"Después de viejos, andinistas"
Después de los 30 –y más aún después de los 40 y los 50–, la vida hace su trabajo de amontonar en nuestros silencios algunas preguntas esenciales. Uno, que viene acompañado por sí mismo desde la primera hora, intenta ir dando respuestas a esos interrogantes como si por primera vez fueran formulados, pero sabiendo que son la simple obra del tiempo en las personas.
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¿Cuándo se supone que hacemos viejos y en qué consiste, a fin de cuentas, tal situación?; ¿cuándo empezamos a notar que, efectivamente, “ya no somos los de antes”?
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Al respecto, hay un espacio extraordinario para esta vivencia: nuestra montaña. Y el andinismo es maravillosa respuesta para aquellos que quieren extender sus aventuras o, tal vez, comenzar a vivirlas, valga la abundancia, en completa plenitud.
Año a año, se multiplican por cientos las personas “mayores” que descubren que, en la montaña, no hay edad para hacer deportes. Allí, cada uno le da su propia dimensión al esfuerzo y a la cima. El andinismo es una de las mejores formas de conocerse a uno mismo y, a la vez, de vivir una experiencia de equipo inolvidable.
Vamos a un caso.
Paso a paso
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Desde hace un par de años, el grupo de montaña Salud y Actividad Física comenzó a fatigar nuestros cerros. El de ellos es un ejemplo prototípico de muchos grupos de montaña que se han creado en los últimos años.
En todos, hay una característica común: participan personas consideradas “mayores”, incluso algunas que superan los 70 años. La montaña, ellos lo saben, no discrimina, acepta a todos y cada quien vuelve a cada con su versión de la aventura, porque, si hay algo de cierto en las alturas, es que la cumbre no es precisamente el punto más alto de un cerro, sino de uno mismo.
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Nuestros héroes de hoy comenzaron, bajo las órdenes de los profes Marcelo Perico Pérez Rico y Marta Ruiz, haciendo tareas de gimnasio para rehabilitarse de algunos daños que acarrea, para muchos, llegar, años más, años menos, a la mitad de la vida: ya sabrán ustedes, estrés, obesidad, depresión, diabetes, algún pre-infarto, cosas por el estilo.
Entre los asistentes, están Roxana Di Marco, Marisa Richardi, Claudia Antonelli, Julio Maturana, Natalia Naves y Emil Pesce.
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Más temprano que tarde, surgieron las ganas de ir a probar suerte a los caminos. Y con los caminos llegaron los pequeños milagros que provee el andinismo: “la superación personal, la camaradería, el trabajo en equipo”, dicen ellos.
“Ha sido muy valioso para nosotros darnos cuenta de que podíamos animarnos a subir un cerro y poder hacerlo. Fue entrar a un mundo nuevo: el de la naturaleza, los entrenamientos, los equipos de montaña. Es maravilloso”, asegura Marisa Richardi.
Por su lado, Roxana Di Marco pone el acento en “el rol de nuestras familias, que nos aguantan en nuestras salidas. No es fácil, con nuestras obligaciones, hacer estas salidas, pero por suerte, nos bancan a muerte”.
El grupo ha ido a los cerros Adolfo Calle, Comición (sic), Cacheuta, Manos, a la Travesía “La Cadenita” (Lomas Blancas, Iluso, Estudiante), al Campamento El Salto y a Plaza Francia, en el Parque Provincial Aconcagua.
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“En el grupo, hay personas que empezaron yendo a rehabilitación y que, una vez dejada atrás la dolencia, se entregó a la experiencia de la montaña. Todos empezaron ya grandes y esto es muy meritorio”, comenta Pérez Rico, profesor de Educación Física y andinista.
“Formaros un grupo y aprendimos a darnos fuerzas en los momentos difíciles. En mi caso, muchos me dijeron que no podría hacer mucho por mi diabetes. Sin embargo, aquí me tienen, andando en la montaña”, aporta Julio Maturana.
Por supuesto, como también es usual en esta clase de grupos, tienen el sueño del Aconcagua.
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“Lo importante es que vamos de a poco, disfrutando cada salida. La expedición a la cima puede llegar o no, esto es secundario. Por lo pronto, ya tenemos agendadas salidas a los cerros Penitentes y Vallecitos. Y también una ida a Plaza de Mulas (4.300 msnm). Quién sabe, por ahí algunos puedan subir hasta Nido de Cóndores (5.300). Ya veremos. En la montaña se avanza paso a paso y en eso estamos”, cierra Marcelo Pérez Rico.
Así las cosas, será cuestión de acuñar un dicho que no importa contradicción alguna: “Después de viejo, andinista”.








