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La columna psi: Bullying, cuando la sociedad, cómplice, mira enmudecida

La psicóloga Laura Alcaraz se concentra en el maltrato y acoso que llega a transformarse en bullying. Todo sucede, dice, ante la mirada de gente que no dice nada, cuando podría ayudar mucho a evitar la violencia.
Tema de análisis: el bullyng.
Tema de análisis: el bullyng.
El acoso escolar no es un fenómeno reciente. Todos recordamos algo de esto en nuestra infancia y adolescencia. Algunos recordaran hasta la sensación .

Sin embargo todos los estudios parecen coincidir en un aumento significativo de los casos en los últimos tiempos ¿Es solo el reflejo de una sociedad en crisis, donde la norma parece ser la violencia?

Un hostigado, un hostigador, un grupo testigo del hostigamiento que ejerce un plan sistemático de burlas, agresiones y actos discriminatorios; son los elementos necesarios para que el acoso se transforme en bullying.

El tema nos interroga: ¿Que se agrede en la serie de actos violentos? ¿Qué puede tener de perturbador un adolescente para otro? ¿Que produce un empuje a actuar de modo violento?  No se trata solo de una historia inscripta en la diada: “buenos” y “malos” o  “la víctima y su verdugo”. Ni se trata de historias simples donde el objetivo es solo un desahogo condenatorio hacia el diferente.

En estos actos violentos hay una escenificación que sostiene en una triada: víctima, victimario y testigo. Hay un registro audiovisual del acto violento. Algo se ofrece como espectáculo. La mirada entra en juego.

Por un lado el acosado, quien porta algo de la diferencia: lentes, unos kilos más o menos, una posición sexuada, una creencia… Una alteridad que amenaza y devuelve al grupo una imagen inquietante perturbadora que disuelve algo del lazo y al mismo tiempo puede sostenerlo. Su presencia parece atentar  la continuidad igualitaria e imaginaria que da sostén al grupo.

Por otro lado el grupo testigo que impulsado por el riesgo de convertirse en víctima, se sitúa en el otro bando, de posible acosado a acosador y/o espectador mudo, se asegura su inclusión en un grupo para evitar ser excluido por “raro”. Callar y aplaudir para no convertirse en víctima es la posición.

Hay que nombrar también a los ausentes, los docentes, miradas que se sustraen de esa escena, siempre sucede cuando no hay quien represente algo del orden. El acoso escolar puede ser un llamado a la ley que desfallece, un llamado a limitar el desborde. Y aquel que ocupa el lugar del acosador, a quien se  podrá escuchar diciendo: “Mira como me mira”. “Me mira como diciéndome… "

Se establece un vínculo especular, en donde el otro “ve” que algo se porta. Se precipita la agresividad. Quien golpea, agrede o insulta, mantiene un lazo con “eso” que “ve” del otro. Circulan miradas que dicen. Miradas que atacan. Entonces el agresor parece reconocerse en algo de aquello que ataca.  De alguna forma participa, podemos decir ama y odia al mismo tiempo, se siente marcado por “eso” que supone en el otro.

El hostigamiento en la escuela es una forma de vincularse con lo “aberrante” no reconocido de sí mismo. Algo veo en ti que me mira y me señala…No lo soporto, por eso debo eliminarte.

Los actos violentos los ejercemos los seres humanos en algún momento de la vida. Y tal vez resulte interesante pensar ¿A qué se pega cuando se pega? ¿A quién se agrede? Interrogantes que apuntan hacia la búsqueda del sentido del golpe, del insulto, del ataque al otro. ¿Por qué el otro me es molestamente peligroso..?

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
[email protected]
www.aabramendoza.com.ar