Las tragedias del invierno del 53
1953 fue un año dorado para la actividad de montaña. En las "grandes ligas", un nepalés y un neozelandés asombraron al mundo al pisar la cumbre del Everest y regresar con una sonrisa. A escala más doméstica, los montañeros locales caminaban los grandes cerros de los Andes a la par de sus colegas europeos. La sociedad también procuraba acercarse a ese terreno poco familiar, y el turismo colmaba los hoteles de Puente del Inca o Villavicencio. El gobierno de Perón venía impulsando exploraciones y ejercicios militares a lo largo de la cordillera, y ese año logró inaugurar la villa Eva Perón/ Las Cuevas.
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Pero por desgracia este auge vino a coincidir con el segundo invierno más nevador de los últimos 70 años. El resultado fue una de las temporadas más trágicas, si no la peor, que se hayan producido en los Andes Centrales. A causa de los temporales de julio y agosto de 1953, murieron más de 50 personas, en una serie de desastres naturales y no tan naturales a ambos lados de la cordillera. Más allá de las cifras, es penoso que la mayoría de las víctimas fueran muy jóvenes: un grupo de chicos del secundario en las laderas chilenas, soldados y conscriptos en la Laguna del Diamante, una familia de turistas cerca de Puente del Inca.
Tragedia en el Cajón del Maipo
"Lo Valdés" es una pequeña localidad del valle chileno Cajón del Maipo. Hasta allí trepa un camino de origen minero, que empezó a ser utilizado por andinistas y excursionistas en los años 40. Al fondo de la quebrada se ve el volcán San José, y luego el camino deviene senda para llegar hasta el remoto paso de Nieves Negras, que del lado mendocino viene a dar al río Salinillas, entre Tunuyán y San Carlos.
Hacia Lo Valdés partieron el 6 de julio de 1953 un grupo de estudiantes, un profesor y un cura, todos del colegio salesiano Don Bosco, de Santiago de Chile. Los 21 chicos habían sido seleccionados por ser alumnos destacados de los últimos años del liceo, de acuerdo a la prensa de la época, y premiados con la excursión a la montaña. Se alojaron en el refugio que la congregación religiosa tenía en el Cajón del Maipo, a casi 2.000m de altura. Desde allí emprendieron caminatas y actividades en los alrededores. El día siguiente (7 de julio) amaneció nublado pero con calor. Estas condiciones desencadenaron un gran desprendimiento, que sepultó a los 23 integrantes del grupo y no dejó sobrevivientes.
El invierno siguió su curso, con bajas temperaturas y precipitaciones en ambas vertientes de la cordillera. Los más viejos y los baqueanos aseguraban que era "el peor invierno en muchos años". Décadas más tarde, la ciencia corroboró la percepción de la gente de campo. Una investigación del Instituto Argentino de Nivología y Glaciología (Ianigla) ubica a 1953 como el segundo año más nevador que tuvo Mendoza entre 1951 y 2015. El de mayores precipitaciones níveas en este período fue 1982. (En sentido opuesto en la lista de años "extremos", el más seco fue 1968, seguido por el 98).
El estudio del Ianigla analiza las mediciones de estaciones locales de aforo (caudal de los ríos) y nivométricas (nieve). El trabajo elaborado por Mariano Masiokas y otros investigadores establece un promedio histórico, para ponderar estas mediciones. En el invierno de 1953 las nevadas estuvieron un 210,6% por encima de esta media. En otras palabras, en Mendoza nevó más del doble del promedio. Para darnos una idea de que tan bravo fue, lo podemos comparar con el reciente invierno de 2014, cuando el total de nieve caída fue de 39,2% con respecto al promedio. Es decir, casi 40% por debajo de la media.
En el terreno, la medición récord del 53 se traducía en temporal tras temporal. El mal tiempo y la ebullición de actividades de montaña que se estaba generando en Mendoza y San Juan configuraron una mala combinación. Varias expediciones de andinistas buscaban lograr el preciado "primer ascenso invernal" a las mayores montañas del país (el Aconcagua y el Mercedario), grupos militares y científicos se desplazaban por la cordillera y el Ferrocarril Trasandino llevaba turistas a Puente del Inca y Las Cuevas.
