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¿Y si luchamos juntos por otras cosas?

Foto: Marcelo Ruiz /MDZ
Foto: Marcelo Ruiz /MDZ

Me asusta que se asusten del matrimonio gay, como hace años se asustaban cuando un negro subía en el mismo micro que un blanco o usaba el mismo baño. Años de lucha, asesinatos, muertes y violencia tuvieron que pasar para que se entendiera que los “negros” no destiñen ni contagian.
 
Hace unos años tuve la oportunidad de vivir en Estados Unidos, y ese país sí que ha tenido muchos problemas de discriminación, una discriminación que los llevó a guerras declaradas y otras sociales.


Parece que algo aprendieron, porque hoy los negros se casan con blancos, van a las mismas escuelas y los atienden los mismos médicos . La sociedad cambió, aunque no soy quien para decir si para bien o para mal, sólo cambió.

Me preocupa que la Iglesia ponga todas sus fuerzas en evitar el matrimonio gay, pero no ponga todas sus fuerzas para hacer que el gobierno garantice la seguridad a la sociedad.

Los robos, las muertes, el miedo de la gente a andar en la calle, no tienen freno. No sirve de mucho que el ministro de Seguridad Carlos Aranda se encargue de anunciar los hechos delictivos esclarecidos en su columna en los medios de comunicación durante el fin de semana, los delitos siguen.

Me alarma que la gente haga marchas y movilizaciones para evitar el matrimonio gay y no haga marchas para que el la Dirección General de Escuelas en Mendoza, garantice que todos los chicos vayan a clases todos los días y reciban una buena educación. O que cada niño en Mendoza coma bien para poder rendir bien.

 


Algunos dicen que avanzar con la ley de matrimonio gay es “un experimento social” y que de hecho es irresponsable y peligroso. Creo que más irresponsable y peligroso es todo lo que describí antes.

A mi me asustan los políticos corruptos, que reciben dinero para favorecer a tal o cual proyecto, los docentes que inventan enfermedades y no dan clases, los periodistas que reciben dinero para hablar bien o mal de tal o cual. Me asustan los médicos que no curan bien o los sacerdotes que abusan o dan consejos equivocados. Me preocupa la gente que no respeta las reglas de tránsito, atropellando y matando gente. Me alarma el petrolero que ensucia el agua de la cual tienen que tomar mis hijos, mis amigos, los animales.

Yo me voy a preocupar de que mi hijo forme una familia con su esposa y mi hija con su esposo, pero no tiemblo por el matrimonio gay, nadie nos puede decir a quién amar y con quién vivir, mucho menos en la intimidad sexual.

*Lic. Viviana García Sotelo
Editora MDZ