese rebasar sus propios límites, para así poder abarcar todo el esplendor de su espíritu.En suma, Nicanor y tantos otros como él, debían de abandonar aquellos pensamientos que no le produjesen un bien a su fuero interno, ya que no resultaban provechosos por sí mismos.

El vuelo de cada quien -en palabras del gran maestro- hallábase en lo más recóndito de uno, y para ello, debía existir una voluntad de exploración y crecimiento tales, más que un ciego y desesperado aleteo sin sentido.

Manuel Arias