Todos podemos ser víctimas o victimarios de una relación tóxica
Nos conmovió a todos, casi 30.000 lecturas tuvo la carta, la nota y la respuesta de la UNCuyo, sobre la mamá que reclamó por la falta de comprensión a su hija enferma terminal ante una calificación insuficiente al final de su carrera de medicina.
En una relación tóxica se pierde la identidad en función del otro, se es dependiente, no realizamos lo que queremos sino lo que el otro quiere, la autoestima se va rompiendo. Es el clásico bolero que dice musicalmente “Arráncame la vida de un tirón, pero no me olvides...”, es un amor de mala calidad.
“Quizás haya sólo a cinco personas que esto no les pasa -dice Federman a modo de ejemplo-, es una actitud muy común, en muchos casos muy sutil. Mi padre fue muy sutil conmigo para que terminara estudiando abogacía, por suerte luego descubrí realmente lo que me gustaba, la psicología, cambié y estudié eso”.
La profesional se refiere a este problema como una adicción que afecta las relaciones interpersonales, puede perturbar tan profundamente a una persona al punto de provocarle disconformidad plena con la vida, vacío existencial, pérdida de la identidad, disfunción sexual, jaquecas, trastornos alimenticios e, incluso, la muerte.
Se consideran adictas a las relaciones tóxicas a personas de cualquier edad o género que hagan elecciones, conscientes o no, las perpetúen y definan por periodos indeterminados de relación con otros seres que les producen indefectiblemente severos daños emocionales y de salud física. Esta problemática suele darse en los vínculos más cercanos: padres e hijos, jefe y empleados, parejas, etcétera.
En Mendoza hay muchas situaciones de este tipo, es probable que se sepa poco, porque se oculta, porque la sociedad es muy cerrada. Lo llamativo es que no le sucede a un sector en particular, puede darse en cualquier edad o género, no hay parámetros.
Como se trata justamente de una relación imperfecta hay grupos de apoyo que ayudan para que una persona pueda salir de una relación tóxica. Y no nos referimos sólo a situaciones de pareja, también puede darse entre padres e hijos, hermanos, primos, o amistades.
“Me preocupa el mundo que le hemos dejado a los jóvenes donde sirve más lo material que lo emocional y espiritual –afirma Federman-. El lado bueno de esto es que veo que muchos chicos se están ocupando en cambiar estas realidades. Esta revolución de los jóvenes es más silenciosa que las revoluciones que había en la década del 60”.
Sobre este particular es interesante describir lo que a todos les preocupa al momento de juzgar el avance de la sociedad postmoderna. “Se han perdido los valores”, aseguran algunos; “Los chicos no respetan nada”, dicen otros; “Todo es imagen y estética a nadie le importa el otro”, describe el resto.
“Los valores sociales no se han perdido -afirma la profesional-, sólo han cambiado de lugar, es decir la imagen de las personas hace 30 años era periférica, hoy ha pasado a ser central. En cambio lo cultural que era central antes, ahora ha pasado a la periferia. Pero no creo que los valores estén muertos y tampoco hay que defenestrarlos”.
De las relaciones tóxicas a la solidaridad con el otro
En este punto nos preguntamos, ¿cómo es la solidaridad entre nosotros, cuál el compromiso y lo primordial en nuestras vidas?
Para ello consultamos al sacerdote mendocino Vicente Reale, de quien reproducimos de puño y letra su postura:
“Según lo que me dice el trozo de historia por mí transitado, los mendocinos somos solidarios en ocasiones "muy concretas", como las que vos nombras o como cuando se solicita ayuda urgente para una operación o para una familia que ha quedado en la calle. Noto, sobre todo, esa solidaridad cuando se trata de situaciones penosas que atraviesan los niños/as.
En muchos casos, esa solidaridad se siente como un compromiso de conciencia pero, al mismo tiempo, una vez realizada la ayuda, volvemos rápidamente a "nuestras cosas" como si ya hubiésemos cumplido con un deber y estamos satisfechos de haberlo hecho. Falta el compromiso perseverante con las personas o con la erradicación de las causas que originaron la necesidad de la ayuda. Respecto a la totalidad de la población mendocina, existe un pequeño grupo de personas, normalmente en buena situación económica, que las ayudas las hace más por figurar que por sentir la necesidad ajena; no se sienten involucrados en el problema.
No es novedad ni secreto que la sociedad en que vivimos cada día se está volviendo más cerrada sobre sí misma y más egoísta. Una frase lo clarifica: "Yo también tengo mis problemas". Dejamos de tener conciencia de que todos somos interdependientes - aunque no lo queramos o lo neguemos- en todas las tareas y todos los días; nadie se puede bastar a sí mismo. Es de desear que las familias practiquen, dentro de ellas mismas, el compartir y la solidaridad, más allá de que en mayor o menor grado lo estén haciendo. Porque la solidaridad "se siente y se aprende" en el convivir diario.
El propio interés y el egoísmo lo traemos desde antes de nuestro nacimiento. Esto ha existido en todas las épocas y nos seguirá acompañando hasta el final de los tiempos. Es por ello que debemos "ejercitarnos" cada día en abrir nuestro corazón y nuestra mente a los demás. Sí: es un ejercicio y una gimnasia espiritual.
Además, en nuestros días, existe otro factor que en nada facilita el alejarnos del egoísmo: las actuales estructuras económico-sociales - que son producto de la globalización capitalista que todos aceptamos como si fuera una verdad y una práctica indiscutible. Nuestra sociedad, cada vez más, basa su supervivencia en el dinero, en el lucro y en la mala competencia (que es eliminar al competidor).
En la medida en que no nos replanteemos que otro tipo de organización económico-social es "posible y necesario", se seguirán agudizando las diferencias sociales y las necesidades de los que resultan menos favorecidos por el sistema.
En este sentido, entiendo que deberíamos cambiar -en las palabras y en los hechos- los vocablos caridad y solidaridad por "justicia", que significa reconocer que nadie debe acumular riquezas y dinero a costa del sudor de la frente y de la vida de otros. Por más que las "leyes" del actual sistema lo permitan y muchos se contenten con decir "yo cumplo con las leyes".
La pobreza y las necesidades de mucha gente no son fruto espontáneo de la naturaleza. Tienen sus causas reconocidas, como también sus actores identificados.
Lic. Viviana García SoteloEn Twitter @vgarciasotelo


