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Ediciones Culturales: Violencia es mentir

Respecto de los hechos tristemente célebres acontecidos desde esas oficinas. Organizar un debate, a puertas abiertas y lejos de jueces arbitrarios.
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Ya se ha comprobado todo, desde los aprietes hasta las mentiras, que en realidad es todo parte del mismo mecanismo de gestión cultural que se ha venido implementando de un tiempo a esta parte por ECM: violencia es mentir.

No voy a decir demasiado, tengo miedo de que me pase algo. Ya alguna vez me han llamado desde esa oficina por haber opinado distinto, por haberme quejado, por haber organizado alguna feria en paralelo. No voy a decir demasiado, no quiero que me echen del laburo, como le paso a un amigo que hizo una revista de crítica literaria mendocina y terminó patitas afuera de la biblioteca que regenteaba por ese entonces la esposa de. No voy a decir demasiado, tengo miedo que quieran apretarme, iniciarme juicios, usar mis mails para hacerme decir cosas que yo ni idea. No voy a decir demasiado, sólo unas líneas, sólo unas más. Aunque no sé, tengo miedo, sé de amigos periodistas que han sido citados a “reuniones” en esa oscura oficina del ministerio para dar explicaciones del misterio de su libre expresión. No voy a decir demasiado, no quiero que el rebaño rabioso de escritores que pulula bajo el calor de un foquito de la Feria venga a buscarme, o me señalen por no aceptar los favores de los funcionarios de turno. No quiero, me dan miedo.

Lo cierto es que, desde hace años, no somos pocos los que queremos que se debata, libre y públicamente, qué es lo que pasa con la Ley de Ediciones Culturales de Mendoza, qué es lo que pasa en la oficina que debería propiciar las ediciones locales y aplicar la ley, cómo se concursan esos generosos puestos, qué hacen (además de un concurso al año) y si no sería mejor poner un candado en la puerta y dedicarnos a otra cosa.

Lo cierto es que, desde hace unos años, hay más amenazas que libros editados (tal vez sea necesario aclarar acá que “editar” no es dar un premio o un subsidio). Quizás sería mejor invertir todos esos recursos (sueldos, premios, viáticos, etc.) de Ediciones Culturales en otra cosa más útil, como podría ser la vieja Federación Mendocina de Box y arreglar todo ahí, sobre la lona, frente a frente. Es decir, organizar ese debate, a puertas abiertas y lejos de jueces arbitrarios de oficina, dueños de todo el circo: trapecistas, payasos e incluso de las focas que aplauden hasta el cansancio de tan bien adiestradas que las tienen para callar.

Gabriel Jiménez