Y en la segunda quincena de agosto comenzó una seguidilla de tormentas inéditas. La gran cantidad de nieve que cayó en pocos días generó las condiciones para avalanchas y aludes, además de dejar bloqueadas a muchas localidades cordilleranas.
Una seguidilla de desastres
El primer desastre tuvo lugar en el Valle de los Patos (el camino sanmartiniano de San Juan). El ingeniero Dagoberto Sardina, un pionero de los estudios nivológicos en el país, se encontraba liderando una campaña de exploración en la zona. Según los testimonios publicados en la prensa de la época, cuando arreció el temporal el grupo se refugió en un viejo refugio cercano a la Garganta del Espinacito. Pero entre el 15 y el 16 de agosto un alud golpeó la construcción y la tapó de nieve, causando la muerte de Sardina.
Pocos días después se desató el peor temporal, que tuvo gran incidencia en la alta montaña mendocina. Así lo relata un testigo directo de los acontecimientos: "En la Villa Eva Perón (nota: actual Las Cuevas) se habían acumulado tres metros de nieve, en Punta de Vacas a la caída de nieve se sumó un persistente viento blanco; condiciones climáticas que en pocos días se convertirían en tragedias. Durante ese día, 22 de agosto, algunos rodados habían caído en la localidad de La Jaula y Punta de Vacas, tapando las vías férreas. (...) También se dió a conocer que un suboficial del Ejército, de apellido Braccamonte (nota: cabo Laureano Braccamonte), se había perdido en las cercanías de Villa Eva Perón (Las Cuevas); tristemente fue encontrado fallecido el 27 de Agosto". El testimonio corresponde al suboficial Miguel Anfuso, un esquiador militar mendocino que había representado al país en los Juegos Olímpicos invernales. Al momento de la tormenta Anfuso estaba dando un curso en Puente del Inca y participó en los rescates posteriores.
Con el mal tiempo encima y los servicios cortados, la poca infraestructura disponible en alta montaña se convertía en un refugio invaluable. Así,la pequeña estación del tren Trasandino llamada Desvío Las Leñas (entre Puente del Inca y Las Cuevas, a 2.900 m de altura) albergó esa tarde a ocho personas, que se encontraban en la zona por motivos completamente diferentes pero que coincidieron bajo el mismo techo para protegerse de los elementos. Se trataba del ferroviario Cobarrubias, encargado del desvío; una mujer llamada Amelia Burgoa; el capitán Luis Messiga y el teniente Eduardo Arguindeguy (dos militares que tomaban un curso de esquí en Puente del Inca); y una familia chilena que se encontraba de visita, compuesta por Víctor Rubina (47), Amalía Gamboa (22) y sus hijos Víctor y Juan, de dos años y un año.
Durante la noche, un gran rodado se desprendió de la ladera del cerro e impactó de lleno en la estación Desvío Las Leñas. La noticia llegó a Puente del Inca a la mañana siguiente y se envió una patrulla de rescate. El suboficial Anfuso fue uno de los socorristas que al llegar al lugar encontraron una escena tremenda: cinco personas muertas y tres heridas. Los cuatro miembros de la familia Rubina y el militar Arguindeguy habían fallecido, y Messiga estaba muy lastimado.
"Sacar del área del Puesto Las Leñas a los heridos demando un gran esfuerzo -recordaría años después Anfuso-. El más grave era el Capitán de fragata Messiga. Por su condición no podía esperar el despeje de las vías férreas y la llegada del tren; interrumpidas por acumulación de nieve y avalanchas hasta el Pueblo de Punta de Vacas, distante de Puente del inca unos veinte kilómetros. En consecuencia decidieron continuar hasta Punta de Vacas, el trayecto se hizo a pie tirando un trineo con el oficial de prefectura herido, casi pierden la vida todos al cruzar el puente ferroviario de los Puquios, por poco se precipitan todos al lecho del río Cuevas. Este puente se encontraba seriamente dañado por otro alud ocurrido unos días antes, y la patrulla utilizaba el trazado de las vías para realizar la caminata. Luego de la larga jornada con esquíes llegan sanos y salvos a Vacas y el herido era trasladado a Buenos Aires el 28 de Agosto, donde lo atendieron". (https://miguelanfuso.blogspot.com.ar).
