Depresión y adolescencia… ¿un signo de nuestra época?
La psicóloga Laura Alcaraz se enfoca en su columna de esta semana en un problema que se ha instalado en la adolescencia y que los padres no sabemos cómo abordar: la depresión. La inestabilidad emocional que provoca todo esto toma a los sujetos de diferentes modos. Conocé sobre el tema aquí.
Adolescencia: época de la vida en que el esfuerzo subjetivo se concentra en poder ver, cuál es el camino que les permitirá luchar por el reconocimiento del propio deseo. No es algo que se pueda construir fácilmente y menos aun si los atormenta un conflicto familiar o una traumática vida afectiva.
Muchas veces ser adolescente hoy implica enfrentar la expulsión social: no tener dinero para acceder a lo que otros acceden, dificultades para sostener la educación en medio del caos social y familiar, dificultad para encontrar empleo, estrategias de supervivencia que rozan con la ilegalidad, violencia, deserción del sistema educativo, desprotección, disolución de vínculos familiares…
A la crisis de valores sociales y culturales, entre otros muchos, se le suman otros factores: desintegración familiar, abandono o indiferencia frente a esta lucha que el joven comienza a emprender, lógica y esperable a su edad, pero en absoluta soledad. Muchos jóvenes soportan la crisis que provoca la ruptura de vínculos que debieran estar garantizados. Y entonces es el cuerpo el que termina tatuado, agujereado, anestesiado, aislado o intoxicado. El cuerpo de los adolescentes revela las marcas que dejan los lazos desdibujados entre padres e hijos. Quedan a la deriva. Situación de la que desesperadamente quieren huir, siendo a veces la depresión, el tóxico o cualquier respuesta que encuentren, una alternativa posible que les permita la salida.
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Sienten que no pueden apoyarse en referentes válidos para la toma de decisiones. O por el contrario se perciben expuestos al arbitrio traumático de los caprichos del deseo materno o paterno. Tienen padres que están desocupados, deprimidos, faltos de intereses o de proyectos. O padres sobreocupados y exigidos al límite en sus tareas laborales o académicas.
En definitiva un sin fin de situaciones generadas por la interrelación de lo subjetivo intrafamiliar e intrapsíquico del sujeto con lo social de esta pos-modernidad, que hace a veces insoportable el vivir.
La inestabilidad emocional que provoca todo esto toma a los sujetos de diferentes modos y en diferentes tiempos subjetivos. Los adultos cuentan con algunos recursos más para sobrellevar la inclemencia de la tormenta social, pero los jóvenes no. Aún los están construyendo.
Muchos de estos fenómenos sociales lo padecemos todos. Pero a todos no nos afecta del mismo modo. De hecho no todos los adolescentes que soportan esta realidad terminan enfermándose. Aquí, el factor individual y subjetivo es crucial.
Algunos jóvenes padecen de síntomas depresivos muchas veces como una buena manera de sustraerse de los avatares que la vida cotidiana les impone. Aspectos relacionados con las exigencias o desinterés de los padres y con la demanda social: sexualidad y trabajo. No pueden enfrentarla. Al punto de tener que ausentarse o anestesiarse. Y entonces no se enteran por un rato, qué los agobia, y qué no pueden. Alivian “mágicamente” la angustia con el aislamiento.
¿“Es perezoso”?, ¿“Vago”?, ¿“No tiene motivación”? ¿“Solo piensa en el, por eso se encierra todo el día o sale todo el día”?…Puede que ese adolescente se encuentre sufriendo…Habrá que acercarse y dialogar. No dejar que esto, que es nuevo para el adolescente y su familia, pase solo. Estar ahí y escuchar es un camino posible para comenzar a hacer algo con el dolor. Dolor que implica hacerse cargo de la propia vida.
Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
Mat.1036
[email protected]
www.aabramendoza.com.ar
La inestabilidad emocional que provoca todo esto toma a los sujetos de diferentes modos y en diferentes tiempos subjetivos. Los adultos cuentan con algunos recursos más para sobrellevar la inclemencia de la tormenta social, pero los jóvenes no. Aún los están construyendo.
Muchos de estos fenómenos sociales lo padecemos todos. Pero a todos no nos afecta del mismo modo. De hecho no todos los adolescentes que soportan esta realidad terminan enfermándose. Aquí, el factor individual y subjetivo es crucial.
Algunos jóvenes padecen de síntomas depresivos muchas veces como una buena manera de sustraerse de los avatares que la vida cotidiana les impone. Aspectos relacionados con las exigencias o desinterés de los padres y con la demanda social: sexualidad y trabajo. No pueden enfrentarla. Al punto de tener que ausentarse o anestesiarse. Y entonces no se enteran por un rato, qué los agobia, y qué no pueden. Alivian “mágicamente” la angustia con el aislamiento.
¿“Es perezoso”?, ¿“Vago”?, ¿“No tiene motivación”? ¿“Solo piensa en el, por eso se encierra todo el día o sale todo el día”?…Puede que ese adolescente se encuentre sufriendo…Habrá que acercarse y dialogar. No dejar que esto, que es nuevo para el adolescente y su familia, pase solo. Estar ahí y escuchar es un camino posible para comenzar a hacer algo con el dolor. Dolor que implica hacerse cargo de la propia vida.
Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
Mat.1036
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