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Escalofriante relato de una víctima de la inseguridad local

Un cardiólogo fue baleado en un intento de robo en Carrodilla, Luján de Cuyo el lunes pasado a la noche. Por el reporte oficial que fue recogido por MDZ bajo el título “Enigmático ataque en Luján de Cuyo”, el hombre relató cómo fueron verdaderamente los hechos en los que estuvieron presentes su esposa y sus hijos.
Vargas ya fue operado y le extrajeron la bala en el Hospital Español.
Vargas ya fue operado y le extrajeron la bala en el Hospital Español.
Molesto por la versión que fue recogida por los diarios Los Andes y MDZ, el médico cardiólogo, Pablo Vargas, baleado en un intento de robo el lunes 29 de noviembre a la noche en Carrodilla, Luján de Cuyo, relató cómo sucedieron los hechos “cerca de las diez y media de la noche”.

Según Los Andes, el hecho fue calificado por el parte oficial como “un abuso de armas” y según MDZ como “Enigmático ataque en Luján de Cuyo”. Esta última nota, refiriendo que “hasta el momento el Ministerio de Seguridad hasta el momento no ha podido establecer el móvil del ataque ni la identidad de los malvivientes” que participaron en el incidente.

Por ello es que Pablo Vargas accedió a contarle a MDZ lo que vivió, junto a su esposa y sus hijos, la noche que casi perdió la vida “en un intento de robo”.

“Estoy vivo de milagro”


“El ataque por el intento de robo se produjo cerca de las diez y media de la noche”, contó iniciando el relato el médico desde la cama que ocupa en una de las salas del Hospital Español, donde desempeña su profesión.

“En esa esquina, yo vivo en El Liceo, toda la calle Boedo está toda rota, llena de pozos, lo que nos obliga a bajar la marcha de circulación vehicular para doblar hacia la izquierda por Vieytes, para poder llegar al barrio”, prosiguió. Y agregó: “Cuando freno, porque al auto lo tengo que frenar a cero por los pozos y pongo primera para doblar a la izquierda, cerca de los dos sifones que hay, había un chango a la derecha, con una capucha naranja, parado y otro a la izquierda sentado, con un buzo blanco con rayitas y un pañuelo en el cuello, con las manos en el regazo, como tapando algo”, relató.

Ante la atenta mirada de su padre, su hermano Raúl Vargas, también médico de el Español y su esposa, Pablo Vargas describió: “El que me disparó debe haber tenido unos treinta años. El otro estaba tan tapado que no lo pude ver bien”.

Continuando con la secuencia de lo sucedido, señaló: “Cuando empiezo a doblar a la izquierda yo veo que el tipo que estaba sentado con las manos en el regazo de repente se levantó corriendo apuntándome con un arma plateada. Se vino corriendo hacia el auto y atiné a acelerar y tirarle el auto encima para tratar de zafar del robo. Y el tipo alcanza a correrse y posicionarse al lado mío, yo iba con la ventanilla abierta”.

Reviviendo enfáticamente los escalofriantes momentos que vivió frente a los malvivientes, Vargas, añadió: “Yo doblo hacia la izquierda y el tipo me esquiva a mi y queda a mi izquierda y me pega el balazo a escasos centímetros de mi. Cuando me da el impacto de bala yo caigo sobre una acequia chiquita que hay ahí y sigo con el auto unos metros más porque le miedo mío era que el tipo me rematase de un balazo delante de mi mujer y mis hijos”.

Ayudado por su esposa, el hombre que más tarde confesó haberse salvado de milagro, completó que “yo sentí el balazo y la sangre que me empezó a salir inmediatamente”.

Según el médico, “cuando veo que no puedo seguir hacia delante, pongo marcha atrás, porque siempre tenía en mente que el tipo se me estaba viniendo encima para pegarme otro tiro, y no puedo salir. Entonces empezamos a tocar bocina y a gritar para que saliese la gente que vive en la casa donde quedamos varados a pocos metros. Allí viven unos caseros. La cuestión es que me bajo por el lado del acompañante, porque el auto estaba contra la tela olímpica del club y mientras mi mujer llamó a una vecina”.

