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Fútbol, ego y negocios: historia íntima del fracaso de Independiente Rivadavia

En seis temporadas reunieron un tercio de los puntos y se salvaron tres veces del descenso. En las otras tres, no sobró nada. Contrataciones ruidosas, malas decisiones, derroche, fracaso deportivo, ambiciones políticas, violencia, y finalmente la caída de un modelo de “padrinazgo”. La desilusión de Independiente lo es también de Mendoza. Una historia de pasiones, egos, ambiciones y poder.
Foto: NA
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Recogió 277 puntos en 228 partidos a lo largo de seis años, apenas un poco más de un tercio del total. Sufrió más que gozó. En tres de las seis temporadas de las que lleva en la B Nacional, Independiente Rivadavia de Mendoza estuvo peleando para salvarse del descenso. En la otra punta, su segundo ascenso a la categoría en 2007 estuvo plagado de sospechas, con video y testimonios extraños inclusive en una serie de hechos vergonzantes que cambiaron el desarrollo deportivo de aquel campeonato. En ese momento la AFA conducida por Julio Grondona lo protegió. Pero años después el presidente de la “Lepra”, Daniel Eduardo Vila (60) quiso ser el presidente del fútbol argentino mientras coqueteaba con el gobierno nacional tanto por la Ley de Medios como por los diversos negocios del grupo que conduce. Le retiraron los embajadores y terminó en escándalo. Una docena de técnicos, algunos en distintas oportunidades, contrataciones rutilantes, estruendosas y finalmente poco útiles como las de Ariel “Burrito” Ortega o Cristian “Ogro” Fabbiani, convivieron con algunas acciones acertadas para mejorar el club, las instalaciones, y su institucionalidad. Todo, de la mano de la lucha por sacar a los violentos del club y aislar a los barrabravas. Les fue mal, aunque la intención fue buena. Una acción de los barras terminó eyectando a Vila afuera del club.

Presupuestos millonarios siempre el borde del ahogo financiero y con déficits crónicos, y una concepción de “padrinazgo” empresarial y político del fútbol como negocio y trampolín exitoso, terminaron chocando a la Lepra, a sus dirigentes, a sus socios e hinchas contra la realidad de los sucesivos fracasos deportivos. Independiente no iba a ser Boca, Trotta no era Bianchi ni Vila resultaría una suerte de Mauricio Macri mendocino capaz de proyectarse en busca del prestigio social y el reconocimiento que la platea mendocina, no ya la Lepra, le retacea. Si hasta Carlos Salvador Bilardo fue manager y consejero futbolístico del club. Y de “salvador” no tuvo nada.

El futuro, ahora, está plagado de acechanzas mientras comienzan a conocerse las primeras medidas de ajuste serio en el club: cierre de la Pensión Azul y renuncia a darle trajín oficial a las divisiones inferiores, de las que cualquier institución necesita nutrirse –justamente- para no tener que contratar en el futuro a los “Ogros” y “Burritos” que andan sueltos en el fútbol argentino, y que de por sí solos no pueden salvar a un club ni sacarlo campeón. Por la presión de los padres de los jugadores de las inferiores dieron vuelta la decisión, y la Pensión Azul funcionaría en otro lado. Los chicos van a seguir compitiendo a cargo de una comisión de padres y del club. Y el presupuesto de la primera división será de la mitad respecto de la temporada que acaba de finalizar.

Sobre el final de la gestión de Vila aparecieron los hechos de violencia. Gravísimos e inaceptables. Salvajes. Son los que terminaron convenciendo al empresario de que debía irse y llevarse a su gente. Así se terminó de explicitar el fracaso.

Hay un marco general que sirve para el análisis: El fútbol argentino vive una catástrofe económica, social y moral. Lo vemos a diario. Lo último fue la escandalosa asamblea del descendido Independiente de Avellaneda el viernes, a sillazo limpio. Las arcas vacías –cuando no saqueadas- de los clubes y dirigentes pésimos han generado esta situación aprovechada por la política. Un fútbol raquítico cuyos mejores jugadores se exportan aun adolescentes, que se financió primero con las entradas, a lo que sumaron los sponsors, luego TyC con las transmisiones de TV y finalmente todo eso, ya sin la televisión privada pero con la parva millonaria del Fútbol Para Todos, sometiendo a clubes, hinchas, jugadores y televidentes a la constante propaganda oficial del gobierno a través de las transmisiones deportivas. Hasta la NBA tuvo que hacer su ajuste. Pero aquí sucede lo contrario, hasta que explotan las crisis como la que nos ocupa en Independiente Rivadavia de Mendoza. Es decir, el modelo populista de gestión hasta en el fútbol, lo que termina dejando todo en situación de crisis y reconstrucción permanente.

