Un año deambulando: una historia de amor y de aventura
El 20 de julio de 2015, noche, Aeropuerto Ben Gurion, Tel Aviv, Israel, Interior...
Como una película, esa noche empezaban, nacían Los Deambuladores. Nos juntamos después de viajar separados en ese aeropuerto, hace ya un año. Si, aunque cueste creerlo, ya ha pasado un año desde aquel día.
Viajar casi sin plata, a dedo, trabajando un poco en cada lugar, improvisando, diciendo que sí a las oportunidades que van apareciendo en la ruta, así hemos ido durante todo este tiempo y si nos ponemos a enumerar las cosas que aprendimos, los lugares donde estuvimos, las personas que conocimos, los autos, camiones y trafics a las que nos subimos, sería demasiado largo. Eso sí, a modo de festejo y agradecimiento a todos nuestros lectores por la compañía, vamos a intentar hacer un pequeño resumen de todo este tiempo.
Un año atrás, llegamos a Israel, estuvimos casi tres meses andando y andando por ahí, pasamos a Turquía donde fue nuestra primera (e incomparable) experiencia en un país musulmán. Cruzamos a Grecia con toda su historia, dónde, por primera vez en nuestras vidas tuvimos un año nuevo con nieve, de ahí saltamos a Italia, en la región de Umbria, donde trabajamos por más de un mes en una bodega, sintiéndonos casi en casa. Como se nos vencía el tiempo de nuestra visa en la zona Europea y en Italia es ilegal hacer dedo, buscamos opciones y conseguimos un vuelo muy barato (menos que un pasaje en colectivo de Mendoza a Alvear) a Rumania, para allá salimos, sin nunca haber imaginado ir a ese país.
Después de un mes viajando y trabajando por ahí, un camionero nos llevó hasta Ucrania casi sin darnos opción, llegamos a la frontera. Después de 6 generaciones un integrante de la familia de Juan vuelve a Odesa, de donde salieron a la Argentina.
Cruzamos, a pesar de la guerra y la montaña de advertencias de todo el mundo la frontera con Rusia, donde ni nos miraron y nos dejaron pasar así como si nada (cantándonos la canción "Argentina Hamaica"), anduvimos miles de kilómetros por el país más grande del mundo, saliendo por el sur, llegamos a Georgia un país pequeñito del que mucho no se sabe, y podemos confirmar que "nos voló la cabeza". Ahora vamos desde Georgia a España a dedo, casi 5000 km., de los que ya recorrimos más de 3000, pasamos Turquía, Bulgaria, Serbia y ahora estamos en Croacia ayudando a una familia con su huerta y algo de construcción.
Ese fue el resumen más acelerado que podemos hacer, en esas pocas líneas es imposible describir todo un año de vivencias, de paisajes, de historias, de personas a lo largo del camino.
Si nos preguntan qué ha sido lo que más nos ha gustado o llamado la atención, fue comprobar de primera mano, una y otra vez, que el mundo está lleno de gente buena, que estamos tan bombardeados con malas noticias que al final terminamos teniendo miedo a las personas que nos rodean, y siempre, siempre hay gente dispuesto a ayudarte, a hablar un rato, a compartir aunque sea una charla con señas.
Este re-descubrimiento de la gente a nuestro alrededor, nos abrió muchísimas puertas, nos dio coraje para improvisar mucho más, confiar en que "algo va a salir" y largarnos de cabeza, (a veces sin siquiera saber si la pileta tenía agua) no teniendo la más pálida idea de dónde íbamos a dormir o sin nada de plata de un determinado país, sin saber una sola palabra del idioma local, pero siempre abiertos a las oportunidades que el camino ofrece y, esto es importante, dispuestos a pedir y recibir (siempre recibir, dejando de lado nuestros gustos personales) la ayuda de completos extraños (en uno de nuestros últimos viajes a dedo un camionero nos regaló dos kilos de tomates y una sandía de unos 6 kilos, imaginen, para dos mochileros, cómo cargar con eso, pero 'mejor adentro que afuera', así es que paramos y picnic al costado de la ruta fue la solución).
