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La crisis de natalidad en Argentina no es ideológica, es económica

¿Es el feminismo el culpable? Un análisis sobre la crisis de natalidad en Argentina, donde la economía juega un papel fundamental.

La sociedad posmoderna ya venía siendo cruel con la juventud, pero lo que está pasando en Argentina se va de tema. Mientras los tuiteros oficiales del Gobierno se alarman por la crisis de natalidad en el país y los defensores de la Batalla Cultural vociferan en contra del wokismo, las soluciones se mueren en retóricas épicas y no sobrepasan la frontera del discurso para convertirse en acción.

Es muy fácil echarle la culpa al feminismo del envejecimiento poblacional que se nos viene, pero no es real. Basado en datos del INDEC para el cuarto trimestre de 2025, la tasa de desempleo entre los menores de 30 años superó el 16% (más del doble de la tasa general del 7,5%). A eso debemos sumar que, según un estudio de noviembre pasado, el 92% de los trabajadores argentinos manifiesta sentirse “quemado” por su trabajo a causa del burnout laboral. El estrés, la desmotivación y el agotamiento ocupan un lugar central entre sus mayores preocupaciones.

Además, en Argentina, la morosidad entre jóvenes de 18 a 21 años supera el 40% a principios de 2026. Este fenómeno responde a los salarios rezagados, la informalidad laboral y el creciente uso de crédito para financiar gastos corrientes. Y 4 de cada 10 jóvenes de entre 25 y 35 años aún vive en casa de sus padres. ¿Las causas? Exactamente las mismas que en las cifras anteriores.

Ahogados en deudas, sobrepasados de trabajo y sin capacidad de emanciparse, ¿cómo se supone que logren formar familia? ¿Quién puede sentirse listo para dar el paso siguiente si nunca deja de ser hijo para convertirse en responsable de sí mismo? ¿Podemos de una vez dejar de echar la culpa al feminismo? El chivo expiatorio violeta sirve un rato, como conversación de café, pero en algún momento vamos a tener que sentarnos a evaluar las condiciones estructurales que generan la crisis en las que los jóvenes existen. En vez de estar ocupados en tener una casa propia o conseguir una pareja, el que tiene suerte, tiene más de un trabajo; y el espacio de salir, conocer a alguien y proyectar, queda perdido entre los días que se van en trabajo, estudio y sueño. No dan los números.

A eso podríamos sumar la cultural pornificada que exacerba el disfrute sexual, a costa de destruir la conexión. Según un estudio de la consultora Voices, el 55% de los argentinos de entre 18 y 34 años no mantiene una relación estable. Y según el informe Year in Review 2025 de Pornhub, Argentina subió al puesto 13 a nivel mundial en consumo de pornografía. Agreguemos que en 1990, a nivel global, el 55 % de los adultos de 18 a 64 años tenía relaciones sexuales todas las semanas, según el estudio The Sex Recession. Desde el cambio de milenio, esa proporción cayó de manera continua: en 2010 ya era menor al 50%, y en 2024 sólo el 37% mantenía esa frecuencia.

Es decir, la crisis no habla solamente de salarios, sino de un problema anterior en la falta de capacidad e interés en conectar con el otro. Sin un noviazgo fuerte, nunca habrá un matrimonio tradicional de familia numerosa, como tanto pregonan los Agustines Lajes y Gordos Dan de la vida. ¿Y desde el Gobierno de derecha que se embandera en los valores conservadores? Parece que no se dan por aludidos: Militantes que glorifican el porno, diputadas que ocupan un lugar de mujer objeto cuyo único capital es el sexual y reformas laborales para precarizar aún más el trabajo. Háganse cargo, el cuentito de la familia tradicional y la crisis de natalidad es sólo retórica.