Agua mendocina: crisis, planteos y desafíos
Mendoza es un referente mundial con respecto al uso y aprovechamiento del agua. Como todos saben, en nuestra provincia existen importantes oasis en medio de tierras áridas gracias a los recursos hídricos provenientes de la cordillera de los Andes, que bajan a través de los ríos y arroyos hacia las zonas bajas y se distribuyen por canales artificiales, que nacieron en tiempos inmemoriales y se fueron diversificando y perfeccionando a través del tiempo.
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Más allá de esta breve pero memorizada síntesis que tenemos todos los mendocinos, la actual crisis hídrica que vivimos nos hace pensar, o debería hacernos, en cómo se logra administrar el agua para que éste finalice como alimento de una planta o en nuestras cañerías. También es bueno saber los desafíos que tenemos que sortear para poder seguir sosteniendo nuestros oasis y todo lo que se sustenta sobre ellos, y qué podemos hacer.
El Departamento General de Irrigación llevó a cabo una recorrida por el llamado Sistema Hídrico del río Mendoza, en la cual estuvieron al frente Juan Pablo Yapura, jefe de Gabinete del DGI; Juan Andrés Pina, director de Gestión Hídrica; Carlos Sánchez, director de Operaciones de Río Mendoza; Hector Garde, encargado del área Distribución del Río Mendoza; e Ignacio Ruiz, inspector de cauce en Lavalle. Posteriormente se sumó José Luis Álvarez, el superintendente General de Irrigación.
Embalse Potrerillos
La recorrida comenzó en el dique Potrerillos, precisamente en el paredón, una zona de acceso limitado. Potrerillos comenzó a ser construida en 1999 y fue finalizada en el año 2003, alcanzando su cota máxima al año siguiente, y que requirió una inversión que superó los 300 millones de pesos y superar muchas críticas por su construcción.
Su capacidad actual ronda los 450 hectómetros cúbicos (hm3) y cubre una superficie de 1300 hectáreas. Según explicó Pina, es una presa de materiales sueltos: por dentro contiene distintas capas de tierra y está cubierta, en la cara que limita con el lago, un paredón de hormigón, que sirve de pantalla impermeable.
En la margen suroeste se ubica el llamado descargador de fondo, que conecta con un túnel que corre por detrás de un cerro que finaliza del otro lado, y que además posee unas compuertas en el interior de la montaña; tiene como objetivo erogar agua de la presa sin pasar por las centrales hidroeléctricas y es utilizado para las operaciones de limpieza. Mientras que un poco más abajo está el aliviadero de la presa, en forma de embudo y sin compuertas, cuya función es evacuar el agua excedente producto de una crecida excepcional y que supera la cota máxima del lago.
En la margen noroeste se ubica el túnel que traslada agua a través de las montañas hacia la central hidroeléctrica de Cacheuta, situada a un kilómetro aguas abajo, donde pasa por un desnivel de 170 metros de desnivel y hace funcionar cuatro turbinas. En el caso del agua que se pide para riego, continúa por otro túnel hasta la otra central, llamada Álvarez Condarco, donde finalmente el agua regresa a su cauce natural.
Para los funcionarios de Irrigación, el dique Potrerillos constituye un elemento fundamental para el riego del Oasis Norte. Dado que estamos en una época del año donde no hay mucha agua debido a que el descongelamiento de la nieve no ocurre, se liberan ciertas cantidades del recurso hídrico almacenadas en el lago artificial durante la temporada estival anterior. Respondiendo a este ciclo, los niveles del embalse tienden a normalizarse en verano.
"Si no existiera la presa, no tendríamos agua suficiente para regar hasta el mes de diciembre y esto sería desastroso, porque no habría riego suficiente en primavera. Todo ello terminaría desencadenando una importante pérdida de producción agrícola", aseveró Pina.
