"Hemingway es el mayor fraude la historia"
El escritor estadounidense John Irving, uno de los autores más reconocidos e intensos, poseedor de un mundo propio, con tramas emocionantes y absorbentes, ha vuelto con Personas como yo, una novela donde pone la lupa a la bisexualidad y hace una llamada a la "intolerancia contra los intolerantes".
"Personas como yo es uno de mis cuatro libros más políticos. Trata de la intolerancia sexual, del odio sexual por las minorías, y en este caso de una minoría dentro de la minoría: la bisexualidad -a la que tanto los homosexuales como los heterosexuales nunca han terminado de ver bien- y la transexualidad o transgénero", afirma a Efe.
En Personas como yo todo nace en un teatro de aficionados de la localidad de First Sister y también en el club de teatro del colegio, donde el adolescente Billy Dean da rienda suelta a todos sus amores y "encaprichamientos" sean del género que sean.
Irving aclara que no hay nada de él en el protagonista, solo la primera parte, ya que su madre- "una mujer liberal defensora del derecho de los homosexuales, el aborto o las causas civiles", dice- era apuntadora como la madre del protagonista y él se pasaba tardes y tardes entre bambalinas viendo los ensayos.
"Hay poco de mi en Billy, excepto que como él, entre los 13 y 18 años, te pasas todo el tiempo imaginando y deseando hacer el amor con todo el mundo. Pero yo era un chico hetero bastante común no como Billy, por eso lo inventé, un joven que nunca estuvo en el armario", precisa este escritor que cree que en Estados Unidos están evolucionando bien los derechos de los homosexuales.
"Vamos por buen camino -precisa-, al margen de la iglesia que nunca va a cambiar su doctrina en esto, como en su antifeminismo, creo que se va por el camino adecuado, porque en mi país, por ejemplo, el 40 por ciento está a favor del matrimonio homosexual, eso es mucha gente".
Maldito Hemingway
La novela, que arranca en los años 40 en Vermont y va sumando décadas en clave de tragicomedia, cambia de tono en cuanto llegan los años y aparece en escena el virus del sida y sus devastadores efectos.
“Todo se corta de raíz con la llegada de la epidemia. Fueron tantos los miles de jóvenes que murieron, jóvenes que estaban en el alba de su vida… Ronald Reagan no pronunció la palabra SIDA ni una sola vez durante sus años de mandado, así que espero que la historia le condene como el presidente más irresponsable de la historia de Estados Unidos. Y eso que no ha habido presidente que haya conocido a tantas personas homosexuales como él, que había sido actor. ¡Las personas que se estaban muriendo eran sus antiguos amigos y colegas”, relata el escritor.
Fiel a sus referentes y defensor a ultranza de unos orígenes literarios que sitúa tanto en Dickens, Hardy y Melville como en el teatro de Sófocles y Shakespeare –“mi madre era apuntadora de teatro y yo crecí empapándome de todo eso”, asegura-, Irving rechaza la idea de que se esté volviendo más radical conforme suma años y novelas, aunque cualquier lo diría viendo la llave de lucha grecorromana con la que despacha la simple mención de Ernest Hemingway.
“Siempre he odiado a Hemingway. Me causaba vergüenza como escritor y como hombre. Y su manera de representar la masculinidad me parece un chiste. Él no era boxeador, era un alcohólico sobrevalorado que, además, es responsable de la ola literaria de todos sus imitadores. A mí me gustan las frases largas y los personajes complejos, y la mayor profundidad que consiguió Hemingway fue crear un personaje que era incapaz de tener una erección. Así que Hemingway es el mayor fraude de la historia. Como hombre y como escritor”.