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Un día sin animales en el mundo

Sin ladridos ni rugidos, sin trinar y sin croar, un día sin animales sería mucho más nocivo de lo que todos imaginamos. Si te importa la naturaleza, empezá a cuidarla desde hoy, desde tu casa, desde tu mundo.
Foto: Marcelo Ruiz /MDZ
Foto: Marcelo Ruiz /MDZ

Qué pasaría si al despertarnos nuestro perro ya no está, tampoco el canario, el gato, los peces de la fuente ni los pajaritos en los árboles. Las actividades del zoológico cesarían de repente, no habría a quién alimentar ni limpiar, tampoco los veterinarios tendrían a quién atender o salvar. Los biólogos sólo estudiarían sobre plantas y los científicos no tendrían a sus conejillos de indias para sus estudios.

Más aún, los fanáticos de la pesca, necesariamente deberán cambiar su hobby, archivar la caña, colgar sus pantalones impermeables y no sacar sus anzuelos de la gorra. Los jinetes y amazonas montarían caballitos de madera y los “burreros” no tendrían carreras por las que apostar.

Seguramente Raid y Fuyí quebrarían o deberían reinventarse, los “aparatitos” para las tabletas contra los mosquitos ahora sólo servirían para tabletas con perfume. Nos libraríamos por fin de las molestas moscas, eso sí, o de las asquerosas ratas. Tampoco necesitaríamos plumeros largos para las telas de arañas, obvio tampoco tendríamos de dónde sacar las plumas.

Los “Pet Shop” cambiarían de rubro o cerrarían por falta de clientes, se incrementarían la cantidad de alarmas de hogares y empresas, para  prevenir robos, alguna que simule el ladrido de perro o algo que de miedo y ahuyente.

Es cierto que estamos analizando una situación extrema de algo que no debería nunca suceder en el mundo, porque los animales son una de las patas fundamentales de la Biodiversidad y porque sin ellos, el ecosistema se derrumbaría.

Como lo decíamos, no hemos llegado a una situación extrema pero todos los días hacemos algo para que una especie vaya disminuyendo en cantidad hasta desaparecer.

Hasta la fecha han sido descubiertas y formalmente descriptas alrededor de 2 millones de especies en todo el planeta, pero se calcula que deben existir entre 5 y 30 millones. Es decir que, con suerte, recién estamos cerca de identifica la mitad de las especies que conviven con nosotros, siempre que diminuyamos la tasa de extinción causada por el Hombre.



Qué podemos hacer en Mendoza

En la provincia todavía hay mucho por hacer. Así como vemos en los programas de National Geographic en donde resaltan cómo se talan en el mundo 13 millones de hectáreas de árboles por año y cómo se contaminan aguas por la presencia de fábricas a las orillas de los ríos. En la provincia también hay especies de animales que están amenazadas por el desarrollo de la sociedad.

 La Convención sobre la Diversidad Biológica (CBD por sus siglas en inglés) es un programa de las Naciones Unidas que ha declarado a 2010 el año internacional de la Biodiversidad. Entre las propuestas de la CBD para este año se destaca el “aprender de la biodiversidad de tu ciudad, región y país”. Así como los pueblos originarios conocen sus plantas y animales que los rodea y los incorporan a su cultura, los mendocinos deberíamos conocer lo que nos rodea para poder apreciarlo y protegerlo.

Un caso que ya hemos planteado en otras notas es el Alsodes pehuenche o la ranita del Pehuenche, una especie amenazada por la construcción del paso fronterizo que lleva el mismo nombre.

Es tan nueva la aparición de este animalito, que poco se sabe de él, por ahora sólo conocemos que es único de su especie en el mundo, con características particulares tales como que resiste temperaturas extremas y constituye un elemento fundamental para el ecosistema de la zona.

