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Vacaciones y algo más
La psicopedagoga Nancy Caballero reflexiona sobre diversos aspectos de esta época especial del año, en que las cosas pueden complicarse tanto con la pareja como con los hijos.
Vacaciones. ¿Tiempo de relax y acercamiento? o de ¿socorro que terminen pronto? Las vacaciones son tiempos especiales: se detiene el tiempo, el ritmo habitual y surgen otros. Para muchos es para aprovechar para salir, pasear es decir un plan de acción. Para otros es tiempo de reposo, no vestirse (formalmente), comer sin horario.
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Pero para la pareja o la familia tiene un tiempo especial de nutrición o el comienzo de la guerra de “todos contra todos”.
¿Y esto por qué? Sencillo todo cambio (aunque sea temporal) requiere adaptación y aceptación empática sobre el concepto que el otro tiene de lo que es “descansar”. Para quien corrió todo el año, manejó en el centro, cumplió horarios quizá el verdadero relax sea caminar, no cumplir rutinas, no sentirse obligado a nada. Quién hizo la logística del hogar (eso que no se ve, salvo que no esté hecho) quiere salir, comer afuera, que alguien piense por ella y que no le pregunten que comeremos hoy (con el doble de apetito, ya que parece que el apetito y el aburrimiento hacen sinapsis en alguna neurona común).
Si además de pareja, son familia (o sin pareja y está con los hijos en vacaciones) esto es más difícil, ya que dependerá de la edad, si son muchos o uno solo, si hay adolescentes y pequeños la cosa se pone interesante. ¿Existe un lugar donde se diviertan ambos sin que podamos morir en el intento? “Me aburro…” será la música de fondo que escucharemos. Solución, llevemos la play, los jueguitos, carguemos el celu o mi I-pod y surgirá: “Vinimos acá para que disfruten el aire libre para que estén conectados todo el día nos hubiésemos quedado en casa”. Podría continuar con ejemplos pero no es mi intención deprimirlos sino que podamos hacer de este tiempo una inversión personal, de pareja y de familia.
Si pudiéramos ver el tiempo ocioso como un regalo: simplemente porque no “debo” hacer, hago porque tengo ganas, que dormir más o levantarme y leer el diario ya es “hacer algo diferente”. Para gozar del tiempo libre no hay reglas, hay preferencias y éstas son individuales (que me gusta hacer cuando no hago nada), luego consensuar con mi pareja entre mi preferencia y la suya, para entonces “negociar” con los hijos atendiendo a sus edades y necesidades.
Usted podrá decir esto es demasiado trabajo y tiene razón, pero hasta para organizar una reunión de trabajo preparamos gráficos, informes, sugerencias, etc. Si a los pocos tiempos que, en la hipermodernidad, tenemos para el disfrute no le dedicamos algo de esfuerzo no podremos aprovecharlos.
Lo que sería interesante es reflexionar sobre cuál es MI objetivo para estos días: porque si es nutrirme de lo que me hace bien, lo haría con la misma rigurosidad que tomo refuerzo para las defensas, vitaminas o voy a la dietética por un yuyito que me “levante” un poco. Si esa nutrición tiene que ver con los afectos me plantearé entonces ¿Vale la pena ir amargado por cuestiones de forma? Valijas, calor, cola en la aduana, etc etc.
Si cuando subo al auto ya empiezan mis vacaciones pues haré pic nic en la cola de la aduana y bajaré a mojarme en el primer arroyito que vea. No es una carrera para ver quien llega primero. ¿Por qué los seres humanos estamos tan pendientes de las metas y desaprovechamos el camino?
Si no me voy de vacaciones y quedo en casa bienvenido sea el tiempo de sentarme en el pastito, caminar por el barrio, o ir un martes a la montaña (acá estoy proyectando), parece fantástico hacer eso que sólo puede hacer los domingos cualquier día. Ir a ver cine al aire libre (con la canasta de pic nic obviamente), llevar las mismas milanesas de pollo que tenía para la cena al aire libre. Ver una película completa porque total mañana si no me levanto temprano no importa. Los hombre meterse en la cocina (¡¡¡laven lo que ensucian por favor!!!) no sólo como un gusto personal sino como un reconocimiento a quien lo hace todos los días, las mujeres leer un libro sin culpa porque los placares todavía no se ordenan. Si estuviera en una casa de veraneo tampoco lo haría.
Los chicos pueden compartir una caminata, una tarde en el club, un juego o sólo el asiento del auto, pero si somos cuidadosos de “escuchar” (con escucha activa: oreja y corazón, no consejos, no diagnóstico, no… "cuando yo tenía tu edad”) nos enteraremos de mucho más que cuando interrogamos. Eso también es una forma de enriquecer vínculos: la compañía, el silencio, el prestar atención a la música que escuchan (aunque no me guste), de qué se ríen, qué les interesa fotografiar con su celu, que comentarios hacen cuando ven algo o a alguien. Esto me pone mucho más cerca de mis adolescentes que largos discursos que compiten con un auricular de MP3 ¿Quién cree que gana?
