Israel, el pequeño-gran país de los extremos

Ya para estas fechas hemos pasado poco más de dos meses en Israel y más allá del conflicto entre israelíes y palestinos, la reflexión que nos vuelve casi constantemente a la cabeza y a nuestras charlas es que este es un país de extremos.
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Imaginen esto, Israel es más chico que Tucumán entra casi seis veces en la provincia de Mendoza (es menor incluso que el departamento de Malargüe), pero con la pequeña diferencia que tiene poco más de ocho millones de habitantes, entonces dentro de ese pequeño territorio y dentro de esa cantidad de personas uno puede encontrar todos los extremos.
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¿A qué nos referimos? Sólo caminando por la calle se puede ver desde empresas de altísima tecnología como Google o Microsoft y una cuadra después gente que vive aún como en la edad media, pero literalmente como en la edad media, personas que si no fuera porque la policía no lo permite aún apedrearían a adúlteras; religiosos ortodoxos judíos, cristianos y musulmanes absolutamente cerrados en su religión y por otro lado Tel Aviv que es la capital mundial de la homosexualidad. También manifestaciones multitudinarias a favor de la paz que llenan Jerusalén o Tel Aviv y al mismo tiempo aviones y helicópteros de guerra volando casi constantemente sin que nadie siquiera mire hacia arriba, así la lista podría seguir y seguir.

Uno por ahí puede pensar : “en Argentina también se puede encontrar tanta variedad como esa”. En Mendoza mismo hay comunidades bolivianas, peruanas, entre otras, La Consulta en San Carlos, por ejemplo, alberga a la comunidad musulmana, en Alvear está la colonia rusa y Real del Padre (localidad cerquita de Alvear) era un pueblito lleno de japoneses, y así podríamos, también seguir y seguir.
Pero, lo que decíamos anteriormente, es un territorio mínimo, muy muy chiquito, desde Alvear a San Carlos hay casi 200 kilómetros, eso sin siquiera acercarse a otra provincia. En Israel un viaje de 200 kilómetros es atravesar más de la mitad del país.
Cuando uno lo piensa así, la perspectiva cambia, al haber tantos extremos juntos y tan pero tan cerca, los grises se vuelven difusos, y es todo un ejercicio de involucrarse, meterse, buscar, pispiar, para lograr encontrar los matices, que existen y que enriquecen más y más.
Si uno se queda sólo con los extremos que por lo llamativo en general es lo primero que vemos, se hace difícil de entender y de aceptar.
Como nuestro viaje intenta ir más allá del turismo convencional, nos parece más importante involucrarnos con las personas que conocer un lugar nuevo (obviamente una cosa no quita la otra, sin extremos por favor) hemos tenido la oportunidad de estar cerca, muy cerca y de crear vínculos reales. Y logramos destruir varios prejuicios sobre Israel, mejor dicho, sobre los israelíes. Primero y principal, no todos los israelíes odian a los palestinos, más bien, en general, están deseando un final pacífico al conflicto y están cansados de que sea esto lo que define al país.
Después, algo que es vox populi es que los israelíes son groseros y andan a los gritos, bueno, vamos a admitir que el hebreo, el idioma, no es lo más dulce que hemos escuchado, más bien lo contrario, de verdad suenan enojados todo el tiempo, pero si uno se frena a charlar un poco más, si se da esa oportunidad, se va a dar cuenta de que no es ni enojo ni mala onda ni nada, es sólo el modo. En nuestro caso, cada uno de los israelíes que hemos conocido han sido increíblemente amables, nos han ayudado, nos han llevado y traído, nos han mostrado cosas increíbles.
Realmente, dejar los paradigmas que uno trae, las cosas que uno piensa “normales” para abrir la cabeza y entender que no hay mejores ni peores, sólo diferentes, ha sido acá un ejercicio maravilloso que nos permitió y nos permite, ir más allá de los extremos, sin negarlos, obviamente, viéndolos como parte de la diferencia, de la riqueza, del lugar, sin discutir sólo escuchando, preguntando y escuchando.
En poco más de 2 meses hemos conocido a personas de diferentes países que vinieron a vivir a Israel, argentinos que han venido y formado familia acá, judíos ortodoxos, drusos, palestinos israelíes, beduinos, hippies, empresarios, etc, etc, etc… Todos, toditos nos han aportado vivencias y han hecho este viaje especial. Gracias a la búsqueda de grises y a todas esas personas esta primera parte del viaje ha sido una experiencia increíble.
Juan Niemetz.