Justificando por lo que calificó como un estado de paranoia social por los hechos de inseguridad, Vargas, además contó que “en ese instante, yo estaba con mis hijos, sobre la calle y venía un auto al que le pedí auxilio. Me levanté la remera y le mostré que estaba sangrando y el auto no paró. Por miedo, el conductor pasó lentamente y siguió y no me ayudó. Yo ahora lo entiendo porque se asustó. Entonces mi mujer y mis hijos se pararon en medio de la calle y frenaron a dos remiseros. A esa altura mi esposa ya había hablado con la gente del club, del barrio y yo lo primero a lo que atiné a hacer fue llamar al Hospital Español para decir que me habían baleado para que estuviesen esperando con todo preparado”.

“Yo sentía el balazo dentro del tórax y estaba convencido de que me iba a morir. Porque si vos ves la tele ves que son pocos los que se salvan con un balazo en el tórax. Inmediatamente llamé al 911, lo cual me fue muy engorroso, porque te ponen un contestador automático que te dice algo por si la llamada es falsa y corté directamente y lo llamé a mi hermano que también es médico. Él me buscó y me trajo acá al hospital. De ahí pasé por el servicio de guardia, me hicieron radiografía y ecografía y me internaron en el servicio de terapia intensiva”, recordó la víctima de la inseguridad.

Vargas añadió que “una vez que me yo inicié el viaje hacia el hospital mi mujer logró comunicarse con el 911 y dio la novedad a la policía”.

Según la esposa de Vargas, “fueron como quince móviles, con un comisario un principal y me preguntaron como tres veces lo mismo. Pero nunca ningún efectivo se metió a la viña para ver dónde se habían metido los ladrones. Si bien fueron todos muy atentos ninguno siguió los rastros de los malvivientes. Todos se quedaron al lado de los móviles. Yo estaba pensando en que el tipo iba a volver y que iba a matarme a mí y a mis hijos. Porque el tipo que baleó a mi esposo no dijo ni una palabra. Nunca dijo algo. Directamente nos disparó”.

El hombre que fue operado hoy miércoles, a las 13, en el Español confirmó también que “vinieron al hospital a tomarme declaración desde la Oficina Fiscal 15 de Carrodilla. El efectivo que firmó los papeles que nos dejaron se llama Edgardo Páez, ayudante de la fiscal a cargo”.

Sorprendida la mujer de la víctima informó: “Mágicamente ayer a la mañana aparecieron unos operarios a tapar los pozos. Tenía que pasar esto para que arreglaran la calle”, se quejó.

Asimismo la mujer manifestó que “los tipos estuvieron toda la tarde paseando por la zona y todos los vecinos los vieron y los pueden describir. Ahí nos conocemos todos y sabemos quién es del lugar y quién no”, analizó.

Fuerte reclamo de Pablo Vargas

Adolorido pero contento por haber zafado de la muerte, Vargas solicitó a las autoridades provinciales: “A quienes dicen que a los mendocinos nos había quedado una sensación de inseguridad yo les digo que la bala que tengo en el tórax es real, no es una sensación. A mi me intentaron robar de una forma muy violenta, matándome primero. El tipo no habló conmigo y se me vino corriendo apuntándome el arma. Evidentemente tuve una ayuda divina porque no me mató”.

Por el mal estado de las calles que debe transitar para arribar a su hogar solicitó: “A la municipalidad de Luján o a quien corresponda que arreglen esa esquina porque es un desastre. Si esa calle hubiera estado bien a mi no me pegan el tiro. Hubiera doblado bien como dobla cualquiera en una esquina en buen estado”.

Descripción de los malvivientes

La esposa de Vargas manifestó que “el tipo que nos disparó tenía poco pelo, tez blanca y una barbita tipo candado. Tenía como 30 años y era flaco, de estatura mediana. Sobre el otro no puedo decir nada porque estaba tan tapado que no lo pude ver”.