Los soldados de la Laguna del Diamante
La "tormenta perfecta" de agosto tuvo su peor capítulo en la zona de la Laguna del Diamante y el volcán Maipo, en la cordillera de San Carlos. Perdieron la vida 21 militares y dos gendarmes, en unos ejercicios militares de "reconocimiento invernal" del paso a Chile por esa zona. Pero a pesar de la magnitud del desastre y de la obvia repercusión que tuvo, la poca información oficial que existe (al menos públicamente) no es muy detallada ni precisa. Sí conviven dos versiones de la historia. Por un lado, la postura del Ejército, que condecoró al oficial a cargo y le dio un destino codiciado, en Estados Unidos. Esta posición está sintetizada en el Boletín Oficial del 14 de septiembre de 1953 (Decreto 17.119). Y por otro lado, los relatos de participantes del rescate y pobladores de la zona. Esta versión, más inorgánica pero compartida por varios protagonistas, asegura que el tremendo desenlace se podría haber evitado o atenuado, ya que los baqueanos del grupo habían alertado sobre las malas condiciones del tiempo y la tormenta en ciernes.
Lo cierto es que durante agosto del 53 el Ejército realizaba maniobras en esta zona del Valle de Uco. El teniente Heldo Borzaga, de 25 años y poco conocimiento de la región, dirigía una patrulla de soldados (y dos gendarmes) cuya misión era alcanzar el Paso Alvarado en invierno. Este portezuelo a casi 3.900 m en la Cordillera Principal es uno de los pasos fronterizos cercanos al Volcán Maipo. Aunque tiene hito limítrofe, no es un paso habilitado, ni camino transitable. Llegar hasta allí es complicado en 2017; para las condiciones y el equipo disponibles en el 53, era una expedición de logística y habilidades importantes.
El grupo de Borzaga utilizó los refugios que existían en la zona para avanzar en varias jornadas, esquiando y caminando, tirando trineos y cargando mochilas a través de portezuelos altos y mesetas de viento helado como la Pampa de los Avestruces. El frío era intenso y el tiempo se deterioraba día a día, de acuerdo a los relatos de participantes, reflejados más tarde por diarios locales. Con algunas complicaciones, lograron llegar hasta el hito Alvarado y regresar al refugio de la Laguna del Diamante (actual Gendarmería). Aparentemente, ya existía inquietud de los baqueanos o conocedores de la cordillera, que notaban la vulnerabilidad que tenían ante un eventual temporal, pero las advertencias no habrían sido tomadas en cuenta.
El tiempo empeoraba y la agotada patrulla intentó un regreso a marcha forzada desde la laguna. Para salir de la depresión que los geológos llaman "Caldera del Maipo", es preciso subir hasta 3.600 metros antes de poder descender hacia el llano. En este itinerario, existen numerosos portezuelos y valles, con arroyos que descienden en distintas direcciones. La tempestad de viento blanco y nieve finalmente se desató sobre los militares mientras cubrían este tramo muy expuesto de la ruta; se encontraban separados, ya que Borzaga había dividido la patrulla en tres partes, exhaustos y castigados por el temporal.
En estas condiciones, algunos encontraron la muerte sobre el sendero. Tres militares, que sabían a qué se enfrentaban, lo dieron todo y siguieron caminando hasta ponerse a salvo. Borzaga y el grupo mayoritario se mantuvieron un par de días en un pequeño refugio de madera en las Vegas del Yaucha. Pero tras una comunicación radial habrían decidido continuar; este grupo extravió el camino en la zona del Arroyo de los Gauchos. Para retomar la senda debían remontar muchos metros de desnivel, de frente a la tormenta del oeste. No pudieron hacerlo y allí quedaron varados. Muchos soldados y conscriptos fallecieron en esa trampa mortal. Siempre se dijo que los pocos sobrevivientes, entre ellos Borzaga, se cubrieron con los cuerpos de sus compañeros para resistir.
En cuanto amainó, las patrullas de rescate hicieron un esfuerzo tremendo, pero sólo pudieron socorrer a siete militares con vida. En total, murieron 23 personas en la llamada "tragedia de los baqueanos". El teniente Borzaga sufrió congelamientos y perdió una pierna. Fue condecorado con el Cóndor de Oro por Perón, y luego destinado a la embajada argentina en Washington. A los 23 muertos los recuerda un hito de piedra en el camino a la Laguna del Diamante.

