Subjetividad: verdades construidas
Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo
Licenciados en Psicología
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Subjetivo es un adjetivo que identifica algo como propio de la manera de pensar o sentir de una persona. De este modo, algo subjetivo no hace referencia directamente al objeto en sí, ya que está basado en la percepción de los sentidos y la valoración e interpretación que una persona le puede dar.
Las discusiones eternas que trae aparejado el tema de quién posee la verdad, son cotidianas, infinitas y poco concluyentes. Es difícil no caer en la típica tentación de decir, "tengo razón", "es obvio" o todavía más: "te lo digo objetivamente". Como si se pudiera salir del lugar de observador de la situación y describirla "objetivamente", sin interpretación alguna, y por ende sin subjetividad en el proceso de percepción, en la omnipotente tentación de creer ser poseedor de la antorcha que marca el camino de las certezas. Esto es imposible, el sentido de las cosas se da desde los propios significados atribuidos. Un tema que desvelo por años a sabios, pensadores, filósofos y cuanto humano se cuestionara la existencia de una verdad suprema, única y acabada. Cada juicio emitido es una interpretación de la realidad, realizada desde el propio ser y la percepción de la realidad en la experiencia del observador. Se vive de interpretaciones subjetivas, de lo que se "cree" haber vivido. Desde esta perspectiva entonces, es que se puede decir que, no se pueden dar juicios objetivos, despojados de toda subjetividad.
El tema nos lleva desde lo más elevado e inasible del concepto filosófico, a lo más mundano, pragmático y diario, acerca de qué es la verdad y si es posible acceder a la misma como única realidad. Cuando un conjunto de opiniones, observaciones, mediciones e hipótesis son replicables y coincidentes por una comunidad científica, se dice que se ha llegado a una verdad objetiva. Que estará vigente hasta tanto no exista otro hecho que venga a desterrar su veracidad. Sin quitar importancia al método científico basado en la creación y puesta a prueba de hipótesis objetivas, basado en la medición de variables que participan de cada hecho a investigar; lo que se quiere destacar en este escrito tiene que ver con tomar consciencia de la propia experiencia del observador.
Pero no sólo a las ciencias duras se atribuye el título oneroso de poseer verdades absolutas. Desde las ciencias sociales, también se gestaron verdades inexorables. A partir de la creación de las sociedades, surge la necesidad de acordar, negociar y por último consensuar reglas que posteriormente se tienden a objetivar. Así es como nacen las leyes, que en definitiva, no son otra cosa que el común acuerdo de los que componen una sociedad, sea cual fuere. Es muy difícil encontrar una sola cosa en la que todo el mundo esté de acuerdo espontáneamente. Aquí es donde se comienza a vislumbrar lo paradójico, contradictorio y hasta cuestionable de las verdades: cuando el concepto de lo que está bien o está mal participa de estas decisiones. Pues un delito tipificado como tal en un país, podría llegar a distar diametralmente frente a la misma conducta en el otro lado del mundo, quizás no sancionada y por ende permitida. El contacto con personas de culturas diferentes a la propia, abre los ojos a errores en la propia interpretación del mundo. Se puede observar cómo el tema de la verdad no es un concepto estático. Sino más bien dinámico, determinado por variables culturales, sociales, étnicas, geográficas y científicas. Que a su vez se ven movilizados por la época que se atraviese, confiriéndole aún más valor a la temporalidad que exprese esa verdad.
La única realidad es lo que cada uno siente, indudable para uno mismo. En este sentido el "yo" es un filtro a través del cual se produce todo. Se puede sentir frio sin que la temperatura ambiente se considere fría, pero no se puede poner en duda el hecho de sentir frio. Es importante saber que todos los puntos de vista son subjetivos, y que todas las afirmaciones se dan en un contexto basado en las propias percepciones del mismo, que están a su vez influenciadas por las creencias y sensaciones que despiertan. Desde este razonamiento para llegar a la hipotética objetividad sería necesario perder el "yo", y de este modo observar sin tener un "punto de vista" y captar así el hecho objetivo sin ningún tipo de distorsión. Este juego de palabras se puede ejemplificar a través del hecho que cuestiona si existe realmente ruido al caer un árbol en un bosque, sin que haya nadie alli. Pues es el propio testigo, en su experiencia, quien percibe el ruido y sus características.
No somos conscientes que la mente crea la realidad y creemos que la realidad es la que entra a nuestras mentes. La manera en que pensamos determina la forma en que sentimos. "Dime como piensas y te diré cómo te sientes". Por eso es tan importante en el padecer psicológico, modificar los pensamientos distorsionados que impiden vivir mejor. Cada aspecto del comportamiento se lleva a cabo por el cerebro: da forma a nuestros pensamiento, recuerdos, sentimientos, creencias, percepciones, esperanzas, sueños e imaginación; y es el responsable de nuestros movimientos, de lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y degustamos.
Si dos personas discuten y se produce una tensión desagradable, estas dos personas están hablando de cosas distintas, aun hablando de lo mismo. Por eso es importante en las discusiones emitir juicios explicitando que se trata del propio punto de vista, del particular sentir de ese momento y la personal interpretación de los hechos. Eso baja la defensa del receptor al no sentirse juzgando o cuestionando en su experiencia de la misma situación. De este modo se lograrían acuerdos, llegando a comprender al otro sin necesidad de compartir el mismo sentir, logrando modos de acción consensuados. Generalmente las discusiones surgen de opiniones opuestas que despiertan malestar y molestia por la "incomprensión", en el intento fallido de convertir en objetivo para el otro la propia subjetividad. No podemos evitar los propios intereses y sesgos, pero sí podemos evitar juzgar al otro, respetándolo desde su sentir y su propia percepción de los hechos. De la cual a la vez no puede despojarse.
Este enredo de palabras, de subjetividades versus objetividades. De certezas versus dudas. De lo que está bien versus lo que está mal. Nos deja una moraleja: la humildad del ser, la parcialidad del saber y la necesidad de aprender. Admirables y necesarios hechos en el tránsito por esta vida, que lejos de erogarnos fieles y dignos veedores de verdades, nos posicionan en sencillas miradas y compartidas experiencias, sin tener que imponernos unos sobre otros. La verdad no es otra cosa que haber logrado pararnos lo suficientemente cerca como para experimentar alguna coincidencia en lo que vemos. O lo suficientemente distantes como para respetar el disenso. O lo necesariamente lejanos como para tener abismos de verdades. Insistimos, el aglutinante humano es la humildad. No abandonar la carencia infinita de saberes y sentarnos con desconocidos a escuchar, cuantas verdades individuales tenemos aun por aprender.
