La bronca de los limpiavidrios que enfureció a medio Mendoza
Unos, estaban hartos de que la policía. Los otros, hartos de la espera y de los cortes imprevistos. Unos, los limpiavidrios que cortaron imprevistamente el acceso a la Ciudad de Mendoza, denunciaban extorsión por parte de policías provinciales y de sus "primos" municipales, los preventores. Los otros, se sentían extorsionados por los limpiavidrios que impidieron avanzar en la búsqueda de sus hijos a sus escuelas, de la asistencia puntual a sus lugares de trabajo o estudio, o a dónde fueran.
Los limpiavidrios están allí aun después de la "década ganada". No tienen otro trabajo y no son ingenuos: se saben excluídos y quieren un trabajo digno en donde no sufran las puteadas diarias de los automovilistas ni deban planificar el menú familiar de acuerdo a las monedas que el humor de los mendocinos suelten.
"Mire -dijo uno, mirando fijo al Blackberry que le inquiría una justificación de los hechos- cada doce horas la policía nos mete presos, nos sacan la plata que ganamos, los preventores nos persiguen y nosotros tenemos que volver porque todos tenemos hijos y tenemos que darles de comer todos los días".
Mientras unos automovilistas dejaban roncas sus bocinas, otros se animaban a bajar y encarar a los que protestaban. Los había tan calientes como los neumáticos encendidos y los maravillosamente tranquilos: proponían formas de protesta que perjudicara menos a la cola de más de mil autos que esperaba para poder entrar a la capital mendocina.
"Queremos que venga la televisión", pedían, rogaban, gritaban. Exigían. Hasta que tuvieron que ir los canales para que abandonaron la protesta.
Los funcionarios, ausentes. No los hubo de Seguridad, ni de la Municipalidad y tampoco de Desarrollo Social.
Mirá cómo se desarrolló la protesta en imágenes captadas por Nacho Gaffuri:
Aquí, uno de los limpiavidrios cuenta cómo los escondieron durante una visita presidencial:
