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La íntima historia de un ministro, detrás del escrache a los deudores alimentarios

Hay funcionarios que son de carne y hueso y que tienen memoria emotiva. Fuera del diván, pocos se animan a admitir que gran parte de lo que hacen está signado por las evocaciones de su niñez. Aquí un caso concreto y confeso.
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Se generó una gran expectativa: el domingo, finalmente, cualquier ciudadano podrá conocer quiénes son los padres divorciados (a la sazón, también pueden madres o abuelos) que no abonan la cuota por alimento a sus hijos. Quienes no lo hacen infringen la ley. Pero hasta ahora sólo podía accederse a esa lista por orden judicial, el mismo camino por el cual un deudor o una deudora terminan integrando esa lista.

En principio, los medios de comunicación se tentaron con el inminente escrache soñando con que allí aparecerían “ricos & famosos”, políticos y empresarios que no cumplen con sus hijos. Pero es muy difícil que esto ocurra por en esa lista hay tan sólo 261 personas.

Esa cifra, ¿es mucho?, ¿representa poco? Es ínfima: son muchísimos más los casos denunciados e increíblemente superior, se calcula, puede llegar a ser la cifra de casos que no llegan hasta los estrados judiciales.

Un solo estudio jurídico puede tener en su clientela a la mitad de todas estas situaciones ilegales a las que el domingo conoceremos con nombre y apellido.

Pero lo importante es que se avanzó en la materia. Si bien el método del escrache no es el mejor, no es, tampoco, el peor: detrás de estas historias están niños que no están recibiendo algo que les corresponde, víctimas de la mala relación de sus padres.

Aquellos deudores que no están en la lista de los 261, pueden estar, sin embargo, en expedientes en los que los magistrados no han decidido todavía, por la eficiente labor de los abogados defensores de los deudores, plasmarlos en el listado del escrache. Y también, otros que ni siquiera han llegado a la justicia, por falta de conocimiento de las víctimas o por “alergia a la burocracia”, ese monstruo que hace que la gente ni siquiera se anime a pisar la vereda de los tribunales.

Pero hay algo interesante en esto que está pasando, por más que pueda ser comprendido como un parche o como una medida parcial: es la historia personal de un ministro, Félix González, titular de la cartera de Gobierno, quien en medio de un millón de otros desafíos más urgentes para la política coló su experiencia de vida y, así, está intentando ayudar a mucha gente para que sufra lo que él vivió en su niñez.

No solemos elogiar a funcionarios y esto tampoco pretende serlo. Pero es interesante conocer el backstage de la noticia, sobre todo, cuando no violamos la intimidad, sino que difundimos una emoción contada en primera persona por el protagonista.

González sufrió como hijo de padres separados. Sufrió la situación en sí pero, además, el trastorno de que su madre tuviera con qué alimentarlo. Nos lo contó antes de asumir como ministrro, en la tarde del día en que fue anunciada su designación y en una entrevista que le hicimos con Jorge Fernández Rojas.

"Al poco tiempo de nacer, mi abuela viajó para rescatar a mi vieja. Mi viejo se fue y me crió mi vieja. Eso me llevó a trabajar en temas vinculados a los deudores alimentarios y las dificultades que el sistema tiene para acceder", soltó con su voz gravosa el ahora ministro, tal como lo contamos en aquella nota.

"Por haber sido criado por mi madre, y por haberlo vivido en carne propia, me doy cuenta que es un tema no menor", remarcó Félix González. Y es más, entusiasmado, puntualizó que la otra problemática intrafamiliar que lo preocupa es la relación de las parejas desde su composición, "por eso hay que poner énfasis en el programa 'Noviazgo sin violencia'".

Hasta aquí la cara más intimista de una historia apenas conocida, que está detrás de una medida de la que hablan en todos los medios. El principio –ojalá que así sea- de la regularización de una de las tantas situaciones que colaboran para que la vida de las personas se vea atravesada por la violencia y la frustración.