La historia de por qué Independiente Rivadavia llegó a este punto de crisis institucional y deportiva tras ocho años de gestión de Vila y su grupo de confianza, y cuáles son los factores críticos que la provocaron son múltiples y complejos. Pero podría decirse que las malas decisiones económicas y deportivas no lograron equilibrar las iniciativas que pudieron ser exitosas. Al final del día, lo que importa es que la “Lepra” consiguió un punto de cada tres de los disputados, y que la mayor parte del tiempo jugó mal al fútbol con un plantel muy caro y una sucesión interminable de técnicos. Pero también es cierto que Vila tomó un club fundido luego de dos experiencias fallidas de gerenciamiento (La Rosa Azul y Los Azules SA) tras haberse caído de la B Nacional, y sostenido apenas la categoría durante el Argentino A. Por muy poco, no estuvieron los azules del Parque instalados en el Argentino B, la categoría promocional del fútbol federal. Claro que Daniel Vila no asumió por solidaridad ni por ser un hincha fanático del club. Hay un trasfondo mucho más rico, donde el ego, la pasión, la necesidad de reconocimiento social y empresarial, los negocios, el poder y las relaciones políticas se combinan con el fútbol.

EL INICIO

¿Por qué Daniel Vila se cargó el club al hombro? Las respuestas no son únicas. Pero muchos de sus íntimos, las personas que lo tratan apuntan a un objetivo personalísimo: el prestigio local, la proyección, el instalarse como un “hacedor” que lo aleje de la imagen negativa que le niega el aplauso, derivada de un estilo de negocios basado en el crecimiento veloz, la expansión en múltiples negocios de la mano del Estado y el “apriete” a través de sus medios.

Se fue generando un clima de caos en la Lepra en los meses previos al desembarco de Vila. Y se construyó una suerte de “operativo clamor” que lo instaló en la presidencia con consenso y sin rechazos. De repente, aparecieron las agresiones dentro del Gargantini y durante los partidos. Había un clima muy espeso en Independiente Rivadavia.

La dirigencia de entonces, debilitada política y económicamente, fue cediendo el espacio. Con todo el multimedios proyectando la figura de Vila como un salvador del club, fue sólo una cuestión de tiempo para llegar al poder y distribuir a su gente en los cargos principales de la Comisión Directiva. Así comenzó la gestión.


Sin embargo, el modelo de padrinazgo no funcionó. Ninguna de las decisiones de contrataciones de “la lepra fue acompañada de éxitos deportivos. Incluso Vila debió “poner de su bolsillo” como muchos presidentes de clubes, otorgando trabajo en sus empresas a familiares de los jugadores y técnicos que desfilaron por el club en estos años. Esposas, novias y allegados de jugadores aparecían en el Multimedios Uno o en Edemsa cada tanto. Por momentos, el presupuesto de Independiente Rivadavia era propio de un club de primera división. El fútbol se llevó este año casi dos millones de pesos por mes, muy deficitario. Y el nuevo presidente Domingo Marzari, que era el secretario de actas en la gestión anterior, empezó su gestión cerrando la Pensión Azul y anunciando que el dinero disponible sería de la mitad, o menos, para la próxima temporada. Dirigentes que se quedaron creen que el futuro inevitable será un nuevo descenso al Argentino A.

LAS CIFRAS Y LAS ESTRELLAS

No se puede entender el contexto social, político y de negocios en el que ocurrieron los hechos en Independiente Rivadavia sin ver los números, teniendo en cuenta que con su ascenso de 2007 regresó el formato de “campeonato único” de 38 fechas, en reemplazo de la antigua “súper final” que jugaban en la B Nacional para definir campeón y ascenso directo.

Independiente Rivadavia ascendió por segunda vez en su historia a la B Nacional en 2007 y jugó seis temporadas: 2007-2008; 2008-2009; 2009–2010; 2010–2011; 2011–2012 y 2012–2013. Ahora se apresta a iniciar la 2013-2014. En estos años, consiguió el 33,3 % de los puntos. Peleó el descenso en la temporada 2007–2008 y se salvó a pocas fechas del final. En la temporada 2010–2011 jugó la promoción ante Defensores de Belgrano y se salvó. En la última temporada consiguió la permanencia en la última fecha. Desglosando por temporadas, el rendimiento fue muy desparejo: 2007– 2008: 47 puntos en 38 partidos. 2008–2009: 50 puntos en 38 partidos. 2009–2010: 47 puntos en 38 partidos. 2010–2011: 40 puntos en 38 partidos. 2011–2012: 45 puntos en 38 partidos. 2012–2013: 48 puntos en 38 partidos. En total, fueron 277 unidades en 228 partidos.