Técnicamente, Sánchez explicó que "la erogación actual del dique está en el orden de los 40 m3/s y, si bien la semana pasada hubo un pico de incremento por el calor, esta entrada de aire frío hará que los caudales del río vuelvan a bajar a un nivel cercano a los 15 m3/s. Si no tuviéramos el embalse, estaríamos distribuyendo ese caudal (15 m3/s), al cual habría que descontarle los 7 m3/s que se utilizan para abastecimiento de la población. Es decir, regaríamos unas 64 mil hectáreas con apenas 5 m3/s. Si no tuviéramos Potrerillos, la crisis sería terrible".
En ese sentido, Yapura hizo mención a "las discusiones sobre la construcción del dique y el impacto que iba a tener. Muchos tenían una línea técnica que decían 'tenemos un Potrerillos en el agua subterránea' y la verdad que con el paso del tiempo se ha demostrado que Potrerillos ha sido muy importante". A esto, Pina agregó que "discutir lo contrario es irracional".
"Los embalses están para usarse"
Es común en los últimos años que sean muchos, sobre todo del sector turístico, quienes reclamen por la merma de los embalses mendocinos, ya que impiden el desarrollo de actividades recreativas o simplemente se alarman por el daño al ecosistema y sus consecuencias.
Carlos Sánchez (izquierda) y Juan Andrés Pina (derecha).
Pero desde Irrigación justifican estas acciones. Pina sostuvo que "los embalses están pensados para usarse. Si bien tienen rangos mínimos y máximos de operación, hay que tener en claro que los embalses son para riego. Si está la cota mínima de generación, y por cuestiones de crisis hídrica necesitamos seguir bajando, vamos a seguir bajando".
Dique Cipolletti y sus dos canales principales
El segundo punto del recorrido fue el famoso dique Cipolletti, el más antiguo que posee la provincia. También se trata de la cabecera del sistema de canales para la cuenca del río Mendoza, aunque el dique Compuertas es la primera toma directa sobre el cauce. A su vez se lo denomina 'derivador' porque su función es captar el agua del río e incorporarla al sistema de distribución.
El dique posee una estructura con dos partes bien diferenciadas. Una es el sistema de compuertas planas frontales, que permiten operar con el río, y la otra es un sistema de fusibles sin compuertas, utilizado en caso de crecidas extraordinarias para sacar agua hacia el cauce natural del Mendoza. En uno de los extremos se ubican dos compuertas, donde está la cámara desripiadora, para que no entre material terrestre al sistema de canales.
Por otro lado, en el extremo sureste están las compuertas que dan nacimiento al Canal Matriz. A los mil metros, este cauce desemboca en una gran pileta con gran profundidad, conocida como la cámara desarenadora, donde se asienta el material no acuático más fino, para luego atravesar la captación para la Central Hidroeléctrica San Martín, cuya agua es devuelta al canal principal.
A la altura de las plantas potabilizadoras, se encuentra lo que se llama "el gran comparto", es una especie de dique pequeño que hace la división entre el Canal San Martín, naciendo en la margen derecha, y Canal Cacique Guaymallén, originándose en la margen izquierda.
Aunque nacen de la misma vertiente, ambos canales son muy distintos. Sánchez explicó que "el Cacique Guaymallén funciona tanto para el abastecimiento de población, como canal de riego y descargador del sistema aluvional. Debido a la última función, arrastra toda la mugre de los colectores urbanos (como los zanjones Maure y Frías, entre otros), lo cual complica la distribución del agua por la basura. El vandalismo y los bañistas son otros problemas".
"En el caso del San Martín, es poca el agua que termina en plantas potabilizadoras (Lunlunta, Cruz Piedra y La Pequeña), la incidencia de áreas urbanas es escasa y no tiene colectores aluvionales", agregó. Ambos canales sirven a 36 mil hectáreas cada uno.
Uso del agua
La cuenca del río Mendoza destina un 90% del recurso hídrico para uso agrícola, mientras que el 10% restante tiene como destino final servir a la población y la industria. Esto último representa la proporción más elevada de las cuencas, debido a la incidencia del Gran Mendoza. Por ejemplo, en el Valle de Uco (cuenca del río Tunuyán Superior) para uso agrícola se destina más del 99%; mientras que en el Este el agua potable es subterránea, siendo casi exclusiva el agua superficial para la agricultura.
