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Síndrome de Medea: madres que matan a sus hijos

Una madre mata y enuncia que lo hizo “para cagar al padre” ¿No pudo matar al padre y mata al hijo? ¿Sustitución de homicidios? La columna Psi de MDZ, a cargo de la psicóloga Laura Alcaraz.
Medea, en la mitología griega.
Medea, en la mitología griega.
En su monólogo Medea dice: "No temblará mi mano. ¡Ah! ¡No hagas eso, corazón mío! ¡Dejá a tus hijos, miserable! ¡Perdónalos! Allá te servirán de alegría, si viven. No, ¡por los vengadores subterráneos del Hades! Jamás dejaré mis hijos a mis enemigos para que los ultrajen. Es absolutamente necesario que mueran. Y puesto que es preciso, los mataré yo, que los he parido. Así está decidido y así se hará". Asi concluye la escena, del mito griego.

La muerte de un niño en manos de su madre es una escena siniestra.  Muerte que no será la primera, ni la ultima. Muertes llenas de misterios. Silencios que las nombran. Juegos macabros de complicidades ¿Familias que no saben, no pueden o no quiere actuar?  Amigos, vecinos, instituciones que enmudecieron frente al primer acto de maltrato, de abuso. Primer acto de poder. Primer acto de muerte.

¿Esta madre, este padre, esta familia, no pudo recurrir a alguien? ¿O sí lo hizo? ¿No hay palabra? ¿No hay a quién dirigirla? ¿No es escuchada? ¿Qué sucede allí donde no se escucho o se silencio el grito de este niño?

Una madre mata y enuncia que lo hizo “para cagar al padre” ¿No pudo matar al padre y mata al hijo? ¿Sustitución de homicidios?

Un niño quedó en posición de objeto, de desecho. Un niño responde por la verdad de la desarmonía de la pareja parental sosteniendo una familia que no funciona o mostrando con su presencia el desencuentro fundamental que ya no tiene a que aferrarse.

Un niño preso de la exclusión, la soledad, la locura. La muerte solo fue el ultimo monologo de un niño que no pudo escapar de la agonía de no poder defenderse de la sucesión de ataques previos al acto final. Sujeto mutilado y sin dominio de sí, manipulado por el poder que ejercieron sus padres sobre él.

En las últimas décadas observamos como la relación entre madres e hijos o padres e hijos se torna más violenta y desproporcionada; desde el maltrato físico, verbal y psicológico hasta el abandono o muerte por ausencia de los cuidados necesarios.  La conducta destructiva de los padres aparece entonces en un amplio espectro que varía del rechazo o desconsideración, hasta actitudes directas que pueden llegar a la muerte del niño. 

Tal vez el filicidio sea un modo de concluir aquello que es imposible: poseer al hijo como objeto.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
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