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La gestión cultural en Mendoza, parte I: La Mirada

La cultura no se da en un escenario de aislamiento, se da en un escenario de respeto, de reconocimiento, de intercambio entre iguales. Si no, no se da.
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Federalismo y cultura. Unitarismo y violencia

Queda claro que los federales perdimos, que Chacho Peñaloza murió, que Urquiza se retiró de Pavón sin dar batalla y que el unitarismo porteño se adueñó del país. Bajo ese esquema desigual se “desarrolló” una patria, también desigual. La cultura no fue ni es ajena a ese proceso. A un proceso que aún no concluye.

El unitarismo no es sólo una posición político-económica o cultural, es además un esquema de violencia. Un esquema que reproduce la violencia histórica de la enajenación y genera un modelo de supresión de las diversas identidades que construyen el ser nacional.

El unitarismo instala un modelo de violencia reproductiva que -a través de distintas prácticas culturales-económicas y políticas- re-produce un campo de desconocimiento.

La lógica unitaria responde a una lógica de acumulación, que es la lógica del puerto y que le asigna al resto del territorio el mero rol de productor de materias primas. Esta lógica también se aplica al capital cultural.

Por eso, gestionar cultura en las provincias es mirar-construir federalmente y no llenarse la boca con un federalismo de salón -vacío, mentiroso y declamativo- que termina siendo otra de las formas encubiertas del unitarismo. Desde Sarmiento sabemos que el unitarismo tiene muy fieles vasallos en las provincias.

Con la anuencia del Ministerio de Cultura de Mendoza, el aparato cultural porteño ha tomado a la provincia como coto de caza. Pero no sólo lo porteño, sino también todo aquello que no sea mendocino. Lo mendocino aparece constantemente devaluado, arrinconado, degradado por una mirada que lo relega a una periferia ensombrecida. Bajo el paradigma -equivocado- de que la cultura mendocina ni interesa ni convoca, las autoridades culturales de la provincia someten a los actores culturales mendocinos a un feroz abandono, del que sólo los salva la autogestión.


Integración regional y soberanía cultural. Desintegración y colonización territorial

Mendoza está desintegrada culturalmente en su territorialidad. No existe dialogo-comunicación-intercambio entre la capital de la provincia y los diferentes departamentos que componen el territorio. Hay un aislamiento tan grande-tan hondo-tan profundo, que tenemos más noticias y mayor conocimiento de lo que sucede en La Matanza o en Quilmes y ni que decir Capital Federal, que lo que acontece en Malargüe, San Martín, Lavalle o General Alvear. Esta desintegración ha terminado por crear eriales culturales en la provincia. Islotes-campos vacíos donde lo único que florece son cardos.

Hacer cultura es también integrar la región, estrechar vínculos con experiencias culturales semejantes-comunes, como las del Nuevo Cuyo. Jugar en el patio con los amigos, se diría en la esquina, en el barrio. Pero, como en el caso anterior, aquí sucede lo mismo, estamos culturalmente más cerca de la estepa rusa o Palermo Soho que de San Juan, San Luis, La Rioja o Catamarca.

En este marco, no podemos esperar un modelo de integración provincial o nacional basado en la igualdad, y menos aún uno continental, latinoamericano. Sería ilusorio.


La cultura como bien social

La cultura es un bien social, un bien que el Estado tiene la obligación de poner en circulación, en disposición no sólo de la amplias mayorías, sino también de las minorías excluidas. Cuando la cultura no es tratada como un bien social, no es puesta en circulación, cuando no hay una mirada que iguale culturalmente en un sistema -como el capitalismo- que desiguala, simplemente no hay cultura. Y esto -quiero aclararlo- no tiene que ver con la gratuidad, tiene que ver con la mirada, el contenido, el anclaje y la circulación de los bienes culturales.


Curación y guía. Abandono y orfandad

Los procesos y las actividades culturales deben ser custodiadas, guiadas para llegar a puerto, pero cuando se los abandona a su suerte, cuando no se los cura, cuando no se les presta ni la atención ni la ayuda requerida, desbarrancan. Estos procesos y estas actividades deben ser constantemente monitoreados, evaluados, asistidos. Los procesos de curación en materia cultural deben centrarse en la capacitación de los diversos y distintos actores culturales. Desde una mirada regional y federal. Asistirlos a ellos y a sus obras en un proceso de formación. Cuando esto no sucede, lo que aparece es la orfandad cultural, un sentimiento sin pertenencia que conduce a la experiencia cultural al abandono.


Participación y cultura. Autismo y aislamiento

Cerrar-desintegrar los mecanismos de participación en la política cultural habla de un claro síndrome autista que genera violencia y aislamiento. Nada más autoritario en la actual sociedad que no escuchar. Las políticas culturales deben elaborarse y diseñarse en conjunto con los actores culturales que las llevan a cabo, de lo contrario, el vínculo se rompe y el fin no se cumple. No escuchar, no consultar, cerrar los mecanismos de participación, ensuciar- embarrar los mecanismos eleccionarios es otra manera de devaluar la cultura mendocina. Si los funcionarios piensan-creen-sienten que los gestores culturales no tienen nada valioso para aportar, los degradan. Esta manera de gestionar de espaldas a los actores de la cultura genera una situación que licua el campo semántico cultural y hace imposible la comunicación. La cultura es comunicación en acción. Y la comunicación es divergencia. Cuando no hay debate no hay ni comunicación ni cultura.

La cultura no se da en un escenario de aislamiento, se da en un escenario de respeto, de reconocimiento, de intercambio entre iguales, cuando no hay hechos que garanticen este escenario, simplemente la cultura no se da.


Conclusión

Sin miradas, sin orientes, sin horizontes donde depositar expectativas, sin historias que contar, sin comunicación, sin contenidos, sin un anclaje social, sin federalismo, sin valores que trasmitir, sin ideas, sin políticas de Estado, sin obras, el “equipo que dirige el Ministerio de Cultura de Mendoza” conduce nuestros bienes culturales a la desertificación más profunda. Los seca.

Carlos Córdova


PD1: Cuando Alejandro Frias me propuso examinar-evaluar lo actuado por el Ministerio de Cultura de Mendoza tuve sensaciones encontradas. Por un lado, orgullo de que Alejandro -que es un referente del periodismo cultural en la provincia- pensara en mí. Por otro lado -quiero decirlo- me sentí incómodo. Quienes me conocen saben que soy un militante del peronismo kirchnerista, y evaluar la gestión cultural de un gobierno del mismo signo me coloca en una situación difícil. 

Con Alejandro pautamos tres entregas temáticas y de absoluta libertad para decir y pensar. Estas son La Mirada, Las Obras y Los Fines. Aquí va la primera.

PD2: En el cuerpo de la nota hablé de la cultura como un bien social. La obra del gobernador Paco Pérez en tierras del caudillo radical Alfredo Cornejo es una obra que iguala en materia social. Planificar allí en el Pozo -un lugar olvidado de la mano de dios- la biblioteca más grande de la provincia es simplemente genial. Pero esta es una obra de la Gobernación y no del Ministerio de Cultura.