En todo ese período una docena de técnicos de diverso prestigio desfilaron por el club: Arnaldo “Cacho” Sialle, Jorge Ghiso, Claudio Ubeda, Gustavo "Teté" Quiroz, Gustavo Zapata, Aldo Bolado, Claudio Del Bosco, Fernando Gamboa, Ricardo Dillon, Roberto Trotta, Enrique Hrabina y Jorge Ribolzi. El que más veces los dirigió fue Trotta con 21 partidos en la temporada 2007-2008, 7 en la 2008-2009, 12 en la 2009-2010 y 18 en la 2010-2011.

 

De los 58 encuentros dirigidos por Trotta, Independiente ganó 19, empató 18 y perdió 21. Le sigue Del Bosco con 43 partidos pero menos porcentaje de puntos. El peor de todos fue el ex boquense Enrique Hrabina que dirigió los tres primeros encuentros de la segunda rueda de la temporada 2011-2012 y renunció tras perder todos.

En la temporada 2011-2012 Independiente tuvo cinco técnicos: Ghiso, Hrabina; Zapata, Dillon y Aldunate, un récord que explica la historia de desaciertos.

Las contrataciones rutilantes tampoco ayudaron, aunque hayan apuntalado desde el marketing a Daniel Vila. La más importante fue la de Ariel Arnaldo Ortega, casi un ex jugador en ese momento por su adicción al alcohol. La contratación del “Burrito” por cifras que nunca fueron del todo explicitadas hacia afuera venía acompañada de promesas de tratamiento y recuperación, que fueron reemplazadas en los hechos y de manera brutal por una rápida huida y previos escándalos con “fiestas” y todo. El “Burrito” jugó 25 partidos en la temporada 2008-2009 e hizo cuatro goles. Muy poco para tanto despliegue. Después volvió a River Plate y otorgó algunos destellos más de sus antiguas habilidades.

Más escandalosa resultó la contratación de Cristian “El Ogro” Fabbiani. Un goleador habilidoso pero cuyas costumbres y vida privada lo llevaron casi a la ruina deportiva. El “Ogro” tenía mejor asistencia a los bares de la calle Arístides que a los entrenamientos y su peor enemigo no fueron las aguerridas defensas de la B Nacional si no las costumbres disipadas… y la balanza. Daniel Vila se fue de la presidencia del club criticando el exceso de peso de Fabbiani y desafectándolo del plantel. El récord del “Ogro” es un espanto: Hizo 7 goles en 26 partidos en su primera temporada, 2011-2012, y apenas uno en sólo cinco partidos en la última temporada.

Con el ascenso a la B Nacional, Jorge Bernardo Griffa y su equipo se hicieron cargo del fútbol y hubo un intento de generar divisiones inferiores fuertes. Ahora serán prácticamente dejadas en manos de los padres para los torneos federales, por la nueva gestión, porque les resulta imposible mover los planteles completos cada quince días.

Hubo otros buenos jugadores que la pasaron mal en la Lepra. Un caso raro es el de Nahuel Guzmán, actual arquero de Newell´s campeón. No rindió en la Lepra y ahora puede ser incluso hasta campeón de la Copa Libertadores.

Las estadísticas frías de Independiente Rivadavia son el resultado de la gestión social y política al frente del club. El afán de Vila por conducir el fútbol argentino, intento que muriera con aquella asamblea paralela y fallida en la AFA, y los cruces de fútbol y política complicaron todo. ¿Quiso Vila ser una especie de “sosías” del modelo de Mauricio Macri, intentando un club exitoso, modelo para Mendoza y el país, que le sirviera de vidriera para la política? Nadie se atreve a confirmar ni desmentir. ¿Pensó Vila que a través de la Lepra podría llegar a la cúspide del fútbol argentino y a los negocios económicos y políticos que ellos supone? El Fútbol para Todos es una “caja” apetecible, aunque insuficiente para las insaciables arcas e ineficientes gestiones de nuestros clubes de fútbol. El cóctel de corrupción, violencia, evasión, y clientelismo político mancha la pelota.