La rana del Pehuenche vive a 2.300 metros de altura, en un área menor a los 10 km2, y se encuentra en peligro de desparecer por las obras de pavimentación del paso. Cada especie que perdemos, ya sea en el mundo o en nuestra provincia, es una oportunidad que perdemos de obtener algún beneficio para nuestra vida o para el desarrollo de la medicina.

También en el lugar hay dos especies más que están seriamente amenazadas, el Liolaemus flavipiceus ó lagartija; y  Phymaturus verdugo ó dragoncito de tres colores (nombre puesto por los lugareños). Las tres especies son endémicas, es decir que sólo viven en un lugar determinado y son especies, hasta donde se sabe, únicas.

Lagartija amarilla.


Las lagartijas son uno de los grupos más diversos en nuestra provincia y con mayor endemismos, es decir, con especies únicas. Al día de hoy se han descripto unas 46 especies y hay varias en proceso de ser descriptas en los próximos años. Alrededor de la mitad de éstas se hallan sólo en Mendoza o poseen una distribución restringida en nuestro país e incluye mayormente a Mendoza.

Además de esta situación hay otras que se repiten a lo largo del territorio mendocino. Hay especies que, a pesar de las prohibiciones y los esfuerzos de los guardaparques, se siguen cazando en forma ilegal. Este es el caso del guanaco, la mara (o liebre patagónica), los quirquinchos, el coipo (o nutria), o los zorros y los felinos (puma, gato montés, gato del pajonal) que son perseguidos por su piel.

Todos conocemos a las truchas y los pescadores conocen bien dónde ir a pescarlas. Sin embargo en la provincia hay peces que son completamente desconocidos para los mismos mendocinos y que se encuentran amenazados por la introducción de las truchas. Muchos no saben que estos salmónidos son introducidos en nuestros arroyos y generan un impacto que hasta el momento es desconocido, ya que se alimentan de la biodiversidad local de estos arroyos (peces, anfibios, insectos) que antes no tenían este tipo de depredador.


Importancia de una pequeña especie

Muchos se preguntarán hasta aquí, por qué es necesario salvar una ranita, una lagartija o hasta una abeja. Las respuestas son múltiples.



De las ranitas falta mucho por investigar y el tiempo lamentablemente, acecha su supervivencia antes de poder descubrirlo. Aún, si se descubriera alguna propiedad en esta especie única no podríamos asegurar su supervivencia.

La rana mono (Phyllomedusa bicolor) que posee una amplia distribución y habita en la zona selvática de Brasil, Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela, produce una secreción de la piel que ha sido utilizada tradicionalmente por los pueblos originarios para fortalecer el sistema inmune. Luego de investigaciones, dicha secreción resultó ser medicinal contra el SIDA, cáncer, depresión y mal del Parkinson. Este descubrimiento ha llevado a que la especie sea perseguida para obtener esta secreción por corporaciones transnacionales (lo que se denomina biopirateria -https://es.wikipedia.org/wiki/Biopirateria).

Un ejemplo del uso tecnológico de la biodiversidad lo constituye un gorgojo de Brasil (Lamprocyphus augustus). Las escamas que recubren su cuerpo han sido consideradas una inspiración para el desarrollo tecnológico: "Una criatura tan simple como un escarabajo nos proporciona una de las estructuras de alta tecnología más buscadas para la próxima generación de computadoras", subraya el director del estudio, Michael Bartl, profesor de química y física en la Universidad de Utah. "La naturaleza tiene formas simples de hacer estructuras y materiales que no podemos obtener con nuestros instrumentos y métodos de ingeniería de millones de dólares" (https://frikinai.spaces.live.com/blog/cns!F0367A5C0E92BBCD!4282.entry)

Otro ejemplo que nos beneficia en millones de dólares es la polinización por abejas. Cuando hablamos de ellas, indefectiblemente se nos viene a la mente la abeja doméstica, de cuyos panales extraemos miel. Lo que pocos saben es que esta abeja ha sido introducida por los españoles desde que llegaron a América.

