La mendocina que ganó un concurso en México por Bowie
Por Mariana Zeballos
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Autopista de la inmediatez o dosis de paraíso, Twitter lo hizo. Eran las 11 de la mañana del 8 de enero del 2017, cuando una notificación disparó algo más que curiosidad. Un click en la ventanita virtual fue suficiente para concebir la metamorfosis. Alguien me avisaba de un certamen literario ¿Por qué a mí? Si nunca me interesaron los concursos ni sus oficinas. Jamás. Y el rayo fue tan vital que luego de 24 horas el jamás se hizo pregunta y lo rígido del pensamiento se dejó llevar por la música fulminante.
Se trataba de un concurso de minificciones, y me lo anunciaba un amigo que escribe las mejores. Le agradecí, y le dije que mandaría algo. Pero yo no estaba segura de eso. "A mí los concursos no me van, nunca me interesaron" Así estuve auto boicoteándome todo el día. Y la noche. Alguien me dijo que esa madrugada hablé dormida: "¡Pero se trata de Bowie, traidora!".
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En la habitación sonaba Changes y a mí no me quedó otra que girar y enfrentar lo extraño.
La participación era vía Twitter, podían escribir "internautas desde cualquier lugar de residencia". No habían sobres, sellos, edificios ni aspirantes a etiquetas locales de por medio. Además tampoco quería ‘ganar', me atraía la idea de poder escribir sobre la obra de Bowie, pero más me seducía la libertad del formato y la exploración afín a mis antojos creativos.
Tenía 3 días para hacerlo, en realidad dos, yo le había regalado 24 horas a mi vacilación. "Desde las 00:01 del 8 de enero hasta las 23:59 del 10 de enero", decían las bases del concurso, jugando con lo simbólico entre las horas del día de nacimiento y la partida de la estrella más cercana que los mortales pudimos ver alguna vez.
Nacimiento y muerte, existencialismo glam, 140 caracteres y una decisión que llegó el 9 de enero; lo llamé el día del pasadizo. Me conecté al hashtag #minibowie y no tardaron en llegar Ziggy Stardust, Major Tom y Jareth. Hasta Lazarus deslizó algunas acrobacias.
No lo hice por mí, y les aseguro que hacer algo más allá del ego es lo único que da buenos resultados. No era la única que lo vivía así, cada uno de los participantes nos situamos más allá del espacio y el tiempo para unirnos a lo único que nos trasciende. Y no es cursilería, porque hablar de amor también puede costar muy caro.
Como una Absolute Beginner, lancé algunos tweets. Estaba en mi laberinto favorito y la lista de reproducción había empezado a viajar "Station to Station", un gran álbum que susurraba Wild is the Wind. Allí me perdí.
Después "Rebelde, rebelde, has roto tu vestido", decía el Duque en su inglés británico y mi corazón lo traducía en un español fuera de órbita. Pulsiones y resonancia. Música y caracteres. No era casualidad, algo estaba encajando en las coordenadas de mi existencia.
Sonó Starman y envié el último tweet. Condensar en 140 caracteres el aleteo de aquellas horas entre el nacimiento y la muerte de David Robert Jones, fue estimulante. Escribir mantras en formatos actuales, también. Lo contrario, son las poses y las fronteras mentales. Pero Bowie, David Robert Jones, vive en otra parte. ¿Quién como él en esta Space Oddity?
Un mes después dieron los resultados del concurso. Confirmado. El género minificción respira, y no por obra y gracia de los formatos posmodernos. Si hacemos una genealogía, lo encontramos en las rúbricas de los sarcófagos egipcios, pasando por los epitafios griegos, las vanguardias, el psicoanálisis de orientación lacaniana y el ímpetu epocal a través del lenguaje virtual.
#2017, estación de eclipses y quién sabe cuántas odiseas en el espacio. Este año será publicada una antología de minificciones inspiradas en la obra de David Bowie. La Editorial La Tinta Del Silencio y Penumbria seleccionaron a los tripulantes del viaje, somos autores hispanoamericanos que surfeamos las respuestas y damos play a las preguntas cada vez que pulsamos: Life On Mars?

