Sinceridad: lo que se piensa vs lo que se dice
Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo
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La sinceridad es una cualidad moral de gran valor. Se fundamenta sobre el respeto y el apego a la verdad, como valor esencial en nuestra relación con los demás e, incluso, con nosotros mismos.
La sinceridad tiene diferentes matices. Se dice que un poco de sinceridad es cosa peligrosa, pero una sinceridad absoluta puede ser fatal. Decir todo, es como andar desnudos, sin cubrir aquello que no hace falta mostrar. Decir todo,en ocasiones puede ser dañino, yendo más allá de los límites quela otra persona esté dispuesta o preparada a escuchar. Nadie invita que dejemos caeruna catarata de "aparentes verdades", en algunas ocasiones inundando de resentimiento,aquien las recibe. Por sabernos"frontales", "abanderados de la honestidad", nos creemos con el poder y orgullo de no quedarnos con nada adentro. Pues nada más errado. Como todo valor en la vida, es una virtud, pero en exceso, puede mudar en un negativo defecto. Ser exageradamente sincerosrepresenta una conducta infantil, sin reparos, "sin filtros", nidemarcaciones que lalimiten.
Entendemos que "decir todo" sería algo así como un acto "sincericida". Una forma de cavarnos nuestra fosa en las relaciones. Generando intolerancia en la persona a la que"vomitamos" nuestra "sinceridad bruta". Entonces, decir una parte de verdad ¿sería mentir?A veces no somos totalmente sinceros simplemente por ser amables, para no incomodar al otro. Otras veces evitamos ser extremadamente sinceros para no afectar la relación que tenemos con otras personas, bien sea de pareja, de amistad, de trabajo, de estudio o de cualquier otra índole.Decir una porción de mi verdad no es mentir. Mentir es falsear la realidad. Es decir una cosa por otra. Pero "mostrar una parte" es el derecho que tenemos de no dar a conocer aspectos que elegimos dejar en la intimidad. Que podemos atesorar sin necesariamente ser expuestos. Si digo que tengo un dedo, no es mentira. Existe, es real y visible. Puedo no mencionar la existencia de los otros nueve, por el mero hecho de no creer necesario decirlo. Ser sinceros implica no mentir, pues la mentira representa engaño, estafa, casi traición, en su forma más exagerada o extrema. Para el que miente, ésta misma constituye su sentencia y cárcel. Es un disfraz que ocultarlo que No quiere y repudia de su ser, para no ser descubierto por lo demás. Es un juego de cartas marcadas, con trucos develados y misterios resueltos, donde ya se sabe perdedor, sin solucionar aquello que tiene que ocultar tras la mentira. Una cortina de humo, que tarde o temprano se desvanece.
Solemos hacer alusión sobre la verdad, refiriendo que "hay que defenderla a muerte" siendo el acto más loable "decir la verdad". Pero ¿Existe una sola verdad? Y si así fuera ¿quién la tiene? En todo caso, se trataría de defender "nuestro punto de vista". Nuestra mirada personal. Pero siendo algo tan subjetivo ¿cómo podemos defender algo que sólo nosotros vemos? Un "yo creo, a mí me parece, desde mi visión" serían las frases iniciales apropiadas, acertadas y necesarias, al expresar aquello que consideramos sobre algún tema. Permitiendo mostrar lo que somos, cómo pensamos y sentimos, sin "imponer" nuestro decir. Esto constituiría un claro "ser sincero", base fundante desde donde se construye la seguridad personal.Una vez que reconocemos que tenemos "nuestras verdades", "nuestro propio modo de entender el mundo", es que podemos comprender que las personas hacemos diferentes recortes, desde donde nosparamos a mirar la realidad, aunque sea de un mismo hecho.
No todos están dispuestos a escuchar verdades totales. Por eso es importante no ir más allá de aquello que no fue preguntado. Pero en ocasiones insistimos en que se debe saber, casi a la fuerza, lo que yo creo es "la gran verdad". La idea de la verdad tiene que ver con un consenso, una construcción entre las partes que la componen. Una puesta en común y de crecimiento en los vínculos. Considerar un sinceramiento en apuesta a decir cosas constructivas, es una manera de estar con otros, construyendo verdades compartidas, tolerando verdades ajenas y respetando verdades no convenientes para nosotros.
Honestidad, sinceridad, franqueza podríamos decir que estarían dentro de la misma gama. Ser sinceros, hace que vayamos más livianos por la vida. Ser sinceros, nos otorga la posibilidad de transparentar ciertos aspectosde temas elegidos. Una forma de hacer pasar a quien queremos, a la intimidad de nuestro interior, de nuestro ser, de la caja fuerte de nuestros secretos,con aquello que necesitamos y creemos conveniente compartir.
Por lo tanto, es sano que reflexionemos sobre la idea de llegar a una etapa en la vida donde la sinceridad sea una constante.Como adultos, sería prudente avanzar con la verdad en la mano, abandonando definitivamente la mentira.Esto nos permitiría posicionarnos en nuestro lado más genuino y auténtico, como valor y estilo de vida, como medio de relación. Pero en su justa proporción y cuando la situación lo merezca, sin confundir el ser sinceros contener"boca de jarro", sino evaluando cuánto creemos que es necesario volcar, de esa dosis de mi verdad. Una porción apropiada de lo que tengo para compartir, pero con la cautela de mirar y considerar a quien tengo en frente. Sin dudas, ser sinceros es un valor, una cualidad positiva, un estandarte de buena persona, un tesoro heredable. Y el primer paso es serlo con nosotros mismos, sin contemplar sólo aquello que nos conviene. Cuando la sinceridad es bien dimensionada y sin intenciones encubiertas, del otro lado se recibe como algo bueno, claro, sano y puro. Llega gustosa y genera comodidad. Enaltece a quien la usa y aferra los vínculos que la contienen en su relación. Avancemos entonces sobre este terreno, para alivianarnos y sentirnos plenos con nuestras verdades, valorando mi mirada y respetando la de los demás, despojados de mentira s y orgullosos de quienes somos.