Las plantas nativas de América, que necesitan de la polinización por abejas, ya tenían este servicio mucho antes de la llegada de los españoles. Este servicio, que muchos productores pagan para que sea llevado a cabo por la abeja melífera, se encuentra en forma gratuita en los ambientes naturales y es llevado a cabo por una altísima diversidad de abejas nativas. Tan sólo en Mendoza existen alrededor de 250 especies de abejas nativas, muchas de las cuales aún no han sido descriptas para la ciencia.

Aunque estas abejas no producen miel como para ser comercializada, realizan el servicio de transferir los granos de polen eficientemente. Si nos detuviéramos un momento para enumerar todos los cultivos que de una forma u otra necesitan que sean polinizados (ya sea por abejas, avispas, mariposas, moscas, picaflores, o murciélagos), la lista sería muy larga.

Para los curiosos que quieran, a pesar de su longitud, conocer la lista completa, pueden consultar este sitio (https://translate.google.com.ar/translate?hl=es&langpair=en%7Ces&u=https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_crop_plants_pollinated_by_bees).

Sin importar quién realice la polinización de los cultivos, lo cierto es que sin este servicio la verdulería de nuestro barrio se vería muy vacía. No podríamos saborear manzanas, peras, damascos, melones, duraznos, ciruelas, naranjas, mandarinas, pomelos, kiwis o frutillas.

Nuestras ensaladas no tendrían tomates, berenjenas, pepinos, chauchas, paltas, repollo, espárragos, cebolla, zanahoria, lechuga, zapallo, brócoli o coliflor. No utilizaríamos perejil, orégano o cilantro en nuestras comidas y el pan dulce de fin de año no llevaría almendras ni fruta. Los aceites de maíz, girasol o soja no existirían en el supermercado, como así tampoco el café o el cacao.

En términos de dinero, de acuerdo a un estudio hecho por científicos franceses y alemanes, el valor económico del servicio de polinización provisto por insectos, mayormente abejas, fue para todo el mundo en 2005 de 153 billones de Euros, para los principales cultivos que alimentan al mundo.

Otro ejemplo importante en cuanto a la necesidad de conservar cada especie en el ecosistema es el hongo Streptomyces hygroscopicus, descubierto en la Isla de
Pascua hace 35 años, cuyas propiedades ayudan a restablecer las facultades mentales de las personas que padecen Alzheimer. Investigadores de la Universidad de Texas realizaron este descubrimiento. Este hongo en particular tiene rapamicina, un elemento que logra restablecer las funciones cerebrales dañadas y es responsable del equilibrio entre los distintos sistemas del organismo. También inhibe la autofagia celular, proceso mediante el cual las células reciclan sus componentes para generar nuevas estructuras. Esto permite renovar aquellas estructuras que se encuentran dañadas y que pueden ser el germen de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, como es el caso del mal de Alzheimer.


En realidad estos son sólo algunos pocos  ejemplos con los que contamos para saber valorar cuál es el sentido de cada especie entre las personas. Por eso es necesario comenzar a pensar seriamente en la importancia de la Biodiversidad.

En Mendoza hace tiempo que varias especies ya no se encuentran en nuestros campos debido a la cacería y la modificación del ambiente, como el caso del yaguareté, el venado de las pampas, o el aguará guazú (o lobo de crin). Muchas otras están en camino de desaparecer de nuestra provincia si no actuamos a tiempo, como el caso del pecarí, el coipo, la mara, el pichi ciego, el águila coronada, la boa de las vizcacheras, el lagarto colorado y tantas otras especies que mantienen el equilibrio natural de nuestros ecosistemas.


El compromiso es de todos.

*Colaboración e información científica provista por Guillermo Debandi, Doctor en Ciencias Naturales, Coordinador de la Licenciatura en Ecología de la Universidad de Champagnat y presidente de Biota.