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El verano, la época de más crímenes violentos

¿Por qué diciembre es el mes de más asesinatos? Hablamos con especialistas, quienes aportaron también datos sobre la imitación que a veces se produce de los hechos de violencia.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

En los últimos días, la sociedad mendocina se ha visto impactada por las noticias de crímenes muy violentos. Incluso, uno de ellos, el de Luciana, de tres años, llevó a la imputación de funcionarios públicos y a que varios fueran apartados de sus cargos.

Quienes leen habitualmente los diarios o revisan las noticias, saben que no es extraño que enero sea un mes en el que este tipo de hechos se dan con una espantosa regularidad y se conviertan en tema de debate en los medios de comunicación.

Indudablemente, esto no es casualidad, y así nos lo confirmó a MDZ Online Gustavo Olguín, licenciado en Criminalística y ex miembro de la Policía Científica de la provincia, quien explicó que los meses de diciembre y enero son, históricamente, en los que se producen más asesinatos.

Y esto lo pudimos confirmar viendo las estadísticas publicadas en la página del Poder Judicial de Mendoza, en donde se puede comprobar que en el 2011 hubo 102 asesinatos (seis en enero y catorce en diciembre) y en el 2012 hubo 106 (cinco en enero y doce en diciembre), y en ambos casos diciembre fue el mes con más homicidios.

Y un dato tan preocupante como los anteriores es que desde el 2009 al 2012 inclusive hubo en Mendoza 596 asesinato (de 2013 aún no han sido publicadas las estadísticas finales).

Por qué diciembre y enero

Detenerse en cada uno de los crímenes y en sus responsables para tratar de establecer perfiles psicológicos y demás elementos que ayuden a entender individualmente cada caso sería excesivamente dificultoso, además de que excedería las posibilidades de cualquier artículo periodístico.

Pero consultamos a Olguín acerca de los motivos por los que el último mes del año es el que registra más homicidios, y el especialista señaló que su experiencia le indica que en el incremento de los crímenes se conjugan dos motivos. Por un lado, los días más largos, que permiten que la gente esté fuera de su casa más tiempo, mientras que, por otro, hay en los meses estivales un mayor consumo de bebidas alcohólicas.

La saña cada vez creciente con la que se producen algunos asesinatos es, para Olguín, consecuencia de la incapacidad de resolver las diferencias de otra manera que no sea usando un arma, y esta falta de valoración de la vida humana sería consecuencia, entre otros motivos, “de algo que está aún madurando desde una época de mucha crisis, como fue el 2001, mucha desocupación, muchas carencias”, que ha llevado a una crisis que se manifiesta en los valores de la sociedad, lo que se conjuga con el crecimiento de la población y la facilidad para acceder a las drogas.

Por eso, resalta que no se puede solucionar la problemática del incremento de crímenes como los que nos han sobresaltado en los últimos días si no se encara el tema desde lo multidisciplinario, “y no solamente llenar de policías, porque eso va a seguir siendo un fracaso, porque lo que hay que preparar es la moral, no vigilar y castigar”.

El contagio de la violencia

María Laura Quiñones Urquiza es perfiladora criminal diplomada en Criminología, Criminalística y DDHH del IUPFA. En comunicación con MDZ Online, aportó más elementos en para la comprensión de este fenómeno que se ha dado en los últimos años en la provincia, y también se explayó en la idea de la imitación de los actos de violencia, que no es infrecuente que sucedan en la sociedad.

Para Quiñones Urquiza, el incremento de homicidios en el último mes del año puede tener que ver con la emotividad de esas fechas, aunque aclara que al respecto no hay nada científicamente comprobado. “Personalmente, coincido en que muchas veces hay meses o fechas que significan presión para algunas personas”, señala la criminóloga, y agrega: “Puede tener que ver con el destape de conflictos anteriores, por lo que esta situación podría llegar a ejercer presión, así como el uso de alcohol, que a veces suele ser abusivo en estas fechas y que actúa como desinhibidor”, pero insiste en que “debe haber un factor desencadenante, un hecho que sea de antaño y que active, en un contexto específico, a la violencia como opción”.

En más de una oportunidad hemos podido ver, y en caso de los femicidios esto es más notorio, que un crimen violento comienza a repetirse en distintos lugares del país. Como ejemplo, puede citarse el caso de Wanda Taddei, quien murió varios días después de que su marido, el músico Eduardo Vázquez, la rociara con combustible y la quemara, y luego de este caso, se desencadenó una seguidilla de crímenes similares.

Consultamos a Quiñones Urquiza sobre esto. La especialista señaló que, en efecto, esto es así y que eso se da a veces con el mismo modo, pero diferente motivación. “Esto se ve en el fenómeno de copycat, donde a veces hay gente que imita a asesinos en serie basándose en lo que lee sobre ellos en los medios. Hubo un caso muy conocido en EEUU, el de Keith Jesperson, el asesino de la carita feliz, Smiley Face Killer, que una vez detenido se imitaban ciertos aspectos de sus homicidios en algunos estados”, y amplía señalando que “el imitador o el que toma fuerzas para imitar, elige la violencia, al igual que al que imita, como una opción para solucionar sus propias frustraciones y elevar su autoestima o en otros casos demostrar poder y control”.

Y deja en claro que en esto de la imitación no hay sociedades más propensas que otras, sino que, por el contrario, “que una sociedad sea ‘tranquila’ no quiere decir que no se cometan delitos fuera de su país. A veces el orden aparente esconde desorden subyacente”.

El ejemplo que cita respecto de esto último es el del turismo pedófilo en países de Asia, que tiene en su mayoría a consumidores de países nórdicos donde no hay casos de delitos.

En el artículo Los niños como objeto del contagio criminal, que Quiñones Urquiza escribió junto con Vicente Garrido Genovés, los autores concluyen que “el efecto de contagio tiene una derivación especial en personas vulnerables, y los sujetos que, por razón de sus circunstancias sociales o bien por sus precarios recursos emocionales y natural egocentrismo (propios de alteraciones narcisistas o psicopáticas) están expuestos a contenidos violentos sensacionales y reiterados, tienen una mayor probabilidad de repetir tales actos. Si bien los medios ponen en el tapete una realidad que no debe sernos ajena, para combatir en la medida de los posible este fenómeno, se hace necesaria una regulación en la presentación de los casos de violencia más llamativos, así como el esfuerzo por desarrollar una política preventiva en salud mental infanto-juvenil que pueda ayudar también a que ya adultos, no exploten con violencia ante la presencia violencia criminal e identificándose la perciban como instigadora”.

Hay en estas palabras también un llamado a la prensa respecto del tratamiento de los hechos de violencia, sobre el cual la investigadora amplía: “Pienso que si invitan especialistas a analizar los casos en los medios, deben ser especialistas que sepan de los casos en cuestión, no por ejemplo un psicólogo clínico que atiende pacientes en un consultorio para analizar el fenómeno de las Maras Salvatruchas o a mí analizar hechos de secuestro cuando no es mi especialidad”.