Si se combinan los usos de aguas superficiales y subterráneas, el 93% termina para uso agrícola, el 6% es para uso poblacional y el 1% industrial.
"Hacemos un pronóstico y una planificación de riego, la cual tiene que ser flexible, dinámico y adaptativo. Tenemos que ser flexibles y planificar en ese sentido, además de trabajar con las áreas científicas y de investigación. El clima está cambiando, es la única certeza, entonces nos tenemos que enfocar en ello, como las mediciones", señaló Pina.
A eso, Sánchez agregó el tema de la eficiencia, cuestión que sería recurrente en los discursos de los funcionarios de Irrigación: "Dentro de las propiedades rurales, la eficiencia es baja (solo se aprovecha el 43% del agua). La idea es complementar todo lo que se hace de la finca para afuera con lo que se hace dentro de la finca, con capacitaciones, programas de mejoramiento con inspectores de cauce, propietarios, tomeros. Hay que hacer todo un trabajo de mejora internamente para que el agua rinda más".
El drama lavallino
Quienes se llevan, casi literalmente, la peor parte del sistema hídrico del río Mendoza son los regantes de Lavalle. Ignacio Ruiz es uno de los inspectores de cauce de ese departamento, tiene bajo su jurisdicción unas 1600 hectáreas y alrededor de 200 usuarios. Aseguró que "allá llega el arrastre de todo Mendoza. El problema de ser el último es que viene toda la mugre. Es un gran trabajo de los tomeros y los regantes sacar la basura en los cauces de tierra".
Ignacio Ruiz.
Sánchez afirmó las palabras de Ruiz al reconocer que "el canal por donde se riega en su zona es el Cacique Guaymallén, que atraviesa el núcleo duro del Gran Mendoza; entonces la gente va tirando basura en los cauces y colectores aluvionales que terminan en el canal".
Pero los residuos no es lo único. Al igual que muchos productores mendocinos, en Lavalle padecen la carencia de agua. "En una finca de 10 hectáreas, por turno de cada ocho días se puede regar entre el 20 y el 25% del terreno, es decir, 2,5 hectáreas cada ocho días".
"Esto se debe por la ineficiencia de todo el sistema y por el uso intrafincas. Estamos utilizando un sistema de riego incaico: del barro, tapón y surco", lamentó, pero a su vez aclaró que "todo ha ido progresando, gracias a las obras de impermeabilización. Si se mejora la calidad de agua a la finca, se defiende lo producido y se generan más ingresos para invertir en la finca y mejorar la distribución del agua".
En ese sentido, Ruiz aseguró que "necesitamos una mejora en el uso eficiente del agua, no solo en las fincas sino también en el uso poblacional e industrial".
Las preocupaciones y planteos del superintendente
José Luis Álvarez, quien se sumó posteriormente, reconoció nuevamente que las dificultades con el agua "nos preocupa porque es la primera vez en la historia de Mendoza que llevamos cinco años consecutivos de crisis hídrica en toda la provincia". Por ello, ahora tenemos que ver si esta situación se torna normal y que los años que eran medios o un poco mejor van a ser los extraordinarios, y deberemos generar políticas para mantener las hectáreas cultivadas y las industrias y agua potable en función de esta nueva realidad. De hecho estamos dando pasos y realizando distintas tareas destinado a ello".
"Hemos ido dos o tres pasos atrás del agua. Lo que estamos tratando de hacer es, con todas las obras y las acciones, estar adelante y distribuir el agua como se necesita", aseguró.
Por último, Álvarez hizo hincapié en la necesidad de que "la comunidad se concientice en no perder la cantidad de agua para cualquier uso, sino implementar la racionalización para todos los usuarios. Esto no es únicamente decir que lo único importante es el agua potable, sino también el agua para riego, por lo que queremos que los productores tomen conciencia de la situación y que cambien su sistema de riego. Incluso pedimos al sector industrial que eficientice su manejo del agua".