Y así vemos que no hay tiempo “perdido” que el ocio es creativo, es frenar esa velocidad que impone el ritmo cotidiano para convertirlo en espacios distintos, disfrutables y sobre todo que me quede sabor a poco y que concluyan pensando en las próximas vacaciones y no diciendo “Socorro que se terminen…”.
Si puliéramos aprovechar cada momento de descanso para poner lo importante por encima de lo urgente (que nos consume nuestro tiempo cotidiano), tendríamos buen ánimo frente a las dificultades, los enojos los cerraríamos pronto y sobre todo no permitiríamos que el mal humor tiña todo un día de mis vacaciones, sino es por convicción aunque sea por lo caro que sale cada día de veraneo.
Felices vacaciones si se va o si se queda en nuestra hermosa provincia, pero serán felices porque esa SI es su decisión personal, o al menos la mía lo es.
Amigos, ¡felices vacaciones!
(*) La autora es psicóloga y psicopedagoga.
Usted podrá decir esto es demasiado trabajo y tiene razón, pero hasta para organizar una reunión de trabajo preparamos gráficos, informes, sugerencias, etc. Si a los pocos tiempos que, en la hipermodernidad, tenemos para el disfrute no le dedicamos algo de esfuerzo no podremos aprovecharlos.
Lo que sería interesante es reflexionar sobre cuál es MI objetivo para estos días: porque si es nutrirme de lo que me hace bien, lo haría con la misma rigurosidad que tomo refuerzo para las defensas, vitaminas o voy a la dietética por un yuyito que me “levante” un poco. Si esa nutrición tiene que ver con los afectos me plantearé entonces ¿Vale la pena ir amargado por cuestiones de forma? Valijas, calor, cola en la aduana, etc etc.
Si cuando subo al auto ya empiezan mis vacaciones pues haré pic nic en la cola de la aduana y bajaré a mojarme en el primer arroyito que vea. No es una carrera para ver quien llega primero. ¿Por qué los seres humanos estamos tan pendientes de las metas y desaprovechamos el camino?
Si no me voy de vacaciones y quedo en casa bienvenido sea el tiempo de sentarme en el pastito, caminar por el barrio, o ir un martes a la montaña (acá estoy proyectando), parece fantástico hacer eso que sólo puede hacer los domingos cualquier día. Ir a ver cine al aire libre (con la canasta de pic nic obviamente), llevar las mismas milanesas de pollo que tenía para la cena al aire libre. Ver una película completa porque total mañana si no me levanto temprano no importa. Los hombre meterse en la cocina (¡¡¡laven lo que ensucian por favor!!!) no sólo como un gusto personal sino como un reconocimiento a quien lo hace todos los días, las mujeres leer un libro sin culpa porque los placares todavía no se ordenan. Si estuviera en una casa de veraneo tampoco lo haría.
Los chicos pueden compartir una caminata, una tarde en el club, un juego o sólo el asiento del auto, pero si somos cuidadosos de “escuchar” (con escucha activa: oreja y corazón, no consejos, no diagnóstico, no… "cuando yo tenía tu edad”) nos enteraremos de mucho más que cuando interrogamos. Eso también es una forma de enriquecer vínculos: la compañía, el silencio, el prestar atención a la música que escuchan (aunque no me guste), de qué se ríen, qué les interesa fotografiar con su celu, que comentarios hacen cuando ven algo o a alguien. Esto me pone mucho más cerca de mis adolescentes que largos discursos que compiten con un auricular de MP3 ¿Quién cree que gana?
Y así vemos que no hay tiempo “perdido” que el ocio es creativo, es frenar esa velocidad que impone el ritmo cotidiano para convertirlo en espacios distintos, disfrutables y sobre todo que me quede sabor a poco y que concluyan pensando en las próximas vacaciones y no diciendo “Socorro que se terminen…”.
Si puliéramos aprovechar cada momento de descanso para poner lo importante por encima de lo urgente (que nos consume nuestro tiempo cotidiano), tendríamos buen ánimo frente a las dificultades, los enojos los cerraríamos pronto y sobre todo no permitiríamos que el mal humor tiña todo un día de mis vacaciones, sino es por convicción aunque sea por lo caro que sale cada día de veraneo.
Felices vacaciones si se va o si se queda en nuestra hermosa provincia, pero serán felices porque esa SI es su decisión personal, o al menos la mía lo es.
Amigos, ¡felices vacaciones!
(*) La autora es psicóloga y psicopedagoga.