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Cambios: la invariable permanencia

En la vida encontramos períodos con cambios casi imperceptibles, de aparente estabilidad, tranquilidad y calma; combinados con breves, pero intensos, períodos de inestabilidad, también llamados "crisis".

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook


Se denomina cambio al proceso que denota la transición que ocurre de un estado a otro. En la historia de la humanidad, uno de los principales temas de estudio ha tenido que ver con la permanencia y el cambio, donde un objeto puede mutar su estado y continuar a la vez siendo el mismo. Ya en la filosofía griega se hablaba del cambio, como algo inevitable y constante. La célebre frase de Heráclito de Efeso expresa: "Nadie se baña dos veces en el mismo río, porque todo cambia en el río y en el que se baña". Todos los cambios han sido, son y serán parte de la evolución, del crecimiento y del paso inexorable del tiempo. Pasar de la niñez a la adolescencia, de la vida productiva a la jubilación. Envejecer. Cambios en el estado civil. Un nacimiento. Una muerte. Mudanzas de domicilio. Cambios en la esfera económica. Finales o comienzos de relaciones. Cambios de trabajo. No es tan fácil cerrar o iniciar ciertos ciclos, aun los cambios más ansiados, llevan consigo cierta melancolía. Ya que ofrece una suerte de inestabilidad, cierta pérdida de la capacidad de maniobra del fantaseado control de lo viejo conocido, enfrentándonos a aquello que nos despierta la ansiedad que conlleva lo nuevo por conocer.

En la vida encontramos períodos con cambios casi imperceptibles, de aparente estabilidad, tranquilidad y calma; combinados con breves, pero intensos, períodos de inestabilidad, también llamados "crisis". Esto último implica impacto, un hecho en principio casi desestructurante que requiere de reorganización. El significado de la palabra crisis, entendida como necesidad de "cambio inminente" contiene los conceptos de "oportunidad y peligro". Cuando las cosas ya no pueden continuar como están, se hace imperioso mutar, y de este modo, continuar el curso de adaptación a un medio que a su vez, está en permanente cambio. Las crisis generan "oportunidad" de cambio en el orden de las cosas y del estado actual de reglas; para de este modo, funcionalmente seguir permaneciendo.

Las crisis tienen la particularidad de denunciar que algo está fallando o mostrando un funcionamiento que podría comenzar a ser disfuncional, errático y factible de ser modificado, antes de entrar en un severo y definitivo caos. Allí radica el punto nodal: no cambiar sería sinónimo de cronificar la situación, agravar las diferencias o llevar todo al borde del abismo. No cambiar, significa el congelamiento de las cosas, no crecer, no avanzar, con el "peligro" de la destrucción por dificultad de adaptación.

Todo parece ser alcanzado por la imposibilidad de lo permanente, inamovible y estático en cuanto a perennidad se refiere. La utopía de eternidad e inmutabilidad de la vida no es solo imposible, sino que si fuera realizable, se volvería prontamente aborrecible. Imaginemos la vida sin modificaciones, ni alteraciones de lo establecido. Eso significaría literalmente paralización. Un estancamiento de la historia. Un obstáculo en la evolución.

Todos los intentos por detener el cambio, retrasarlo o anularlo, son estériles. El cambio es inevitable e imparable, pero también deseable. En todos los órdenes de la vida se desarrollan cambios que permitirán una nueva disposición de las cosas. Por eso Heráclito decía que "lo único constante es el cambio". Una suerte de diseño preestablecido, una ley omnipresente, un estigma de la vida. Pero todo esto trae aparejado su contracara, que es "la resistencia al cambio".

Muchas personas sienten la necesidad que nada se mueva y que todo permanezca estático, percibiendo los cambios como algo altamente perturbador; llegando a establecer una resistencia o batalla contra ellos, defendiendo de manera casi enfermiza el previo "status quo". Percibiendo los cambios como una suerte de salida a empujones, de la zona de confort. Viviéndolos como una amenaza de la cual defenderse, defensa que no hará otra cosa que generar más conflicto. Se necesita cambiar para madurar. Tanto en lo evolutivo, con sus etapas, las circunstancias, los contextos; como en los vínculos, las parejas, las amistades, las relaciones laborales. Y también en las opiniones. El asumir que las experiencias son cambiantes, ayuda a aceptarlas con más facilidad. El percibir la posibilidad de cambio en nuestras vidas, aunque muchas veces nos provoque dolor, nos hace sentir más libres y menos atados al sufrimiento.

La resistencia al cambio o la negación al mismo, se puede explicar desde el punto de vista neurobiológico, donde observamos una sorprendente capacidad de las personas para crear hábitos que dirigen gran parte de sus actos como si fueran una especie de "piloto automático", en la manera de pensar, sentir y actuar; siendo parte de la naturaleza humana. El cerebro es un experto en eficiencia, pero también en comodidad, formando "caminos neurológicos" predeterminados, surcos de pensamientos repetitivos para simplificar su tarea, es decir, como una especie de menú o programa de computadora con respuestas predeterminadas para diferentes estímulos o situaciones. Si hacer cambios se hace difícil, por más beneficiosos que sean, es porque va en contra de esta habilidad cerebral de formar hábitos e instalarlos para obtener respuestas predeterminadas y automáticas. La buena noticia es que sí se pueden hacer cambios que sean convenientes para nosotros y que nos proporcionen una mejor calidad de vida, de la mano de la voluntad, la curiosidad, la perseverancia y el aprendizaje de lo novedoso.

En tanto podamos comprender todos estos aspectos inherentes al cerebro y su funcionamiento, es que podremos aceptar la necesidad de cambiar cuando sea necesario. Confiar en nuestras capacidades y habilidades para afrontar nuevas experiencias y entender que uno de los verdaderos desafíos de la vida está en tener una postura de constante aprendizaje y adquisición de nuevos conocimientos. Cambiar de ideas, modificar el modo en cómo vemos las cosas, someter a juicio nuestros preconceptos; nos dará la oportunidad de estar preparados para nuevas etapas. Una forma de transición a nuevos estadíos, circunstancias y condiciones que la vida demande. Dado que algunas situaciones se presentan de manera fortuita, inesperada o intempestiva, hay que comprender que muchas estarán fuera de nuestra capacidad de control. Sin embargo, la actitud que tomemos será determinante para poder aprovechar al máximo las oportunidades que nos ofrezcan las nuevas circunstancias. El optimismo, la flexibilidad y la paciencia, serán condiciones indispensables para aceptar el cambio como parte de la vida. Permitiéndonos aprender y reaprender diferentes formas de actuar, hasta que encontremos la combinación más realista, positiva y en consecuencia adaptativa, como resultado de haber logrado cambiar muchas veces.