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¿Podría existir un Bill Gates en Argentina?

Nuestro país se regocija de tener universidades prestigiosas, pero ninguna de ellas figura en el ranking de las mejores o se ubican muy lejos de los primeros puestos. El Gobierno acaba de anunciar un plan progresivo para llegar al 2016 a los 200 días de clases. ¿Sólo con eso la educación mejorará? Conocé cómo hacen otros países para revalorizar su educación.
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William Henry Gates III, más conocido como Bil Gates, es uno de los empresarios más exitosos del mundo, presidente de Microsoft, productora del sistema operativo más utilizado del planeta, Microsoft Windows. Fue un estudiante regular en la primaria y sus padres pudieron costearle buenos estudios en la secundaria, en donde pudo ponerse en contacto con una computadora a  mediados de los años 60. ¿Qué hizo diferente para llegar a ser lo que fue?
 
Respondiendo a la pregunta inicial del título de esta nota, diría que sí, en Argentina podría existir perfectamente un Bill Gates, aunque no sería fácil y debería enfrentarse a muchos más problemas de los que Gates tuvo en Estados Unidos.
 
Días de clases
 
El plan oficial del gobierno de Cristina Fernández busca que para el 2012 los días de clases sean 190, contra los 180 actuales, que todos sabemos que, entre feriados, feriados puente, paros, huelgas, jornadas y demás imprevistos, entre los que en Mendoza le sumamos viento Zonda, no se cumplen. Además, el plan contempla el progresivo aumento de días de clases para llegar al 2016 a los 200 días de cursado.
 
Visto de esta manera, parecer ser un objetivo muy auspicioso, ya que otros países, como Japón,  tienen 243 días de clases, Corea del Sur 220, Israel 216, Tailandia y Holanda 200,
USA 180, Uruguay 155 y en general en promedio en Latinoamérica son 160 días de clases.
 
Pero la medida así aislada no ayudará demasiado en la mejora educativa, “la clave está en la educación”, dijo en una entrevista Bill Gates al periodista Andrés Oppenheimer para su libro      !Basta de Historias!,   hay que “ofrecer una educación de mejor calidad en la secundaria, estimular la curiosidad intelectual de los jóvenes por la ciencia y la ingeniería, poner énfasis para que los proyectos sean divertidos. Diseñar un submarino o un pequeño robot, así los chicos entienden que la ciencia es una herramienta para hacer algo, afirmó el empresario. Hay que mejorar la calidad educativa en las universidades, y para esto el apoyo estatal y privado es fundamental.
 
En el extenso análisis que Oppenheimer realiza sobre la educación en el mundo en este libro, también remarca la necesidad de que el sector privado acompañe al estatal y se involucre fuertemente en la universidad como lo hacen en otros lugares. Con el objetivo de apuntar a la investigación científica y el desarrollo. Pero, en este tema, Argentina y Latinoamérica en general tampoco tienen una gran preocupación.
 
De la inversión mundial en investigaciones, Latinoamérica participa con el 2%, Asia con el 28%, Europa el 30%, Estados Unidos con el 39%.
 
De ese 2 por ciento, sólo 4 países se llevan la inversión: Brasil el 62%, México el 13%, Argentina el 12% y Chile el 4%.
 
Uno de los principales motivos de la falta de participación no es la pobreza, porque, si no, Asia no tendría el avance que está teniendo en los últimos años. Según los expertos, el ámbito académico estatal está divorciado con las necesidades del mercado. En China, el sector privado tiene un gran aporte. En Corea del Sur, el sector privado se involucra en un 74%, USA un 64%, Argentina el 41% y Brasil el 29%, Chile un 30%.
 
 
Bill Gates latino
 
Muchos latinos podrían tener la posibilidad de convertirse en el próximo megaempresario mundial como Gates, sin embargo, existen otras trabas que no permiten este desarrollo para los innovadores en este lado del mundo. La falta de seguridad jurídica, la falta de capital para financiar proyectos innovadores y las burocracias estatales conspiran contra este desarrollo.
 
Además, los países latinos tienen la particularidad de aislarse culturalmente, cosa que no ocurre en los países asiáticos. Mientras que China, India y Singapur ponen empeño en enviar a sus mejores estudiantes a las mejores universidades del mundo, las familias ahorran dinero para enviar a sus hijos al exterior, los países latinos sólo trabajan para el mercado interno, aislándose de la economía global.
 
Según el informe del Instituto de Educación Internacional, los tres países del mundo que más jóvenes  envían a Estados Unidos a estudiar son India (103.000 jóvenes), China (98.000) y Corea del Sur (75.000), Brasil envía a 8.700 estudiantes, Perú a 3.600, Argentina 2.400 y Chile 2.000.
 
 
¡Basta de historias!
 
Andrés Oppenheimer, nacido en Buenos Aires,  es uno de los periodistas más influyentes de la lengua española, estudió Derecho, es jefe de la corresponsalía de The Miami Herald en México, trabajó en Associated Press y otras agencias.
 
Sacó a la luz este libro en 2010, justo cuando muchos países latinos festejaban su bicentenario de la Independencia y la región estaba entusiasmada por conmemorar el pasado.
 
En su análisis compara la educación de una gran cantidad de países, califica a la Argentina como “el país de las oportunidades perdidas”, con un pasado glorioso pero un presente penoso, con gigantescas universidades alejadas del mercado laboral interno, de la investigación científica y la economía global. Que en algún momento generaron premios Nobel tales como Carlos Saavedra Lamas en 1936, Bernando Houssay en 1947, Federico Leloir en 1970, Adolfo Pérez Esquivel en 1980 y César Milstein en 1984. Todos ellos egresados y profesores en la Universidad de Buenos Aires (UBA), hoy un prestigioso lugar pero que no figura en el ranking de las mejores universidades del mundo.
 
Para el ex ministro de Educación de Argentina Juan Carlos Tedesco, estar en este ranking no es importante. Con esta declaración recordamos cuando Bill Gates respondió que a Latinoamérica le faltaba “humildad” para salir adelante, ya que estos parámetros se miden no sólo por el nivel académico de las instituciones, sino también por la capacitación de sus profesores y el patentamiento de investigaciones que sirvan al desarrollo de la comunidad.
 
Y en este ranking también vamos a la cola del tren. Corea del Sur registra 7.500 patentes anuales, Brasil 100, Argentina 30, México 55, Venezuela 14 y Chile 13. Más allá de que el patentar el producto de una investigación le genera prestigio a la institución que lo realiza, también le puede dar una gran cantidad de ingresos económicos.
 
En 1965, en la universidad de La Florida, los estudiantes patentaron un nuevo producto que evitaba la deshidratación. Esa patente le dio muchos ingresos a la institución y es conocido mundialmente con el nombre Gatorade.
 
La educación argentina es considerada una de las más avanzadas y progresistas de América latina, junto con Chile, Uruguay y Cuba, pero viene en franco deterioro desde hace 50 años. En las evaluaciones internacionales de comprensión de textos y de cálculo matemático, los estudiantes argentinos aparecen en el puesto 58 sobre 65 países, y en el sexto lugar en Latinoamérica, detrás de Chile, Uruguay, México, Colombia y Brasil.
 
Por lo cual, ante este análisis, es muy difícil que un Bill Gates sea argentino.

Lic. Viviana García Sotelo

En Twitter @vgarciasotelo