Droga en las escuelas, una batalla que vamos perdiendo
Paco, marihuana de la conocida como “paraguaya” o, peor, productos sintéticos hechos con los residuos de la destilación de otras drogas. Cualquier droga se puede conseguir en los barrios de Mendoza, y lo peor de todo es que en los caseríos la mayoría de los vecinos saben dónde se vende, y por lo general también la policía tiene estos datos, y sin embargo nadie hace nada.
Los vendedores callejeros saben que tienen un mercado cautivo que va en crecimiento y también saben que, excepto casos excepcionales, están a salvo, porque por encima de ellos, de los que trabajan con el menudeo, están los mayoristas, los traficantes, los que se llevan el pedazo más grande de la torta de dinero, de donde una parte va para garantizar que el negocio siga funcionando, y esto implica, por supuesto, pagar a quien haya que pagarle para que ni la policía ni la justicia los moleste.
Y tan libremente pueden vender esas basuras que les queman el cerebro a los pibes, que ya no tiene reparo en hacerlo en las puertas de las escuelas, en las esquinas, a la hora en que los chicos entran o salen de clases, cuando no dentro de la mismísima escuela.
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MDZ Online salió en busca de testimonios y pudo entrevistar a tres directoras de escuelas de distintos sitios de Mendoza. Así, hablamos las directoras de una escuela de Guaymallén, de una de Luján y de una del Valle de Uco.
En todos los casos indicaron que la droga merodea la escuela de la que son responsables, y también coincidieron en algo más: nadie hace nada para que esto deje de suceder.
Por razones obvias, los nombres de las directoras y los de las escuelas a las que pertenecen se preservarán.
Todos saben quién y dónde vende
La escuela de Guaymallén está frente a una plaza, lo mismo que la de Luján. En tanto, la del Valle de Uco tiene una plaza a unas cuatro cuadras. En todas ellas, a la hora de ingreso de los alumnos y a la salida, hay quienes venden drogas.
“Estoy segura de que en la plaza hay tráfico, que a nosotros nos mata, porque está enfrente, y los chicos pasan por ahí antes de venir a la escuela”, dice la directora de Luján, mientras que la de Guaymallén cuenta de casos de chicos a los que ven en la plaza comprando y consumiendo justo antes de entrar a clase.
En la escuela del Valle de Uco, descubrieron en una oportunidad a un joven distribuyendo drogas en la mismísima vereda de la escuela. La directora cuenta que luego de eso el vendedor no volvió, porque se dio cuenta de que lo habían descubierto.
La droga está ahí, justo enfrente de la puerta de la escuela, y a nadie parece interesarle, lo que queda claro en el siguiente testimonio:
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Ojos vidriosos
“Vos les ves los ojos vidriosos cuando están en clase, y te terminás preguntando qué sentido tiene estar ahí. Esto me lo dijo una profe una vez, y yo qué le podía responder…”, cuenta la directora de Guaymallén, quien dice que a diario hay chicos que al menos marihuana fumaron antes de entrar a clases.
“Calculamos que un sesenta por ciento de la matrícula que tenemos en la escuela ha probado la droga o consume”, asegura la directora de Luján.
“Yo trabajo en un distrito chico donde hay muchos alumnos que se drogan, dicho por ellos mismos”, confirma la directora de la escuela del Valle de Uco.
Jornadas, charlas, cine debate, encuentro con ex adictos. Las escuelas echan mano a cuanto recurso pueden para tratar de alejar a los chicos de las drogas. Pero, de acuerdo a lo que nos dijeron, no existe un programa de prevención oficial que llegue a las aulas.
“Les decimos que no compren, que es un negocio para terceras personas, les explicamos las consecuencias en el cuerpo…”, detalla la directora del Valle de Uco, con un dejo de amargura porque sabe que con eso no alcanza. Ella misma sostiene que a veces detectan a chicos que tienen una actitud un poco extraña, pero que no le ha pasado tener que solucionar un problema con un alumno intoxicado.
Pero en las directoras de Luján y Guaymallén sí tuvieron que atravesar situaciones con alumnos a los que hubo que atender.
“Llamamos a la ambulancia porque el chico se había caído como desmayado, y después llamamos a la casa. Vino una hermana mayor a ver qué pasaba, y ella se dio cuenta de inmediato que estaba drogado, entonces empezó a insultarlo. La ambulancia llegó un rato después, y el alumnos apenas si reaccionaba. La cosa es que la hermana ya había llamado a la casa, así que cuando llegaron los médicos ya estaban en la escuela la madre y un amigo, y entre los tres, con la hermana, se lo llevaron y no dejaron que lo atendieran. Faltó unos días el alumno, y después volvió”, relata la directora de la escuela de Guaymallén.
“Este año no hemos tenido casos, pero el año pasado tuvimos que intervenir, y también intervino la policía, pero porque hubo un problema. Yo no estaba ese día, estaba la persona que queda a cargo cuando yo no estoy, y no se siguió el protocolo, entonces llamaron a la ambulancia, pero lo que hay que hacer es llamar a la familia, y es la familia la que decide qué hace con el chico”, cuenta la directora de Luján. “A ver si entendí: ¿ustedes no pueden atenderlo si no lo autoriza la familia?”, preguntamos. “Es que podemos tener problemas nosotros”, responde.
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La labor docente
La actitud de las tres directoras ante esta problemática es quizás lo que más se puede rescatar de la serie de entrevistas que hicimos. Y es que reconocen que es un problema social, por lo que no reducen el problema echándoles la culpa a los alumnos, sino haciéndose cargo como institución de una problemática social.
“Como ya sabemos lo que pasa, en la escuela no se puede fumar, y estamos muy atentos a eso, a los grupos, a los baños…”, explica la directora del Valle de Uco.
“Ante todo, tratamos de que los chicos sigan viniendo a la escuela y de que acá encuentren otra cosa que la que ven después en la calle”, dice sobre el final la directora de Guaymallén.
“Sabemos lo que significa la policía para ellos, y si llamás a la policía, mañana a ese chico no lo tenés en la escuela y ya no podés seguirle la historia”, concluye la directora de Luján.
La problemática es tan compleja y abarca tantos espacios, que está claro que desde las escuelas no es mucho lo que se puede hacer, y menos cuando enfrente tienen un sistema aceitado de venta de drogas que, ante todo, ostenta el poder.