Para desbancar a Grondona, Vila intentó de todo mientras su club peleaba temporada a temporada por no descender. Consiguió fallos judiciales con los jueces apropiados, armó una alianza con clubes del interior y algunos de Buenos Aires, promovió una ley del fútbol y contrató a figuras importantes del periodismo y del deporte para promocionarla, y movió sus contactos políticos al máximo. Pero no resultó. Y antes que eso, hubo una historia:

EL FUTBOL PARA TODOS

Daniel Vila fue un defensor del “Fútbol para todos” al inicio. Fue el plan por el que se le quitó a TyC la transmisión del fútbol para darla a la TV pública y algunos canales amigos, sin publicidad más que la oficial, y con relatores “Nac & Pop” que utilizan el espacio de las transmisiones para la propaganda política del oficialismo. Su oposición nació cuando se dio cuenta de que lo habían dejado afuera de “la parte del león”.

En esos momentos venía creciendo una corriente interna en la AFA con los cuadros medios y dirigentes de Vélez, All Boys, Rafaela, Newell's e Independiente de Avellaneda. Sin embargo, este sector se fue debilitando al tiempo en el que crecía la figura de Vila como supuesto abanderado del fútbol del interior. Todo terminó en aquellos episodios grotescos en las puertas de la AFA y los medios del empresario en sus diversas bocas de expendio titulando “Daniel Vila es el nuevo presidente de la AFA”. Algo que no era cierto.

Las distracciones de Vila le costaron caras a Independiente Rivadavia: presupuestos cada vez más caros para pelear cada campeonato desde más abajo, hasta casi terminar empatando la pauta de gastos de Godoy Cruz, el único club de primera división que tiene Mendoza. Y el presidente es importante. No es lo mismo el Bianchi actual en Boca, que el de hace trece años con Macri.

Pero Vila apostó más a un modelo gerenciador “familiero” y de amigos que a otro más distante y profesional. Eduardo Carbini, su hijo Agustín Vila, Nicolás Becerra y su hijo, y varios integrantes de la familia Rez Masud acompañaron a Vila hasta su renuncia, el 31 de mayo último. Carbini y Agustín siempre estuvieron señalados por no ser auténticos hinchas leprosos.

En estos años no todo ha sido negativo. Vila hizo invertir muchísimo dinero en las instalaciones del club: las tribunas, la cancha, el sistema de ingresos digital con reconocimiento dactilar que fue destruido por los violentos y repuesto, son pauta de ello. Intentó poner al club a una altura apropiada haciendo crecer la plantilla de socios, pero los resultados no lo acompañaron. Ello no fue casual. Es claro que hay responsabilidades en las decisiones equivocadas.

La relación de Vila con la hinchada de La Lepra fue difícil. Demasiados hechos lo tuvieron como protagonista de la noticia. La popular lo insultó en más de una oportunidad y a veces terminaba enredado con plateístas furibundos, en una platea que en general le devolvió con frialdad sus intentos de acercamiento. Las recorridas por las peñas de Independiente no le ayudaron gran cosa. Vila iba a la cancha con guardaespaldas, y no dudaba en anotarse en cuanta polémica anduviese o en complicarse casi a golpes si hacía falta. No es ese el lugar para un presidente de un club serio y con historia.

No obstante, la gestión logró separar a los violentos, aunque no le ganaron la pelea a los barrabravas. En estos años hubo varios sucesos que fueron mellando la voluntad y la autoridad de los directivos. El 26 de febrero de 2009, cincuenta personas apretaron al plantel que peleaba el descenso. Fue durante una práctica. El 14 de abril del mismo año, hinchas pidieron “explicaciones” del momento deportivo a los jugadores en el entrenamiento. Lo de "explicaciones" es un eufemismo. Fue una apretada. El año pasado, el 7 de septiembre, los barras de Independiente fueron otra vez a apretar a los jugadores en el entrenamiento del equipo. Las principales reprimendas fueron para Cristian Fabbiani. Dicen que hubo hinchas con armas de fuego. Y meses atrás ya se había producido otro incidente grave, cuando cincuenta barrabravas fueron al Bautista Gargantini, ingresaron al estadio e insultaron a los jugadores. Gustavo Zapata suspendió la práctica. El incidente que disparó la renuncia de Vila ocurrió hace poco, el 31 de mayo. Cien barras entraron al playón del estadio, rompieron autos e hirieron con un hierro a Diego Caballero. Renunció Daniel Vila. También agredieron a Domingo Marzari, el actual presidente.


