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La deuda más ominosa de la historia de Mendoza

En el instante mismo en que fue fundada, esta provincia comenzó a gestar un tremendo daño y una deuda sideral con sus habitantes. Los años han pasado y ya no habrá reparación histórica ante tanto daño. No obstante, aquí hay una intención que puede servir como mínimo desagravio. Enterate en esta nota de qué se trata.

Quienes han estudiado historia saben que, antes de la conquista y de la construcción de la Ciudad, había allá en la Villa Tulumaya, un complejo de laguna y miles de familias viviendo en torno a ese paraíso.

No vamos a detenernos mucho en esto, porque ya se ha dicho de sobra: que nos alcance con recordar que vivían tomando de la tierra aquello que les daba; que sabían construir balsas, llevar los peces hasta sus bocas y que eran expertos en cestería.

La mayoría de ellos fueron aniquilados en las minas de Chile o por enfermedades importadas por los conquistadores, que tanto trajeron la vid y el caballo, como la Biblia y sus muertes.

Sin embargo, como un árbol que se incendia, a pesar del feroz exterminio de la conquista, los huarpes no desaparecieron.

E incluso más: no dejaron su tierra, ahora yerma, baldía, con enormes hoyos que fueron lagunas, y tampoco dejaron de llamarse a sí mismos laguneros.

Les quitamos el agua para levantar una ciudad y les quitamos todo. Ya es tiempo de que una mínima reparación histórica se lleve a cabo.

Aquí, los detalles de una obra que se podrá llevar a cabo, si es voluntad de todos. Se trata, ni más ni menos de llevar agua potable a cada una de las seiscientas familias del desierto.



Tremenda obra  



Hace poco más un año, se llevó adelante una enorme obra para las familias del desierto: la construcción de un acueducto de 270 kilómetros de tendido. El trabajo costó unos 10.000.000 de pesos, pagados por el ente estatal ENOSA –Ente Nacional de Obras de Saneamiento Ambiental–, perteneciente al ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

La obra atraviesa, a través de dos ramales principalmente, prácticamente toda la geografía del desierto: desde localidades cercanas como Asunción o El 15, hasta lejanas como El Puerto, Lagunas del Rosario, San Miguel, El Retamo, El Forzudo y Arroyito.

La obra ya está lista, si bien falta levantar dos plantas de rebombeo que regularían la presión debida para todos los pueblos del norte mendocino. Han trabajado en esto, denodadamente, Nación, Provincia y Municipalidad de Lavalle.

Como ya hemos referido en MDZ, la red va desde Gustavo André –donde está el pozo– hasta Arroyito, en el límite de Lavalle y La Paz, ya casi en San Juan. Pasa por Asunción y se abre en dos arterias. Una va al norte, para la zona de San José y Lagunas del Rosario y a la zona más del oeste, llamada La Pata’e Vaca. La otra va hacia el noreste, cubriendo El Cavadito, La Majada, El Puerto San Miguel, Lagunitas, El Retamo, El Forzudo, Arroyito y La Josefa.

El agua potable ya está. Espera salir del caño madre hasta cada puesto del desierto. Sin embargo, aquí no termina la historia. Aquí empieza la parte en que nosotros podemos ayuda.



Deuda histórica



Concretamente, ahora, lo que faltan son mangueras para que los puesteros se conecten al caño madre. Si bien el metro de manguera puede no tener un costo especialmente alto, pues el asunto cambia cuando los caseríos se hayan a cientos o miles de kilómetros del caño madre.

De esto se trata esta cruzada, que MDZ y un grupo de gente con sentido de lo social y del agua como derecho humano, toma como propia: de conseguir llevar agua potable a todos los pueblos del desierto huarpe.

Entre los interesados iniciales en llevar adelante esta campaña junto a MDZ, están el empresario de Valos Fernando Barbera, el incansable trabajador social Eduardo “Chirola” Ruiz y el asesor del Gobierno de Mendoza Pablo Tornello. En breve, en nuestra publicación podrán observar un banner con detalles de la campaña.

La intención es prosperar con una campaña que, por cierto, ya se lleva a cabo. El objetivo: que los mendocinos donen metros de manguera para los laguneros sin lagunas y sin agua potable.

Para los interesados en concretar donaciones, la cuenta es la siguiente: Asociación Civil Valos, Banco Francés, cuenta corriente en pesos, número 237 - 7981/7. Hasta ahora, gracias al aporte de empresas como Polimex, Krisol, Transportes Andreu, Blup Online y la Fundación Avina, ya se han recaudado $40.000 que, transformados en metros de manguera, han servido para que ya tengan agua mendocinos que viven en El Cavadito, La Majada y El Puerto.

De hecho, ya se viene trabajando con los laguneros desde hace meses al respecto.

No sólo a través de muchas reuniones organizativas en la zona, sino en la obra misma, pues ellos mismo se han encargado del zanjeo y colocación de mangueras, desde el caño madre hasta sus puestos.

Hoy mismo, mientras leen esta nota, estaremos nuevamente recorriendo todo el desierto para ver los avances de las instalaciones conseguidas por las donaciones previas.

Ha dicho Barbera: “El agua de Lavalle es una deuda histórica de nuestra provincia. Hasta puede ser un punto de partida de reconciliación con los huarpes. No podemos pensar una Mendoza justa, sostenible si no incluimos a quienes estaban acá desde siempre”.

De esto se trata, amigos, de donar, al menos cinco o diez pesitos o los metros de manguera que quieras, en la referida cuenta. Será un hermoso acto de reconciliación con los antiguos frutos de esta tierra.

Así las cosas, “Agua para el desierto de Lavalle”, puede que se llame nuestra campaña. Y decimos nuestra, precisamente, porque es de todos, como la tierra.

Si la intención es ayudar, entonces, aquí repetimos los datos de la cuenta bancaria: Asociación Civil Valos, Banco Francés, cuenta corriente en pesos, número 237 - 7981/7.