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Una fiesta en el último piso (del mundo)

Mientras en Mendoza cae la lluvia nuestra de cada mañana, un mendocino festeja en el campamento base del Everest.
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 Pisar la cumbre del Everest debe ser un momento intenso, pero seguramente la parte más divertida de la experiencia sea la que está ocurriendo justo ahora en el campamento base del lado tibetano del cerro, mientras en Mendoza son las 10 de la mañana de un jueves lluvioso. Allí, a 6.340 metros, el grupo de argentinos que acaba de subir la mayor montaña del planeta participa del exclusivo evento que tiene lugar en el “domo” de una empresa europea de expediciones.

“Llegamos al base hace 30 minutos. Todos rotos! Pero en tres horas hay una fiesta en lo de los suizos, vamos todos a festejar”, contó el mendocino Ulises Corvalán en un mensaje de WhatsApp a las 7 de la mañana de hoy. Es fácil imaginar el alivio con el que el guía de montaña local habrá cambiado las botas de montaña por zapatillas y la piqueta por un vaso de cerveza. Hace dos días pasó dos noches a 8.300 metros y el 23 de mayo a las 11.05 AM, tras doce horas de trabajo, llegó a la cima de 8.848 metros con todo su grupo, que lideró junto al nepalés Tendi Sherpa.


Entre los cinco argentinos de la expedición están el actor Facundo Arana y la deportista Alejandra “Laly” Ulehla. Para el lujanino Uli y para Alejandra, cordobesa que vive en Gral. Roca, Río Negro, el Everest es un logro que implicó un enorme compromiso, ya que en dos oportunidades habían llegado hasta los Himalayas para tener que regresar sin intentarlo (por una avalancha hace dos años y en mayo pasado por el terremoto). Ulises ha guiado a Laly a la cumbre del Aconcagua, del Elbrus en Rusia y del Mt Vinson, en la Antártida. Fueron también al Denali (ex McKinley) en Alaska, sin llegar a la cumbre. Estas montañas son parte del circuito de las “siete cumbres”, una suerte de seleccionado de las mayores alturas de cada continente.

El Everest es casi dos mil metros más alto que nuestro Aconcagua (que es el segundo de la lista). Esta diferencia se refleja en la dificultad del ascenso. Para subir el gigante himalayo, por ejemplo, los argentinos tuvieron que hacer un campamento a 8.300 metros. Esto implica armar sus carpas, comer, ir al baño y pasar la noche con sus mascarillas de oxígeno (no necesariamente dormir, que es muy difícil a esta altura), en un lugar que está por encima de las cumbres de todas las montañas del mundo, con excepción de cuatro cerros cercanos el Everest.


Este desafío atrae a cientos de montañistas cada mayo, el mes más apropiado por condiciones climáticas. Este año y tras dos temporadas catastróficas, el cerro ha recuperado su ritmo: se estima que 400 personas han alcanzado la cumbre (según las publicaciones Desnivel.com, la principal en castellano, y el diario inglés The Guardian, citando fuentes oficiales), por las variantes nepalesa (la más frecuentada) y tibetana del Everest. Nepal cobra 11.000 dólares por cada permiso de ascenso.

Esta cantidad de gente es paradójicamente una de las principales dificultades que plantea el Everest, ya se forman “cuellos de botella” en los pasos difíciles donde los montañistas deben turnarse para emplear las cuerdas fijas que brindan seguridad. Permanecer quietos a estas alturas extremas es peligroso por el riesgo de congelamientos e hipotermia. De hecho, los congestionamientos para franquear estos pasos han sido señalados como la causa de las tres muertes registradas en estos días. De acuerdo a Ang Tschering, de la ONG Nepal Mountaineering Association, “Los dos anteriores desastres en el Everest fueron causados por la naturaleza, pero éste fue un error humano”.

Los “embotellamientos” complican también al lado tibetano, por donde ascendieron los argentinos. “De las doce horas que nos tomó llegar del campamento a la cumbre, al menos tres estuvimos parados por el tráfico en el primer, segundo y tercer escalón”, explicó Corvalán a MDZ, vía mensaje de texto.

“Estoy feliz y cansado”, comentó ayer el guía local. “Hicimos cumbre todos los argentinos, Alejandra Ulehla, Verónica Rainone (médica de altura), Facundo Arana, Juan Manuel Boselli y yo. También el mexicano Aldo, la canadiense Liz Rose y el guía Tendi Sherpa”, que organizó la expedición. “Demoramos dos días en bajar, porque parte del grupo estaba muy débil y decidimos por seguridad permanecer todos juntos. Por eso hicimos noche en el Campo 1 y hoy (por ayer) bajamos al Campo Base Avanzado” contó “Uli”, como lo conoce todo el mundo en Aconcagua.

Corvalán ha subido más de 50 veces nuestra mayor montaña, y es uno de los referentes de la actividad. Es uno de los tres guías locales que han subido el Everest. Heber Orona y Horacio Cunietti son los otros dos.