Esta última agresión tiene su historia. Tres fechas antes de la finalización del campeonato, el 27 de Mayo, Independiente Rivadavia debía visitar a Olimpo en Bahía Blanca. Cuentan que los “barras” que viajaron fueron a visitar a los jugadores y les pidieron 3.000 pesos al plantel para los gastos menores. Dicen que hubo una negociación y que los jugadores les juntaron a estos “hinchas” 2.500 pesos. No alcanzó y hubo bronca y promesas de “nos volveremos a ver”. Independiente perdió dos a cero ese día. Cuentan que en el regreso, un control policial paró a los hinchas en el Arco del Desaguadero y que adentro del micro hubo alguna sustancia prohibida. La versión indica que hubo un discretísimo contacto de la policía con un dirigente importante del Club cuyo celular brindaron ahí mismo los barras para resolver el “inconveniente”. Pero nadie se hizo cargo de los revoltosos. “Hagan lo que deban hacer” dijo el dirigente a Seguridad. Ese día empezó a cocinarse la venganza atroz ocurrida pocos días después en la cancha leprosa.

La debacle deportiva y dirigencial se iba armando como un tsunami que terminó de explotar en aquella jornada violenta. Cuentan que de la enorme comisión directiva de independiente, 46 personas contando a los representantes de los socios, Vila terminó conduciendo con un puñado de incondicionales. Cuando ya daba señales de que quería irse, la presión de la barra se hizo sentir a través incluso de un miembro de la Comisión Directiva, que señaló a Eduardo Carbini como responsable del fracaso futbolístico de Independiente, y que a poco estuvo de hacerse del club cuando todos los demás se iban. Fue por eso, por temor a dejarles el manejo directivo a hombres cercanos a los barrabravas, que Domingo Marzari aceptó quedarse. Marzari tiene a mano un capital: la promesa de Vila de que lo ayudará desde afuera al menos por dos años. A su vez, Alberto Rez Masud se iba a quedar como secretario general del club, pero ante la llegada de Roberto Trotta decidió también abandonar el barco el último domingo.

Marzari llega a la lepra con un plan de austeridad que ya generó resistencias. Es comprensible que lo haga, los recursos ordinarios cubren menos del 30 % de los gastos del fútbol y deben salir a renegociar sponsors. “Se acabó el padrino que ponía la plata” dijo Marzari en una de sus primeras declaraciones. “Vamos a ser austeros” insistió.

La última comisión que acompañó a Vila tiene nombres y apellidos muy conocidos de Mendoza. Algunos se fueron con él. Otros decidieron quedarse: Aparte de Daniel y Agustín Vila, los Becerra, todos los Rez Masud y Eduardo Carbini, estuvieron Adrián Yacopini (otro de los renunciantes), Domingo Marzari (actual presidente), el ex gobernador Rodolfo Gabrielli, el médico Alberto Furnari, el consultor Alfredo Romano, Juan Carlos Videla, Gabriel Fidel, Jorge Vicchi, Ricardo Lilloy, Jorge Panella, Luis Pierrini, entre muchos otros. Casi medio centenar de personas.

Marzari ayer, terminó de cerrar la llegada de Roberto Trotta como entrenador. Algo es seguro, para esta temporada habrá la mitad de dinero que en la anterior y eso siempre que en las próximas semanas logren cerrar el sponsoreo. La nueva comisión está integrada por poca gente: Presidente: Domingo Jorge Marzari, Vicepresidente 1º: Jorge Panella, Vicepresidente 2º: Florencio Bustos, el Secretario Gral era Alberto Rez Masud, pero ante su renuncia ayer el cargo deberá ser ocupado por otra persona de confianza, Pro Secretario: Marcelo D´Agostino, y Pro Tesorero: Guillermo Bariain.

Hay un rumor –por ahora es eso- que vincula a esta comisión y a sectores “vilistas” que no se han alejado del todo, de una negociación que involucraría a la Lepra y al Jockey Club. El Jockey busca desprenderse del hipódromo y avanzar en la apertura de un polo social, de entretenimiento incluso con tragamonedas, y gastronómico. Habrá que ver.

Ambición, ego desmedido, necesidad de reconocimiento, dispendio de recursos, percepción equivocada de la realidad… y decisiones erróneas llevaron a la Lepra a este punto. El fútbol es una actividad muy compleja. No alcanza con poder y dinero para domesticarlo.

Hay que aprender de los errores de Independiente Rivadavia y de su ahora ex presidente Daniel Vila. Porque puede volver a pasar, y la postal de un Independiente angustioso no dejar de ser un reflejo de la sociedad. El fracaso de Independiente es también el fracaso, en alguna medida, de Mendoza.