Pero si vamos a hablar de descubrimientos, como dice el dicho (cliché, absoluto): el cambio empieza por uno, bueno deberíamos empezar a hablar sobre nosotros mismos, ¿no?
Como pareja, llevamos sólo poco más de dos años juntos, así es que, si hacen las cuentas la mitad de nuestra relación ha sido viajando y si agregan a la ecuación que en Mendoza, no vivíamos juntos y que nos separaban unos 100km. de distancia (Marian vivía en San Carlos y Juan en Mendoza Ciudad) ambos trabajábamos y nos veíamos sólo los fines de semana. De esa situación pasamos a estar 24/7 durante un año (y contando) ojo, no nos quejamos ni mucho menos y tuvimos que aprender a convivir , tomar decisiones casi constantes, aguantarnos muchas veces en esperas interminables de horas y horas sin nada que hacer, en nuestras ansiedades, miedos, malhumores, aburrimientos, alegrías, ni que hablar de nuestra nueva compañera de vida, la incertidumbre constante.
Pero la verdad, creemos que lo hemos hecho bastante bien con nuestros altos y bajos (menos mal), pero creciendo siempre y tratando de ponerle mucha onda, manteniendo vivos los proyectos juntos y conociéndonos día a día. Por suerte, desde el principio los dos sabíamos que este es nuestro sueño, que este viaje no son unas vacaciones, que esto es un estilo de vida, que viajamos para poder empaparnos con el mundo, la gente y las culturas que existen y, también, poder compartirlo, llevar un poco de todo esto a la gente que nos sigue, que nos lee, que nos pregunta, que, en definitiva, desde Argentina viajan con nosotros. Cómo siempre supimos que elegíamos este estilo de vida, que era una idea que los dos teníamos desde antes de conocernos eso nos ayudó y nos ayuda muchísimo a seguir optando por esto y a elegirnos todos los días.
Hemos andado, miles y miles de kilómetros, nos hemos subido a cientos de autos y camiones de desconocidos, hemos convivido con montones de culturas muy diferentes, aprendimos palabras y frases en los más variados idiomas, de hebreo a georgiano, nos hemos perdido, nos hemos peleado, comimos las cosas más variadas desde la totalmente familiar pasta en Italia a carne de caballo hervida como una delicatesen en la parte central de Rusia, también hicimos los trabajos más variados, limpiando baños y armando camas como locos en hostels, cosechando dátiles con 50° de calor, podando viñas...
Sí, ha sido un año de lo más intenso, aprendiendo muchísimo.
Y aunque al principio parecía una película y muchas de las cosas que hemos hecho de verdad que serían dignas de una saga de ciencia ficción, ahora ya no nos parecen tan desorbitantes, el mundo entero sería digno de una película maravillosa, sólo que muchas veces hemos elegido verlo desde una ventana (window) en vez de salir a probarlo por nosotros mismos.
Y no, no vamos a caer en textos de autoayuda, ni en las frases cursis del Facebook que te solucionan la vida, para nada. Este era nuestro sueño y lo único que hicimos es laburar para conseguirlo, ponerle el cuerpo y animarnos, nada más, no tuvimos ni fórmulas mágicas, ni millones de dólares o, cómo mucha gente nos ha dicho, acuerdos con el gobierno y mucho menos (aunque no lo crean también nos lo dijeron) vendimos droga, para nada.
Somos dos mendocinos normalitos, hablando arrastrado y fanáticos del vino, que trabajamos mucho para conseguirlo. Así que por más que empezó como algo increíble, algo casi imposible, algo de película, no es nada de eso, somos dos chicos como cualquiera cumpliendo nuestro sueño, y buena parte de todo esto es gracias a ustedes, la gente que nos lee, que nos escribe, que va con nosotros así que muchísimas gracias por estar ¡y vamos juntos por mucho más!
Si bien, quedo claro, esto no es una película, a pesar de todo: We will back
Continuará...
Juan y Marian, Los Deambuladores
Facebook: Los Deambuladores