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Los Deambuladores mendocinos ahora recorren Georgia

La pareja de jóvenes que recorre el mundo viviendo al día, disfruta ahora de un pequeño, desconocido y encantador país. Seguiles los pasos.

Cuando les decíamos a muchos amigos, por Facebook o Whatsapp que estábamos en Georgia, varios nos dijeron: ¿se fueron a Estados Unidos? Pero la mayoría solo hizo un silencio (en el chat, si eso es posible), que duró más o menos lo que dura una búsqueda en Google, antes de respondernos en forma insegura: mirá vos… qué bonito. Si bien, Georgia también es un Estado de los Estados Unidos nosotros aún no hemos cruzado el Atlántico, seguimos del otro lado del mundo y estamos en el país Georgia. Que increíblemente, a pesar de ser un país europeo, en Argentina se lo escucha poco y nada. Tal vez sólo los amantes del rugby hayan escuchado de este pequeñito país.


Bueno, pues la cosa no es distinta acá tampoco para los argentinos, de hecho perdimos casi 3 horas tratando de cruzar la frontera mientras 5 policías discutían si debíamos pagar visa o no (nosotros sin entender una palabra paraditos a un lado) hasta que llegó un sexto policía que hablaba un poco de inglés y nos explicó la situación, discutió un rato con sus compatriotas y después volvió a recomendarnos lugares a los que ir.

¡Pasamos! pensamos los dos, pero lo mejor estaba por venir, escáner de mochilas, obviamente veían algo raro en una de nuestras mochilas grandes y nos la hicieron desarmar completa, nos quitaron nuestro botiquín, e inspeccionaron pastilla por pastilla, para ver qué tipo de drogas teníamos (sólo algunas cosas para el dolor de cabeza, descompostura y cosas así)… no encontraron nada y pasamos al escáner corporal… esto sí fue una experiencia nueva porque si bien nos han palpado en la frontera boliviano-argentina, o en la entrada de cuanto recital hemos ido, nos ha fumigado el ISCAMEN cada vez que entramos de vuelta a Mendoza desde otra provincia, nunca nos habían metido en algo parecido a una cabina telefónica con los brazos levantados durante un par de minutos mientras nos escaneaban el cuerpo, y claro, lo que tenía que pasar, encontraron algo raro y empezó la discusión de nuevo.


Nosotros, más tentados que preocupados, intentábamos ayudar pero no había forma de entendernos, hasta que hicieron volver al policía que hablaba inglés y nos preguntó si habíamos tenido alguna vez una cirugía, le explicamos que sí y le señalamos exactamente los lugares donde están las cicatrices, al parecer coincidía con lo que ellos estaban viendo en la pantalla de pronto se relajaron las caras, nos recomendaron algunos lugares más a los que ir, y nos dejaron pasar.

Anduvimos por las montañas increíbles de Khasbegi, un pueblito perdido en medio de montañas increíbles que nos recordó muchísimo a Uspallata, salimos hacia la capital y las chicas que nos llevaron nos sirvieron de guías y nos llevaron de aquí para allá por Tifilis (Tbilisi, que es el nombre nuevo pero en español seguimos utilizando en las traducciones el antiguo) que es una ciudad increíble, que mezcla lo antiguo con lo moderno, bosque, montaña, lagos, rio, en una ciudad de poco más de un millón de habitantes.


Desde ahí, salimos a un pueblito que se llama Udabno, perdido en medio de ningún lado, al lado de la frontera con Azerbaiyán que sobrevive porque es la única parada en el camino a David Gareja un monasterio del siglo VI que es patrimonio de la humanidad, un lugar mágico. En ese pueblo trabajamos durante tres semanas en un hotel restaurant, parando un poco después de casi dos semanas de viaje casi constante, sin desarmar las mochilas.

Ahora estamos en el corazón de la región vitivinícola georgiana, una ciudad que se llama Signagi encontramos trabajo mientras hacíamos dedo, un hombre que nos levantó nos ofreció ayudarlo en su pequeño hostel, así como lo leen, el señor levantó a dos completos extraños en la ruta, los llevó a dormir a su casa y les dio trabajo, difícil de creer ¿no? Bueno, esto nos da el pie para contarles lo que de verdad les queremos contar sobre Georgia.

Ya nos lo dijeron todas las personas que tuvieron que googlear este país, es chiquito, muy chiquito, pero tiene de todo, montañas inmensas, desiertos, bosques y valles semi selváticos, todo eso está en Wikipedia, seguro. 


Lo que no dice (o si lo dice, no lo suficiente) es sobre la hospitalidad georgiana, vayas donde vayas, si vas determinado a tener un contacto de verdad con la gente del lugar y no a encerrarte en un “all inclusive” los georgianos siempre están dispuestos a tener una buena charla (así sea en su idioma, que nos ha hecho cambiar el famoso dicho a: “estás hablando en georgiano básico”) invitarte a comer su increíble comida, no exageramos en la cocina del hotel restaurant las 4 cocineras nos daban tanta comida que los pocos pantalones que tenemos hacen un esfuerzo por entrar y algo infaltable, invitarte (y volverte a invitar… y de nuevo y de nuevo, y por las dudas, otra vez) a tomar sus increíbles vinos o su peligrosísima Chacha (grapa) que comparten siempre con una historia de por medio, porque acá no se puede tomar por tomar, sino que antes del brindis, nadie toca la copa y una persona, el tamada, antiguamente o en los pueblos solía ser el mayor de la familia o una persona muy querida, hoy en las ciudades hay gente que vive de esto ganando muchísimo dinero, cuentan una historia o hacen una reflexión (que puede ser una frase o durar varios minutos) que justifica, explica por qué tomamos y esto lo hacen en cada brindis que en una cena, la cantidad de brindis pueden llegar a números increíbles, entonces por ejemplo, una cortita y bastante conocida: bebemos porque los robles con los que van a hacer nuestro ataúd vivan muchos años , ¡salud! (¡Gamardchos!)


Así estamos pasando nuestro tiempo en este país entre muy buenas comidas y muchos brindis que poco se conoce en Argentina. Aún nos quedan algunas semanas girando por acá y estamos ansiosos por ver qué cosas nuevas tiene para ofrecernos antes de volver a Turquía y comenzar nuestra vuelta al Oeste.

Así que hoy brindamos por eso, por romper los viajes “convencionales” y conocer lugares que muchas veces suenan remotos, por dejarnos contaminar, diría un cantautor español, por todas las personas que se cruzan en nuestro camino, por compartir, por confiar. Hoy brindamos por todo eso y por seguir siempre para adelante, dejándonos sorprender: ¡Salud!

Juan y Marian, Los Deambuladores (Para ver más fotos, leer nuestro blog o contactarnos nuestro Facebook: Los Deambuladores)