Facundo Arana y el mendocino Uli Corvalán pasaron los 7.000 metros en el Everest
El actor Facundo Arana y el guía de montaña mendocino Ulises Corvalán están a punto de iniciar la parte final de su expedición al Everest.
Tras pasar dos noches en el North Col, o Collado Norte, a 7060 metros (casi cien metros más que la cumbre del Aconcagua), bajaron a un campamento a menor altura para reponer fuerzas y a esperar que pase un temporal que se avecina, según contó Ulises por WhatsApp. Todos están alegres y en buenas condiciones físicas.
El grupo, también integrado por las argentinas María Alejandra "Laly" Ulehla y la médica Verónica Rainone, y por el guía nepalés Tendi Sherpa -visitante frecuente de nuestros Andes mendocinos-, terminó así la etapa de aclimatación y se dispone a ir por la cumbre: el sitio más alto de nuestro planeta, a 8.848 metros de altura.
Pisar esta pequeña plataforma de nieve, de condiciones extremadamente hostiles, es un sueño de larga data para Arana y también para Corvalán y Laly; los tres ya lo intentaron y no pudieron tocar la cima, por diversos motivos.
En el caso de Facundo Arana, un fulminante edema de pulmón lo forzó a bajar en helicóptero en 2012. Corvalán y Ulehla tienen una historia de mala suerte con el cerro: esta es la tercera vez que cruzan el mundo para intentarlo, y en las dos ocasiones anteriores la montaña les dio la espalda.
En 2014 su expedición fue interrumpida por una avalancha que arrasó el Glaciar del Khumbu (en el lado nepalí del Everest). El año pasado escogieron la ruta Norte, es decir la variante por el Tíbet, en la otra cara del Everest. Pero el devastador terremoto que arrasó Nepal conmocionó a toda la región y truncó el viaje nuevamente.
El guía Tendi, en cambio, es el único integrante del grupo que ya conoce la cumbre y tiene amplia experiencia por sobre los ocho mil metros, una altura que sólo se encuentra en los Himalayas, y que es el próximo desafío del grupo. Esta fase final del ascenso tiene una logística delicada. Para entenderla podemos compararla con llegar a la cumbre del Aconcagua, considerar este punto como "campamento base" y desde allí seguir para arriba, cargando carpas, oxígeno, comida, bolsas de dormir, equipo de escalada, teléfono satelital, los cinco tomos de "A Game of Thrones"… Exageraciones aparte, para esta etapa las expediciones comerciales (o guiadas) contratan porteadores sherpas y colocan cuerdas fijas en los lugares con mayor dificultad.
La expedición que integran los argentinos encarará este tramo final del cerro en conjunto con un grupo de malayos, según indicó Corvalán.
El común denominador entre los argentinos es precisamente nuestro cerro mayor, que con sus 6.962 metros es la mayor altura del mundo fuera de los Himalaya. Es también la progresión ideal para intentar un "ochomil", como se les dice a las montañas de esta altura en la jerga del ambiente.
El mendocino Ulises Corvalán, guía de la empresa Grajales Expediciones, ha conducido clientes a la cima del Aconcagua en más de 50 oportunidades.
Arana y Laly Ulehla (de Gral. Roca. Río Negro), por su parte, llegaron al cerro como clientes de Grajales, y trabaron una gran amistad con Ulises. Facundo tiene una pasión por esta montaña que lo ha llevado a ascenderla tres veces, una de ellas fuera de temporada.
La médica porteña Verónica Rainone también es una habitante del Aconcagua, ya que pasa sus veranos como integrante del servicio mèdico del cerro.
Si el grupo logra subir el Everest, sus nombres se sumarán a la corta lista de montañeros locales que tienen ese pergamino; Heber Orona, Fernando Grajales y Pablo Betancourt, de Mendoza, y los argentinos: Mariano Galván (sin oxígeno), Tommy Heinrich, Mercedes Sahores, los hermanos Willie y Damián Benegas, los patagónicos Ramón Chiocconi, Marcelo Deza, Leonardo Proverbio, Carlos Galosi y Alvar Puente, el guía Matías "Matoco" Erroz y Leonardo McLean.
Nicolás García

